Netflix continúa apostando fuerte por el true crime, y su último estreno, 'Confía en mí: El falso profeta', no es que sea precisamente fácil de digerir. Y no hablo de su calidad, ni mucho menos: me refiero a una historia real muy inquietante de la que todo el mundo habla (se ha colado en el Top 2 en España) y que funciona como una especie de continuación espiritual de 'Sé dócil: Reza y obedece'.
Si viste aquel documental, entonces probablemente sepas a qué te vas a enfrentar: nos adentramos aún más en el lado oscuro de las sectas estadounidenses. Un lugar muy poco explorado en la ficción, pero habitual en producciones documentales como esta.
Y es que lo que cuenta no es ficción ni mucho menos. Como digo, es una historia real tan perturbadora que cuesta creer que haya ocurrido apenas unos años atrás.
Para entender bien el contexto, hay que mirar a la Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (FLDS), un grupo escindido del mormonismo tradicional que mantuvo prácticas como la poligamia incluso después de que estas fuesen prohibidas oficialmente.
Durante años, fue Warren Jeffs quien lidero esta secta (porque me niego a llamarlo comunidad como he leído por ahí), quien acabó siendo condenado por abusos sexuales a menores. Sin embargo, su caída no fue el final del problema. Y ahí es donde entra en escena Samuel Bateman, un autoproclamado profeta que tomó el relevo en una facción aún más extrema.
Cuando empiezas a ver esta serie documental de cuatro episodios, te das cuenta de que uno de los aspectos más impactantes es el enfoque: todo se cuenta desde dentro. Una investigadora especializada en sectas y su marido consiguieron infiltrarse en el entorno de Samuel Bateman, ganándose su confianza mientras grababan en secreto todo lo que ocurría. Y lo que encontraron fue mucho más grave de lo esperado.
A medida que se adentraban en el grupo, comenzaron a documentar dinámicas de control psicológico, manipulación a través de la religión y abusos sistemáticos que se repetían una y otra vez. Todo ello bajo la excusa de un líder que se presentaba como elegido de Dios.
Las investigaciones posteriores confirmaron el horror. La justicia afirmó que Bateman llegó a tener más de 20 "esposas espirituales", muchas de ellas menores de edad. El funcionamiento interno de la secta era tan extremo como inquietante: confesiones públicas obligatorias, castigos humillantes y una obediencia total al líder. En algunos casos, los seguidores eran presionados para entregar a sus hijas o esposas como parte de un supuesto proceso de redención. Además, las autoridades descubrieron traslados de menores entre estados, presuntamente para evitar el control policial y continuar con estos abusos.
Todo cambió en 2022, cuando Bateman fue detenido tras una alerta ciudadana. La policía encontró a varias menores escondidas en un remolque en condiciones muy precarias, activando una investigación federal mucho más amplia. Fue entonces cuando el acusado se declaró culpable de varios delitos, incluyendo conspiración para transportar menores con fines sexuales y secuestro y siendo condenado a 50 años de prisión por cada cargo. Lo que en la práctica es cadena perpetua.
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