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Análisis Wolfenstein: Youngblood

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ANÁLISIS

Análisis Wolfenstein: Youngblood

Hermana, los nazis no pasarán

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No pasarán es el lema usado para expresar la determinación de defender una posición -principalmente ideológica- contra el enemigo. Esta expresión ha sido popularmente utilizada como una proclama contra el fascismo, siendo en la Primera Guerra Mundial la primera vez que se registró su uso por parte del general francés Robert Nivelle. Este lema cobró una mayor importancia durante la sufrida Guerra Civil Española, en la que fue usada por el bando republicano como propaganda para frenar el inevitable avance fascista desde el sur de la península. Fue Dolores Ibárrui Gómez -conocida popularmente como La Pasionaria- quien lo empleó durante uno de sus discursos a partir de haberlo visto mencionado en un cartel del bando republicano, y fue también gracias a ella que, posteriormente, esta misma proclama sirvió para alentar al bando aliado en la prosecución de su victoria; en este caso, durante la cruenta Segunda Guerra Mundial.

Wolfenstein: The New Order fue la primera entrega del reboot de la legendaria y pionera saga de videojuegos de disparos Wolfenstein, uno de los nombres más conocidos de la industria porque realmente la ha acompañado desde sus primeros pasos con aquel primitivo Castle Wolfenstein en 1981. Este reinicio de la saga en 2014 por parte del estudio MachineGames ha sido muy aplaudido desde su primera aventura, en la cual se nos planteaba a los jugadores un escenario en el que los nazis nunca perdieron la Segunda Guerra Mundial y el mundo entero sucumbió a su tiranía.

Seguidamente, llegó el spin-off Old Blood que actuaba como una especie de 1.5 respecto al lanzamiento original y, hace dos años, lo hizo la segunda parte The New Colossus, que retomaba y expandía lo visto en su precuela recibiendo los mismos elogios vertidos en la primera obra. Así, Wolfenstein: Youngblood es el nombre del también spin-off correspondiente a esta segunda entrega y, si es que en el primero ya apostaron por ofrecer algo diferente al juego base, Youngblood supone un verdadero atrevimiento que, al fin y al cabo, debe ser aplaudido en su justa y merecida medida.

Papá a USA y nosotras a París

Youngblood comienza preparando al jugador en un ambiente familiar, casi idealizado de la vida en el campo frente a la polución de esas megalópolis propias de la fría ingeniería nazi. Aunque el escenario pueda ser menos oscuro en comparación a lo que nos tenía acostumbrados esta saga, el contenido de esta cinemática nos prepara ante la cruda realidad que escapa a este pequeño resorte de paz en un mundo lleno de guerras y opresión tras el establecimiento del nazismo a nivel global. Las gemelas Jess y Soph se están preparando para afrontar la realidad de un mundo que, hasta el momento, había resultado ajeno para ellas, aunque siempre sabiendo que en algún punto de su vida deberían retomar el relevo de su padre por la pura necesidad de supervivencia. Y es que ellas, pese a que no lo hayan escogido, han estado marcadas desde su nacimiento y de por vida por una particular singularidad: su padre no es otro que el hombre que asesinó al mismísimo Hitler, el bueno y carismático de B.J. Blazkowicz.

La historia de este título, de hecho, girará de alguna forma en torno a su figura, y es que se ha cambiado una de las fórmulas del videojuego más "cliché" como es la de salvar a la princesa del castillo por tener que rescatar a uno de los tipos más rudos y "badass" de la historia de este medio. Encarnando a sus dos hijas en su plena adolescencia y en unos años 80 claramente distópicos respecto a los que hemos conocido en el mundo real, tendremos que averiguar el paradero y el origen de la desaparición de Blazkowicz, el cual apunta a encontrarse secuestrado en algún lugar de la ciudad de Neu París. Es en esta histórica localización en la que tendremos que unirnos a la resistencia que se esconden en sus famosas Catacumbas subterráneas, esperando la ocasión para acabar con este yugo nazi que oprime directamente las vidas de los parisinos.

Desde una perspectiva más amplia, hay que decir que, pese a que Youngblood continúa haciendo uso de unas espectaculares cinemáticas para hacer avanzar su historia principal, la trama recae en un segundo plano hasta el punto en el que se deshumaniza todavía más a los nazis y se recaba menos en su existente crueldad. Ojo, que matar nazis puede estar más que justificado según el contexto en el que uno se encuentre pero, en esta entrega, se da demasiado por hecho que has jugado a las entregas anteriores o, al menos, de que entiendes el peligro que supusieron -y suponen- este tipo de ideas para el desarrollo y funcionamiento de una sociedad democrática, por lo que el juego no se ocupa de ubicarte y tenemos que ser nosotros, en rol de jugadores, los que asimilemos como justificable la cantidad de violencia que aplicaremos a otros seres "humanos".

Wolfenstein Young Blood
Jess y Soph destacan por su naturalidad y química propias de dos hermanas

Podemos decir que se ha cambiado esa catarsis de matar a la peor calaña existente como enemigos a hacerlo de la manera más eficaz posible. Ahora, los nazis tienen barras de vida, por lo que, como ya hemos visto en otras propuestas similares, nuestros disparos a la cabeza no serán capaces de acabar directamente con ellos, ni aunque en ocasiones rociemos completamente de balas el rostro de un híbrido-máquina nazi. En esta ocasión, tendremos que subir de nivel tanto a nuestras hermanas Blaskowicz como a su armamento, y todo ello dentro de un nuevo sistema de armaduras que requerirá aplicar el uso de un tipo de munición específica en los cuerpos de nuestros enemigos para poder eliminarlos.

Es decir, todas las armas del juego -con algunas novedades como el arma lanzarrayos Elektrokraftwerk- se clasificarán en dos tipos de munición diferentes, invitándonos a cambiar constantemente de arma en mitad del combate en base al tipo de unidad enemiga que tengamos que sortear. Entretanto, y aunque Youngblood continúa con la trama de Wolfenstein II a modo de una versión 2.5 y prepara de una manera inmejorable la narración y justificación para una tercera parte, se centra principalmente en sus mecánicas jugables con la llegada de una modalidad inédita en la franquicia: el juego cooperativo a dos jugadores.

No estás sola, hermana

En cuanto a lo jugable, Wolfenstein: Youngblood es una moneda que ofrece dos caras muy diferentes. Por un lado, de forma muy positiva, nos encontramos con que la esencia de la franquicia Wolfenstein sigue presente, y ese es su mayor logro incluso aunque el enfoque de esta nueva obra sea totalmente diferente. Pese a que el videojuego se ha creado con el cooperativo en mente, todo el gunplay y manejo del arsenal del juego sigue siendo esa maravilla con la que MachineGames ya nos había ganado el pulso durante estos últimos años con el resto de entregas de la franquicia. Y es que, en general, el estudio ha logrado lo que se habían propuesto: trasladar la esencia de la acción Wolfenstein -con algunos añadidos y mejoras en la movilidad de las protagonistas- a un modo cooperativo de dos jugadores que no hace las cosas demasiado mal. Sin embargo, siendo honestos, tampoco es capaz de hacer que las virtudes del resto de títulos anteriores brillen con la misma fuerza.

Wolfenstein Youngblood
Jugaremos acompañados de nuestra hermana gemela ya sea en modo cooperativo en línea o en el modo para un solo jugador

Cabe destacar que estos elementos cooperativos encajan perfectamente tanto en el diseño de niveles como en las mecánicas de juego, y funcionan igual de bien en el modo de un jugador que en el modo en línea ya que, cuando tenemos la oportunidad de jugar con una compañera para poder enfrentarnos en conjunto a interminables hordas de nazis, es cuando te das cuenta de que, precisamente, se ha transformado el combate de la saga sin afectar la esencia de la casa. Los personajes que manejamos no tienen roles específicos aprovechando el hecho de que son gemelas, y pueden usar tanto las mismas armas como el mismo tipo de habilidades; en general, lo único que se nos exige es colaborar de forma más o menos táctica entre las dos hermanas.

Es decir, utilizar las nuevas zonas más abiertas para conseguir ventaja de posición sobre los enemigos y destrozarlos sin la necesidad de tener que ir siempre de frente, aprovechando unos mapas que nos invitan a repartirnos las tareas o la infiltración sin irnos demasiado lejos la una de la otra. La cooperación entre jugadores también abarca la superación de los típicos puzles de accionar dos palancas para acceder a una nueva área, o el hecho de tener que "levantar" del suelo a nuestra compañera si ha sido abatida en combate. Además, se ha añadido una interesante herramienta para los jugadores mediante los gestos de sus protagonistas, ya que podremos animar mediante una tecla a nuestra hermana en mitad del combate mediante una especie de gesto, el cual otorga unos importantes potenciadores como vida o armadura al instante y que podremos personalizar en función a nuestros intereses o forma de jugar.

Niveles abiertos e inteligentes a costa del ritmo

Otro de los detalles correspondientes a la cara de la moneda más positiva de Wolfenstein: Youngblood es la libertad a la hora de plantear y afrontar nuestras misiones en el título. Esta amplia gama de opciones ha sido posible gracias al buen e inteligente diseño de su mapeado, el cual es más abierto y creativo que nunca, al menos en el sentido de las mecánicas de juego.

A dicho respecto, MachineGames ha contado con la ayuda de un estudio de lujo como puede ser Arkane Studios para abandonar esos niveles cuasilineales y pasilleros que han caracterizado a Wolfenstein desde sus inicios y ofrecer algo más complejo en cuanto a diseño y profundidad, destilando a todas luces la influencia que han tenido los padres de Dishonored o el más reciente Prey. Los mapas son muy divertidos tanto a la hora de explorar como de recorrerlos, pero es en el combate cuando te das cuenta de que los elementos depuestos en cada área están pensados casi al dedillo para que o siempre tengamos una cobertura o una vía de escape con la que tomar una mejor posición de ataque, o siempre tengamos una interesante ruta jugando en modo sigilo.

El diseño de escenarios responde adecuadamente a la fórmula y mecánicas escogidas para el juego cooperativo

En cuanto al diseño de sus mapas, bien es cierto que son capaces de transmitir la sensación de que estamos en una París posvictoria del nazismo, la cual, en palabras de sus propios ciudadanos, es "la segunda mejor ciudad del mundo después de la capital mundial de Berlín". No obstante, la realidad que nos encontramos los jugadores cuando la visitamos es otra, con unos barrios bloqueados por incontables checkpoints y con unos niveles de represión propios de los enemigos a los que nos enfrentamos.

Aunque el diseño pueda resultar excelente, sobre todo en lo inteligente de su vertebración, los escenarios en los que se fragmenta la aventura pueden pecar de repetitivos, aun contando con elementos pensados para ser fácilmente reconocibles en un rápido paseo por ellos y que, encima, se agrava considerablemente por su reutilización constante en misiones secundarias. No encontramos ningún edificio emblemático en el que se desarrolle la acción, más allá de poder vislumbrar desde las azoteas algunas de las construcciones más significativas de París. Esto puede resultar en una oportunidad perdida para una entrega basada en una ciudad europea con tanta historia detrás, y es que otras decisiones como la inexistencia de NPCs en estas zonas de combate acaba convirtiendo la capital en un patio de recreo vacío, tan solo pululado e infestado por las ingentes cantidades de tropas del Eje.

Es aquí donde entramos en la cara más negativa de Youngblood, y es que se paga un precio muy alto por tener estas zonas abiertas. Algo que supo entender MachineGames con el reboot de la saga fue manejar de una manera brillante el ritmo de la obra, teniendo en cuenta que es un reinicio que sabe de dónde viene y que bebe de los juegos de disparos en primera persona más clásicos. New Order y The New Colossus intercalaban de una forma mejor llevada las constantes secciones de tiroteos con las peleas contra jefes, las zonas más pausadas o sus cinemáticas tan hollywodenses e importantes para el desarrollo de la trama.

Obviando tal herencia, al desarrollarse la historia de una manera no lineal y a partir de estas zonas más abiertas, el juego pierde el control sobre lo que los jugadores tienen o deberían hacer, y esto resulta en una obra con un ritmo muy inconsistente, teniendo que volver a repetir misiones secundarias en zonas que ya hemos visitado con anterioridad constantemente. Si entendemos Youngblood como una campaña adicional a la historia de la franquicia, nos damos de bruces con una creación que no consigue dar en la tecla adecuada porque, seguramente, tampoco es lo que busca con su propuesta, lo cual puede desembocar en un problema si es capaz de apartar al público al que tiene acostumbrado la saga por no saber engancharse a este planteamiento multijugador más propio de los tiempos que corren.

Wolfenstein YoungBlood
Los níveles pueden llegar a ser muy similares en diseño con contadas excepciones

Otro de los cambios que no dan buen resultado es el sistema de misiones. Wolfenstein: Youngblood abandona ese esquema clásico del shooter para un jugador y adopta lo hecho por Arkane Studios con Dishonored. Es decir, tendremos una base de operaciones ubicada en las famosas Catacumbas de París desde la que accederemos a nuestro antojo a los distintos distritos y barrios que componen Neu París con el objetivo de completar diferentes tipos de misiones principales, secundarias, semanales y diarias. A medida que completemos estas misiones, irán llegando nuevas cosas que hacer, pero nunca veremos nuestras acciones reflejadas ni en el entorno ni en sus personajes.

En cambio, el único objetivo de estas será el de seguir consiguiendo experiencia y botín para nuestra progresión ya que, aunque el viaje tiene un interesante giro de guión a medida que avanza la historia, este ni siquiera se ve reflejado en una sola línea de diálogo de los NPCs que habitan este refugio -unos personajes secundarios que, además, no consiguen despertar un mínimo de interés en el jugador-. Ellos son los encargados de ofrecernos las diferentes misiones secundarias de este título, las cuales no aportan nada nuevo a una fórmula que ya lleva años siendo explotada por la industria en base al trabajo de grandes nombres del género como Borderlands, Destiny o PayDay 2.

Por primera vez tendremos que 'farmear' nazis

Aun así, si hay algo de Youngblood que anda en conjunto con el resto de sus puntos más flacos y que da sentido a la mayor de sus críticas es el mencionado sistema de progresión y todo lo que él implica. MachineGames ha hecho un cambio radical en este aspecto, y ha apostado en dejarse influir por ciertos elementos del género RPG; porque, sí, Wolfenstein: Youngblood es un juego con niveles y estadísticas que afectan directamente tanto al daño que hacemos como al que recibimos.

Más allá de las típicas habilidades, que ya estaban en anteriores entregas y que reciben un lavado de cara más futurista para esta iteración, este videojuego basa su combate no solo en el daño de las armas y nuestra puntería, sino en el de nuestro propio nivel y el de nuestros enemigos. Esto implica que, en nuestros primeros pasos, hayan adversarios de los que tengamos que aprender a la fuerza que es imposible acabar con ellos, al menos con nuestro nivel; un choque de realidad al que no podemos no estar acostumbrados si no disfrutamos especialmente con este género de juegos de disparos basados fuertemente en la progresión de niveles. Si decidimos completar nuestra aventura con la intención de mejorar lo máximo posible a nuestras hermanas -las cuales comparten el mismo sistema de progresión, no hará falta subir el nivel de cada una de ellas por separado- el juego se alarga sin mucha justificación hasta las 25-30 horas.

Wolfenstein Youngblood
La acción a lo bestia puede quedar relevada a un segundo plano por culpa del sistema de subida de niveles

Con cada nivel aumentado, nuestro daño se incrementará en un 2% y, a medida que avanzamos en el juego, los enemigos también irán subiendo de nivel dependiendo de la zona y la misión aceptada. Si decidimos jugar con un amigo con un nivel inferior, los enemigos se adaptarán a nuestro nivel y no habrá una gran descompensación entre la experiencia de ambos. Aunque se trata de un sistema que invita a jugar y a explotar todo el planteamiento del juego por un módico precio, también es un sistema capaz de desvirtuar por completo la experiencia Wolfenstein. Es una estructura completamente innecesaria para la saga y que, lejos de aportarle algo valioso, al menos a corto plazo, lastra las mejores de sus virtudes a la hora de entender el concepto original y la forma de contar su irreverente historia.

Además, y por si fuera poco, esta progresión ligada a un modo multijugador no viene sola, puesto que lo hace, obviamente, junto a unas microtransacciones que tan solo afectarán a nivel estético, pudiendo pagar con dinero real por skins o trajes alternativos para Jess y Soph Blazkowicz así como para su variado armamento. Esta decisión solo afecta a nivel visual mas, aun así, resulta ser un movimiento poco razonable dentro de un juego que sus usuarios ya han pagado. Entiendo que MachineGames y Arkane Studios han querido dar una vuelta de tuerca a la franquicia con este spin-off, pero lo cierto es que, a excepción de la posibilidad de jugar a modo cooperativo, el resto de elementos tienen, a fin de cuentas, un balance muy negativo.

Conclusiones

Cuando MachineGames anunciaba las características de esta ambiciosa y diferente apuesta -al menos respecto a sus predecesoras-, desde el mismo estudio de desarrollo se mostraron conscientes de que era un título que podría no gustar a los fanáticos de la saga original. Sin embargo, como bien implicaba el título Youngblood, se trata de una incursión en unos conceptos que pueden estar más de moda en esta generación. Así, en la búsqueda de imitar el éxito de otros títulos similares enfocados a la experiencia multijugador con sus particulares sistemas de progreso y habilidades, se ha perdido esa sensación de que por fin estamos ante la oportunidad de poder jugar a Wolfenstein de manera cooperativa, y eso que realmente, en el fondo, se puede encontrar dicha experiencia en mayor o menor medida dentro de la producción.

El juego se olvida por el camino de qué es lo que buscaba inicialmente y se preocupa en ofrecer unas mecánicas que no tienen por qué interesar a todo el mundo

Más allá de ello, existen muchas decisiones que han ensuciado esta interesante ambición por el camino: una campaña sin un ritmo definido que se ampara en la no linealidad; un sistema de progresión sacado del género RPG y que, en este caso, no se adapta nada bien a la personalidad de la saga; y un conjunto de skins y métodos de pago que no pegan ni con cola son, por desgracia, un gran lastre que el sobresaliente gunplay y el nuevo modo cooperativo a duras penas pueden arrastrar.

Aun así, hemos de admitir que el videojuego resulta gratamente divertido, porque otra cosa no, pero MachineGames sabe cómo hacer una delicia el hecho de matar escoria nazi de múltiples y satisfactorias maneras. Finalmente, el resultado se queda atrás de lo que hemos visto en The New Order y The New Colossus, títulos principales que, quizás, por esa responsabilidad que tenían encima supieron ver mejor cuál era la fórmula ganadora para el éxito de este magnífico reboot.

Análisis:
Wolfenstein: Youngblood

Analizado en PC

VideoGame
7.5
Puntuación Areajugones:
Sobresaliente
Puntuación comunidad:
7.67 (3 votos)
Wolfenstein: Youngblood Game Analizado en PC 7.67 10 3 7.5 1 10
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Una campaña sin un ritmo definido que se ampara en la no linealidad, un sistema de progresión sacado del género RPG y que en este caso no se adapta nada bien a la personalidad de la saga, y un conjunto de skins y métodos de pago que no pegan ni con cola son, por desgracia, un gran lastre que el sobresaliente gunplay y el nuevo modo cooperativo a duras penas pueden arrastrar. Aún así hemos de admitir que el videojuego resulta gratamente divertido, porque otra cosa no, pero MachineGames sabe como hacer una delicia el hecho de matar escoria nazi de múltiples y satisfactorias maneras. Sin embargo, el resultado final se queda atrás de lo que hemos visto en The New Order y The New Colossus, títulos principales que quizás por esa responsabilidad que tenían encima supieron ver mejor cual era la fórmula ganadora para el éxito de este magnífico reboot.

  • Modo cooperativo por primera vez en la franquicia Wolfenstein
  • Se siente parte de la experiencia Wolfenstein, especialmente por las sensaciones en combate
  • El diseño de escenarios a nivel mecánico y jugable, el cual se adapta perfectamente a la fórmula escogida para este título
  • Sus protagonistas, es fácil cogerles cariño a estas dos hermanas gemelas que explotan una relación poco vista en los videojuegos
  • Continúa la trama y la prepara para la tercera entrega
  • La inclusión de un sistema de progresión que implica perder cierto componente de juego de disparos a favor de uno más RPG
  • Una campaña sin un ritmo muy definido y con demasiado relleno ajeno a las misiones principales
  • La llegada de cosméticos vía microtransacciones que no le hacía ninguna falta a la franquicia
  • La decisión de hacerte volver a zonas que ya has superado y no ver ningún tipo de cambio en ellas en relación a nuestras acciones
  • El final es demasiado abierto para cerrar así un juego, y se excusa de la manera más rebuscada posible para mantener la vida jugable del título
Duración: 20 horas
1-2 jugadores
Inglés, Castellano

Política de puntuación

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Wolfenstein: Youngblood

Redactado por:

Licenciado en periodismo y en el ciber del barrio. Soy de esos que se ven las cinemáticas y se obsesionan con los secreticos pero de momento lo sigo disfrutando.

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