Los juegos musicales suelen ser menospreciados: destinados a ocupar las fiestas con amigos y poco más, abandonados a su suerte ante otros géneros más "dignos", una evidencia de que sólo los jugadores más casuales los disfrutan... y no se puede estar más equivocado. A lo largo de las últimas décadas se ha tratado de un género tremendamente innovador, capaz de ir más allá no sólo a nivel de hardware, sino también a nivel de mecánicas y narrativa. Por eso merecen un reconocimiento.
He querido darme un pequeño paseo desde los noventa hasta nuestros días para elegir a 9 juegos musicales que rompieron el ritmo, que supieron salirse del compás y ofrecer algo distinto, capaz de cambiar la industria casi al completo, en algunas ocasiones. El único requisito ha sido que la música sea el punto central, que no se pudiera entender el juego sin ella, porque influye de manera directa en las mecánicas o la narrativa. Seguro que tú tienes algún otro buen ejemplo, así que ya sabes: los comentarios están abiertos.
Uno de los pioneros en el género de los juegos musicales que se centraban en el ritmo, basado en repetir comandos mientras el personaje principal rapea. Lo que parecía algo sencillo y hasta banal terminó convirtiéndose en un fenómeno que todavía hoy se recuerda con cariño: no sólo era un fantástico juego musical basado en el ritmo, sino que la narrativa se integraba perfectamente, ofreciendo una historia interesante, un estilo visual repleto de personalidad y una música maravillosa. Es uno de los juegos más influyentes de la historia en el género... y también fuera de él.

Lo de revolución lo tiene hasta en el nombre, y es que Dance Dance Revolution consiguió hacerse parte de la cultura popular, en general, en todo el mundo. ¿O te pensabas que las alfombras con flechas en las que subirse a bailar existían desde siempre? Fue Konami, con esta idea tan sencilla, la que consiguió convertirse en un fenómeno cultural que, sin lugar a dudas, impulsó otras ideas y ayudó a innovar en el futuro con otras propuestas musicales que trataban de ir más allá con el hardware.
Unos años después de la revolución de los bailes de Dance Dance Revolution, llevando la pista de baile al entorno de los videojuegos, Singstar hizo lo propio con otro acto social tremendamente popular: el karaoke. Una idea sencilla pero efectiva: introducir un par de micrófonos que poder conectar en la PlayStation con un buen puñado de canciones licenciadas. Fue suficiente para que no hubiese ni una sola casa en todo el planeta sin una consola de Sony con estos aparatos, y desde entonces las fiestas familiares y con amigos estaban siempre ambientadas con berridos a una pantalla. Otro fenómeno cultural que, por suerte o desgracia, se calmó unos años después (tras muchísimas entregas).
Y si SingStar trajo los micrófonos, Rock Band trajo la banda al completo con varios instrumentos físicos, permitiendo que varios jugadores tocaran delante de la pantalla como si fueran realmente una banda de música real. Modos de improvisación, una gran fidelidad a la realidad (sin perder por ello la accesibilidad y diversión)... fue otro de los grandes fenómenos que convirtieron los géneros musicales en un acontecimiento social sin parangón. Aquí también hacemos una mención honorífica a Guitar Hero, tremendo de forma similar, aunque únicamente centrado en la guitarra como instrumento.

Aunque Geometry Dash tomó ideas de otros grandes revolucionarios del género musical del pasado, supo ir más allá al transformarse en una plataforma de ritmo, exigencia y precisión que ha creado a toda una avalancha de aficionados. Música electrónica que se utiliza casi como excusa para generar retos de precisión y memoria donde el jugador debe actuar en el momento oportuno siguiendo el ritmo de la música. Con su editor de niveles se multiplicó la locura, permitiendo a su comunidad generar y compartir contenido, que todavía hoy sigue muy vigente.
Cuando un juego musical te hace pensar que, en realidad, no es un juego musical, es que ha dado con el tono adecuado. Crypt of the Necrodancer se convirtió en una obra pionera a la hora de combinar el género de los roguelike con el ritmo musical, haciendo que el jugador tenga que moverse y atacar por los escenarios de forma sincronizada con la música: no es un mero acompañamiento, es parte del núcleo jugable, una interacción total en un entorno y géneros que no habíamos visto hasta el momento.
Imagina que una canción se convirtiera en una pista de carreras que reacciona a lo que sucede con la música, controlando la forma del circuito, la progresión y la dificultad. Esa es la locura que realiza Riff Racer a las mil maravillas, dejando una de las propuestas más únicas que hemos visto nunca en el mundo de los videojuegos y la música. Lo mejor es que no sólo puedes disfrutar de las canciones incluidas en el juego, sino que también puedes utilizar las tuyas propias. ¿Nunca habías imaginado cómo sería el circuito de carreras de tu canción favorita? Ya sabes dónde comprobarlo.
La realidad virtual era el siguiente paso lógico que ser asaltado por los juegos musicales, y Beat Saber no sólo lo hizo, sino que lo bordó. Su combinación de movimientos físicos (más de uno ha adelgazado unos cuantos kilos ocn él), su música y su inmersión visual gracias a la tecnología, lo han convertido en uno de los fenómenos muscales de los últimos años, consiguiendo que el género se revitalizase y alcanzara lugares que hasta entonces no había ni soñado. Si tienes algún cacharro de Realidad Virtual donde se pueda jugar a Beat Saber, hazlo, no te vas a arrepentir.
Aunque en los últimos años el género musical no nos ha regalado enormes revoluciones ni innovaciones, siempre hay alguna obra que consigue dar con el clavo. Trombone Champ se convirtió en un fenómeno de forma muy sencilla. permitía tocar un trombón con controles muy sencillos, con los típicos desafíos rítmicos, rompiendo la seriedad que suele tener el género. Mucho humor que consiguió viralizarse, sobre todo por esa idea de no tomarse en serio a sí mismo. Porque así es la música: diversión sin parangón, se haga o no se haga bien.
Y por eso el género musical es mucho más de lo que puedes imaginarte. Obras que han conseguido influir en desarrollos posteriores, enmarcados o no dentro del género, títulos que ya forman parte de la cultura popular y que han estado presentes en casi todas las casas del mundo... la música y los videojuegos siempre van a estar unidos, algunas veces con propuestas tan originales y únicas como las que hemos destacado. ¿Tú con cuál te quedas?
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