La Peste comienza con una Sevilla oscura y con miedo a lo desconocido

La Peste

La Peste comienza con una Sevilla oscura y con miedo a lo desconocido

Se estrenó ayer su temporada al completo

La Peste comienza con una Sevilla oscura y con miedo a lo desconocido
 

Sevilla, finales del siglo XVI. Ese rótulo basta y sobra para introducirnos en una ciudad compleja en la que un brote de Peste está acabando con una parte de los ciudadanos. No estamos ante una serie histórica cualquiera, ni a una que utilice decorados de cartón y piedra para ocultar las carencias de presupuesto. Tampoco es una ficción fácil de ver, en la cual, desde el primer episodio, vemos cuerpos podridos y desnudos, escenas de sexo explícito y una violencia visual en algunos casos brutal.

Es la primera superproducción de Movistar+ este año, pero “La Peste” puede ser la serie más importante (mínimo, hasta “La Catedral del Mar”) en el panorama nacional. Nos adentramos de lleno en estos seis episodios de los que se compone esta ficción dirigida por el mismísimo Alberto Rodríguez, un director curtido en mil y una batallas y que cuenta en su currículum películas como “La Isla Mínima” y “Grupo 7”.

Representación visual de primera categoría

Algo que está bien implantado en la serie es su aspecto visual: hay fondos que utilizan el croma para representar esa ciudad andaluza del Siglo XVI, y aunque algunos cantan más que otros, todos superan con nota el aprobado. Es algo en lo que se notan los 10 millones de euros que han costado los seis capítulos (casi cuatro veces más de presupuesto por episodio de lo que es habitual en España). Ejemplos destacables hay muchos, pero la primera vez que vemos a la Catedral de Sevilla o a la ciudad en la penumbra son buenos casos sobre un presupuesto destinado a efectos especiales muy bien utilizado.

La fotografía también está muy cuidada, con un uso abundante de sombras y de espacios nocturnos que es mejor ver con poca luz en la habitación para contemplar los detalles que podrían ocultarnos la utilización de la iluminación de esta manera. Así, nos alejamos de escenarios iluminados por que sí (“Toledo: Cruce de Destinos” o “Águila Roja” siempre llenaban de luz sus espacios, fuera de día o de noche), y entramos de lleno a un color que se combina con una historia oscura y dura.

El vestuario, por su parte, es sobresaliente: ropa de la época, perfectamente diferenciada entre unos y otros, con suciedad por todas partes que se mezcla con unos rostros maquillados de forma natural. Sevilla, en esa época, no era una ciudad limpia, y por lo tanto, los ciudadanos tampoco lo son.

Un elemento que esperemos mejore con el paso de los episodios debe ser la dicción, en dos sentidos: pocos actores tienen un verdadero acento sevillano, y los que lo tienen, como el resto del reparto, no suelen pronunciar adecuadamente sus diálogos. Es un elemento común a todas las ficciones españolas (sin generalizar) y aquí también ocurre.

Un guion lleno de misterio

Antes de hablar de lo que nos espera en este primer episodio, aclaramos que un aspecto que nos ha sorprendido de la serie son los diálogos: es un elemento que no suele ser cuidado en las ficciones nacionales enmarcadas en el género de la Historia, e incluso una aventajada como fue “Isabel” se tomaba varias licencias. “La Peste” tira más por este tipo de lenguaje que usó la ficción sobre la susodicha monarca para utilizar palabras que no son utilizadas hoy en día, pero que evidencian un buen proceso de documentación por parte del equipo de guionistas.

A partir de ahora habrá evidentes spoilers (aunque solo trataremos algunos elementos por encima), ya que comenzaremos a narrar qué nos hemos encontrado en este comienzo de temporada. Todo empieza en un campamento de mendigos: un caso de peste es descubierto por el personaje que encarna Paco León; de momento, no quieren que se dé a conocer. La acción salta a Toledo: allí, un muchacho se entera de que debe rescatar a Valerio, hijo de su hermano recientemente fallecido. ¿Motivo? Es algo que se irá desgranando poco a poco. Porque de eso se vale el guion de “La Peste”: en narrar poco a poco, como si de una larga película se tratara, una historia difícil y dura.

Mateo, el toledano, se encuentra en un gran palacete con el personaje interpretado con Paco León, conocido como Luis de Zúñiga. Una vieja amistad que se ha dilatado en el espacio pero que vuelve por necesidad. Es entonces cuando Mateo comienza a buscar a Valerio, preguntando por algunos lugares en los que, de paso, se nos muestra cómo era la gastronomía de la época (atentos al caballo decapitado al que se le mueven los ojos).

Pero a Valerio lo vamos viendo poco a poco en una zona muy humilde de Sevilla, casi un poblado chabolista a comparación de hoy. Un joven astuto pero impulsivo que no habla mucho en los primeros momentos.

La búsqueda de Valerio, como decimos, lleva en este primer episodio a Mateo por diferentes lugares en los que observa persecuciones, chantajes y violencia en una ciudad que viene a ser una de las más importantes de España en la época. El dinero es importante, además, ya que estamos de lleno en una Edad Moderna que deja atrás a lo medieval y su feudalismo.

Es cierto que en el capítulo hay algunas escenas innecesarias, como la masturbación por parte de una chica a Valerio (al real, y no al joven) que no cuenta nada a la trama: sí, en dicha secuencia se narra la importancia de quemar las ropas por culpa de una enfermedad desconocida para la población, pero la escena en sí es gratuita.

Valerio, vamos descubriendo, entra en la tienda en la que fue descubierta la joven del principio del episodio y encuentra un bebé expuesto a la enfermedad. Aquí, vemos otra escena realmente dura, y que puede herir la sensibilidad de los espectadores… Tira al bebé en el río, aunque posteriormente lo recupera para entregarlo a las personas que conoce de la ciudad.

Finalmente, se produce el encuentro entre Mateo y Valerio, una escena que nos muestra el carácter rebelde del chico y la tenacidad del toledano para cumplir la promesa que hizo al padre del mismo. Para ello, se vale de la ayuda de Luis de Zúñiga, su amigo, claro está.

El final del episodio, sin desvelarlo por si habéis leído antes de acabarlo, dará un vuelco que marcará el resto de la temporada sin lugar a dudas.

Una serie arriesgada (y muy buena) con un inicio lento pero sin pausa

A las series españolas les sienta muy bien los 50 minutos y es algo que se nota en el ritmo: aunque el primer episodio es lento en algunas ocasiones, esta duración provoca que se nos pase en un suspiro y el guion avance rápidamente. Una ficción que nos mezcla a las altas y a las bajas esferas, que nos enseña los tratos económicos de la época y que más que un hecho histórico como fue la plaga de la peste, lo que nos narra es una historia oscura con unos protagonistas atormentados.

Le ocurre lo que a “La Zona”: la ambientación es una excusa más para jugar con ella, crear un contexto muy interesante y poner los personajes a “jugar”. Mentiras, el miedo a la enfermedad y asuntos oscuros que vendrán a desarrollarse con el tiempo, es lo que nos espera en los cinco próximos episodios de “La Peste”.


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