Crítica de Altered Carbon, la soberbia y bella distopía de Netflix

En un futuro donde la vida no significa nada, la belleza de lo cruel lo inunda todo

Crítica de Altered Carbon, la soberbia y bella distopía de Netflix
 

Huele igual, viste igual, pero habla un idioma diferente. Cuando hace varias semanas salió a la luz el primer tráiler de “Altered Carbon”, muchos se echaron las manos a la cabeza ante lo que parecían estar viendo. Una nueva serie ambientada de nuevo en un futuro distópico, con claros paralelismos visuales y estéticos a “Blade Runner”, y una trama que anticipaba de nuevo temas existencialistas con moralejas grises para la reflexión. Sin embargo, esta nueva adaptación del libro del mismo nombre escrito por Richard K. Morgan, cambia por completo una vez vista, y sorprende al reinventar una fórmula que parece más que desgastada en estos tiempos.

“Altered Carbon” nace de la persistencia de Laeta Kalogridis, guionista y productora ejecutiva, quien tras hacerse con los derechos de la novela hace más de 10 años, no desistió en su intento por plasmar de manera adecuada la compleja historia que presentaba Morgan. No sería hasta el pasado 2016 cuando Netflix dejaba pasar por alto el fuerte tono de la novela, ordenando un piloto que sería dirigido por Miguel Sapochnik (“Juego de Tronos”). Y ahora, tras todo el laborioso proceso de producción, es cuando este universo distópico y futurista donde la inmortalidad cobra un nuevo significado, llega a la plataforma de streaming con su primera temporada.

Un futuro no tan prometedor

“Altered Carbon” nos traslada al año 2354, a una ciudad ficticia donde la futura ONU, ahora llamada El Protectorado, gobierna con mano de hierro. En este futuro lleno de coches voladores y luces de neón, la sociedad ha desarrollado un método por el que trasplantar el alma de las personas entre cuerpos gracias a unas pilas, que todo humano lleva incrustadas en uno de los discos de la columna vertebral a modo de huella personal. Así, los cuerpos pasan a llamarse fundas y a ser utilizados como simple mercancía entre los más pudientes que ven alargadas sus vidas durante centenas de años.

El protagonista de la historia es Takeshi Kovacs (Byron Mann), un ex miembro de unidades militares especiales que muere asesinado junto a su hermana tras una persecución militar, y despierta  250 años en el futuro dentro del cuerpo de Elías Ryker ( Joel Kinnaman), un oficial de policía de Bay City. Poco después descubrirá que solo ha sido revivido por Laurence Bancroft (James Purefoy), el aristócrata más rico del mundo, quien tras 500 años casi murió asesinado, ahora le busca para que encuentre al responsable. Gracias a su dinero, Bancroft revivirá a Kovacs para que encuentre inicie una investigación que le terminará introduciendo en una red de traiciones, intereses cruzados, y personas con poco respeto hacia la vida.

Una gran belleza rodeada de miseria humana

“Altered Carbon” es sin miedo a decirlo, la serie con mayor potencial visual de Netflix. Desde el primer episodio se deja claro el énfasis de Kalogridis por lograr una inmersión plena en el futuro distópico de la obra. Y es que aunque la historia tiene sus propias fortalezas, gran parte de su efectividad radica en un mundo apagado, que recuerda constantemente a otros universos como el de “Blade Runner”, “Ghost in the Shell”  o incluso a la Midgar de Final Fantasy VII. Altos rascacielos se funden con un clima lluvioso y casi siempre nocturno, donde las luces de neón conforman un espectáculo de ensoñación muy impactante. Neville Kidd (“Sherlock”) y Martin Ahlgren (“Daredevil”) son los responsables de que cada plano luzca como un cuadro, y de que la historia rezuma belleza a cada segundo.

Sin embargo, aunque la serie entre por los ojos, una vez metes un pie en el agua, no ha vuelta atrás. Siguiendo la línea de otras obras de ciencia ficción del mismo corte, la serie solo utiliza la historia principal de Kovacs como Mcguffing para los intereses reales de Kalogridis. La idea del trasplante de identidades entre cuerpos enraíza directamente con la idea del alma de “Ghost in the Shell”, pero es banalizada para desviar su foco sobre las pulsiones del ser humano por controlar las propias leyes de la naturaleza. Una tecnología que nació con el propósito de lanzar al ser humano a la exploración de toda la galaxia, acaba siendo corrompida por aquellos que solo buscan perpetuar su posición dentro de la sociedad.  Es Lauren Bancroft representa el mejor ejemplo de esta perversión al dominar económicamente un mundo con varios siglos en su haber. Sin embargo, la idea de “Altered Carbon” va mucho más allá, y también aborda cuestiones como la futilidad del tiempo, la culpabilidad, o el sentido de la propia vida. Toda una amalgama de conceptos muy interesantes que no siempre se ven beneficiados por la historia principal.

Atrevimiento sin límites

El efecto embriagador de los primeros episodios permite maquillar los diversos fallos que tiene la serie. Y es que aunque los personajes son de lo más interesantes y están inteligentemente escritos, la duración de la temporada vuelve a quedar lastrada por las políticas de Netflix. Como ya se ha visto en otras ocasiones, “Altered Carbon” tiene demasiados episodios, y con un promedio de 7 episodios hubiera evitado el problema que tiene con la irregularidad del ritmo. Grandes y emocionantes momentos se ven intercalados con escenas insulsas que no aportan nada y que se alargan demasiado. Se entiende el esfuerzo de los guionistas por dar un respiro al espectador en una trama que no para de lanzarte términos extraños a la cara y que precisa de una concentración máxima para no perder el hilo. Sin embargo se siente demasiado influenciada por esa intención de construir su propia personalidad en un género ya muy explorado.

A pesar de todo, se consigue un conjunto de una gran calidad y que deja muy buen poso. Gran parte de ello se lo debe, por un lado a las constantes reflexiones de Kovacs, que ayudan a entender sus motivaciones y acciones, y por otro a un nivel de escenas de acción soberbio. No nos equivocaríamos al decir que “Altered Carbon” le puede mirar al hombro a “John Wick” en cuanto a coreografías y en cuanto a la crudeza de las escenas. La serie no muestra ningún tipo de reparo en mostrar sangre, miembros rebanados, y desnudos explícitos, que por otra parte están perfectamente integrados en la trama y ayudan de una manera u otra a avanzar a la historia.

Kalogridis se olvida de la violencia que reina en las calles y de la poca compasión humana del ambiente, para centrarse en temas humanistas que intentan dar sentido a lo que vemos y oímos. Cada diálogo entre personajes tiene una o varias frases para enmarcar, y según van pasando los episodios sorprende la flexibilidad que muestra la serie a la hora de adaptar otras problemáticas. El concepto de inmortalidad se cruza con el del pecado, y pone sobre la mesa los fundamentos religiosos del catolicismo manifestados con una profunda división social.

Las mujeres al poder

“Altered Carbon” no parecía tener ninguna intención de marcar distancias con los clásicos arquetipos de personajes, presentando hombres fuertes y valientes, y mujeres persuasivas y conservadoras. Desde un primer momento Kovac se va cruzando con distintas personas del género opuesto que de una u otra manera la sobrepasan. Su hermana Reileen Kawahara (Dichen Lachman) vivió el mismo pasado que él, pero con muchas menos ayudas logró ser mucho más fuerte de espíritu e inteligencia. Miriam Bancroft (Kristin Lehman) representa el lado más despiadado y manipulador de un líder aristócrata que presume de siglos de conocimiento. Y la agente Kristin Ortega (Martha Higareda) consigue con su sola presencia acaparar casi más atención que el propio protagonista. Su presencia en escena y su forma de entender el cruel mundo que dispone la obra es la muestra de que todavía queda esperanza.

 Kalogridis no busca una representación de géneros forzada, sino que hace fluir todas las piezas del puzle siempre al servicio de la trama. Las distintas facetas de la sociedad se ven reflejadas en unas mujeres fuertes, inteligentes, pero sobre todo conscientes de lo que ocurre a su alrededor. Algo bien distinto a lo que les sucede a aquellos empeñados en prolongar su vida solo por puro egoísmo.

En conclusión, “Altered Carbon” es un ejercicio de malabarismo que da significado propio a la distopía. Resultaba muy complicado lograr tener entidad propia utilizando lenguajes y formas ya muy desgastados, pero el resultado no podría ser más satisfactorio. Para los amantes de la ciencia ficción aquí encontraran un producto que respeta los cánones del género, y para todos aquellos que busquen una serie de calidad, saldrán de este complicado futuro con un muy buen sabor de boca.  Netflix marca con fuego una serie que apunta maneras para convertirse en saga, y que sin lugar a dudas ocupa ya uno de los puestos a mejor serie de todo el año. ¿Estar vivo es ficción o realidad?


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