Crítica de La noche de Halloween: Una experiencia perturbadora

Carpenter sigue viviendo en una secuela carente de alma pero sobrada de intensidad y referencias formales

Crítica de La noche de Halloween: Una experiencia perturbadora
 

Hollywood vuelve a poner una vez más las manos sobre un clásico para perpetrar un ejercicio de mercantilización destinado a sacar beneficios. Eso fue lo que yo y muchos pensaron cuando la excelente Blumhouse anunció “La noche de Halloween”, la secuela del clásico de John Carpenter que marcó un antes y un después en la forma de hacer cine de terror. Igualar en este caso el impacto y la trascendencia de una película se deja fuera de la ecuación, en busca de al menos un homenaje que no haga abochornar al foro. No son unas expectativas muy altas, pero sí más que suficientes como para justificar el proyecto. Y sí, el estudio lo consigue, pero para mí sorpresa también logra traspasar la barrera del homenaje dejando un sabor muy digno.

David Gordon Green, conocido por manejar el drama y el suspense con tiento (“Joe”, “Stronger”) tenía por delante una tarea nada sencilla. En un movimiento similar al de Paramount con Terminator, el director debía ignorar el sinsentido de secuelas y spin-offs que sucedieron durante años a la película original, para plantear una continuación que sacara todo el jugo al enfrentamiento entre Laurie Strode y Michael Myers sin perder de vista el tono y estilo que Carpenter imprimió a su universo. Con una mirada puesta en los errores que cometió Rob Zombie en las últimas entregas, Gordon Green y Danny McBride proponen una continuación pura en esencia que explora el trauma y el dolor de unas víctimas todavía ancladas en el pasado.

Cuatro décadas después del trágico suceso que marcó su vida Laurie Strode (Jamie Lee Curtis) no ha conseguido deshacerse de las pesadillas y el trauma. Mientras su hija ha continuado hacia adelante casándose y formando una familia, el día a día Laurie era un bucle de dolor y miedo el que solo esperaba poder salir enfrentándose directamente contra el demonio; Michael Myers (James Jude Courtney). Este, tras pasar todos esos años en una prisión psiquiátrica, logra escapar gracias al descuido durante un traslado de centro, y vuelve a esparcir el miedo y la oscuridad por toda la ciudad. El enfrentamiento entre Laurie y el asesino se convierte entonces en la única solución para pasar página y enterrar para siempre el pasado.

Buscar el equilibrio entre obra autónoma y homenaje en este caso era una misión casi imposible. El principal atractivo de “La noche de Halloween” es precisamente volver a ver algunos de los planos de Carpenter, y recuperar las sensaciones de un enfrentamiento que marcó época. Sin embargo, aunque los guionistas se ven superado por una oleada de concesiones fáciles y guiños simplistas, consiguen dotar a la película de la fuerza necesaria para convertirla en una experiencia terrorífica. No de la misma forma que lo hacía el clásico, sino apostando más por una fórmula a la que parece haberse aficionado Jason Blum durante los últimos años; poniendo la tensión por encima de la sangre o la violencia gratuita.

Las escenas de acción están repartidas con inteligencia por una trama principalmente contenida por la tensión.

La película deja a la exposición de temas más de dos tercios del metraje, y solo se lanza directamente a la violencia física en momentos muy puntuales. Y es que el elemento principal de la historia no es ver a un perturbado asesinando a gente con una máscara –que también- sino profundizar en el dolor interno que Laurie ha cultivado durante años. Su paranoia aunque se presenta en un primer momento desde una óptica lejana y extraña, poco a poco va impregnando a todos los que están a su alrededor. El director busca la conexión emocional con la heroína a través de su familia; los únicos personajes “normales” del plantel. Pero con el paso de los minutos, y con la llegada de Michael, la perturbación termina tragándose a todos.  Desde ahí la tensión y el suspense va ganando terreno hasta explotar en una ejecución final impactante, aunque algo decepcionante.

“La noche de Halloween” parece más preocupada por no salirse del guion, por encajar todo y respetar lo que precede a la saga, que por ofrecer una historia de calidad. Sí, los personajes están muy bien escritos –los arquetipos funcionan mejor que nunca-, y el ritmo está llevado con buen pulso. Pero si nos alejamos de la nostalgia que lo recubre todo, observamos una trama poco original y sin mucho interés. Jamie Lee Curtis consigue con su poderosa interpretación solventar alguna de esas flaquezas narrativas, pero cuando el drama deja paso a la acción, y McBride tiene que cerrar el clímax, el interés se pierde por completo. El sabor que nos deja al final es el de un slasher promedio que cuenta con el auspicio de un clásico demasiado diluido por el paso del tiempo, una cinta entretenida a la que le pesa la visión idealizada que el director proyecta sobre Carpenter.

Aunque el final es impactante, su resolución deja un sabor ciertamente agridulce.

¿Está “La noche de Halloween” a la altura de las expectativas? Sí y no. Como secuela consigue atar los cabos que dejó sueltos la obra original, pero como película en sí misma no termina de desmarcarse de un género demasiado explícito y vulgar en lenguaje. Blumhouse vuelve a hacer un gran trabajo con la sangre, el gore, y los sustos, creando una experiencia violenta y descarnada. Cóctel que sumado a la banda sonora clásica, y a la figura aterradora de Michael Myers, sigue conformando un viaje desconcertante hacia los precipicios de la mente. Que un hombre con una máscara y un cuchillo todavía funcione a día de hoy es extraño pero gratamente reconfortante.


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