No hace ni medio año, desde Disney firmaron un acuerdo de más de mil millones de dólares apostando por la generación de vídeos de OpenAI. Sin embargo, se acaba de anunciar el cierre completo de Sora, esa herramienta de la que se llegó a decir que iba a poner fin a los días de los animadores y del anime como tal.
Insisto: hace unos meses parecía que Sora iba a revolucionar todo lo que se conocía en materia de animación. Se decía que ya hacía un mejor trabajo que los propios animadores de la animación japonesa. Entonces, si había tanto discurso alabando su labor (por lo menos desde cierto círculo), ¿a qué se debe la decisión de OpenAI?
Pues a la realidad de que, según el experto @aakashgupta, Sora nunca ha sido ni iba a ser una herramienta que generara beneficios. En materia de números, las cifras de Sora han sido paupérrimas, y ni siquiera el acuerdo de Disney ha servido para que OpenAI vea un futuro en el que mantener Sora activo fuera algo eficiente y recomendable.
Tanto es así, que dado el inmenso consumo de GPU que requería un sistema como el de Sora, en OpenAI llegaron a estimar pérdidas de hasta 14 mil millones de dólares a lo largo del presente 2026. Antes de que esas estimaciones acabaran materializándose, los encargados de la compañía han decidido 'cortar por lo sano'.
Lo cierto es que las cifras de un sistema como Anthropic, generando hasta 19 mil millones de dólares en ingresos simplemente mediante la venta de texto y código de IA, contrastan mucho con los ingresos de Sora: solo 1.4 millones de dólares desde septiembre. Es decir, Sora hacía mucho ruido pero aportaba realmente poco a la compañía.
Si algo ha demostrado el fracaso de Sora, es que es completamente inviable pretender generar una industria de alto rendimiento de animación basándose en el uso de IA (por lo menos a día de hoy). El consumo de GPU es demasiado elevado y los gastos consecuentes resultan totalmente inasumibles. Es una clara 'bandera blanca' ante lo tradicional del sector del anime.
Como he mencionado, durante semanas hubo que leer discursos como que el mundo del anime iba a quedar obsoleto ante la presencia de sistemas como Sora. Sistemas que, de nuevo, aprendían de propios animadores para realizar sus animaciones, haciendo que aun así el factor humano fuera absolutamente imperativo.
Sora ha acabado siendo así uno de esos casos en que 'si parece demasiado bueno para ser real, posiblemente no lo sea'; los animadores trabajan decenas de horas con mucha presión para da forma a esas representaciones que vemos en pantalla. La falta de respeto que recibieron desde la aparición de tecnologías como Sora nunca debería olvidarse, en especial ahora que el sistema de OpenAI ha acabado echando marcha atrás.
Que la IA llegara a la industria de la animación nunca fue un problema. El problema fue vender que herramientas como Sora iban a hacer que los animadores dejaran de ser necesarios. Ahora, se ha demostrado que triunfar en terrenos como el anime requiere más que un simple 'input' de texto.
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