Con cada decisión ha venido una disculpa o un paso atrás. La Academia de las Artes y las Ciencias, desesperada por intentar revertir la caída en audiencia que lleva padeciendo la gala de los Oscar durante lo últimos años se lanzaba a proponer sin tener en cuenta la repercusión. La cancelación del Oscar a película más popular servía de antecedente para todo lo que llegaría después; ausencia de presentador, recorte de las actuaciones musicales, y recorte de la propia gala. Ahora llega la última invención.
Pocos días después de la rectificación en torno a la emisión durante los comerciales de cuatro categorías, este pasado domingo volvían a encenderse las alarmas. Donna Gigliotti, la productora del evento revelaba al NYT que los 7 nominados a Mejor Película serán presentados por famosos ajenos al cine. La única por el momento confirmada para este experimento es la tenista Serena Williams, quien hablará de cómo ha impactado en su vida "Ha nacido una estrella".
"Junto a la inclusión que queremos abrazar, el gran tema de la gala es cómo nos conectan esas películas, no en este teatro, sino de una manera grande, amplia y cultural", aseguraba."Hay muchas cosas que equilibrar. Algunos espectadores quieren ver glamour. Hay que prestar atención a dónde hay humor y dónde hay música. ¿Cuándo suponemos que la gente en casa podría levantarse para hacer palomitas en la cocina, y qué podemos hacer después de eso para traerlas de vuelta?"

Con este movimiento la Academia intentará hacer olvidar el bochorno del año pasado con la equivocación de sobres, e intentar mantener a la audiencia pegada al televisor en el momento más importante, pero también más tardío de la noche. Gigliotti confía en que la ausencia de presentador agilice la gala acortando su duración general -el año pasado el monólogo inicial de Jimmy Kimmel se extendió hasta los 18 minutos-, y permita mejorar los pobres 24 millones de espectadores del año pasado.
A menos de una semana para el gran día, ha quedado demostrado que la Academia no tiene una idea demasiado clara de cómo debe ser la gala más importante de toda la industria. Es muy posible que para el próximo 2020 muchas cosas cambien, pero de momento es tiempo de esperar, y comprobar si la polémica en torno a la organización también se termina trasladando a los propios ganadores.
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