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Crítica de Carnival Row: Fantasía steampunk ahogada en ambición

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CRÍTICA

Crítica de Carnival Row: Fantasía steampunk ahogada en ambición

Amazon Prime pone todas los huevos en un universo victoriano de grandes posibilidades que se consume a sí mismo

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  • Fecha de estreno: 30/08/2019
  • Duración: 60 min/ep
  • Pais: Estados Unidos
  • Género: Fantasía, Misterio, Thriller
  • Productora: Amazon Studios, Legendary Television, Stillking Films
  • Distribuidora: Amazon Prime Video
  • Director: Jon Amiel, Anna Foerster, Andy Goddard, Paul McGuigan
  • Guionista: Travis Beacham, René Echevarría

Da igual si lo que se tiene entre manos es una comedia contemporánea, un drama de época, o un pastiche hormonado de adolescentes al más puro estilo «High School Musical». Todos en Hollywood quieren meter cuchara en ese puchero de mensajes políticos y moralejas de carácter igualitario. «Carnival Row», la ficción que llega a Amazon Prime este mismo viernes, apela a la lucha de clases, la xenofobia y el oscurantismo social medieval, para maquillar una historia de amor que sin un envoltorio pomposo no habría llegado ni a zarpar del puerto.

Mucho presupuesto, reparto de lujo y tropos del género por doquier. Esas son las principales bazas de una ficción que nace en manos de René Echevarría, conocido creador de «Los 4400», y Travis Beacham, artífice de ese bayhem llamado «Pacific Rim». Este último, decidió en 2005 vender los derechos a New Line de un guion para una película que por entonces se titulaba «A Killing Carnival Row». Pero el estudio no consiguió empacar un proyecto sólido, y tras una década vagando sin rumbo, Legendary se hizo con el control de los derechos.

La mezcla de fantasía y terror en un mundo victoriano llamó rápidamente la atención de Guillermo del Toro, quien no dudó en firmar como ejecutivo lo que Beacham -director fetiche del nuevo estudio tras cintas como «Furia de titanes» o la mencionada «Pacific Rim»– había reconvertido en serie. Sin embargo, el mexicano, prestigioso en lindes temáticas y visuales similares a las que proponía «Carnival Row», terminó abandonando el proyecto, dos años después, ante una mala coordinación de calendario, y dejó al estudio en medio de una promoción sustentada en su nombre, con la que Amazon ya se estaba frotando las manos.

Por suerte, Bezos conseguía darle un empujón al proyecto haciéndose con los fichajes que finalmente han terminado dando forma a la imagen externa de la serie. Echevarría ejercería de showrunner, mientras que el reparto se consolidaba con dos estrellas necesitadas de éxito; Orlando Bloom, venido a menos durante los últimos cinco años y llegado de China tras firmar la desapercibida «The Shanghai Job»; y Cara Delevigne, quien, tras relanzar su carrera con «Escuadrón Suicida», no lograba canalizar ese éxito ni con «Valerian y la ciudad de los mil planetas», ni con las posteriores películas. Todo comenzaba a encajar.

Fantasía política

«Carnival Row» no se esconde a la hora de delinear unos temas que encuentran fáciles paralelismos con algunos problemas sociales candentes. El pilar sobre el que orbita la propuesta de Beacham no es otro que el racismo suscitado por una masiva inmigración. Burgo, una ciudad antaño enemistada con el Pacto por el control de la tierra mágica de los Fae, se ve sumergida ante la llegada incontrolada de las criaturas mitológicas que vivían sometidas ante los abusos y las persecuciones del país dominante de la zona. Hadas, faunos, centauros y el resto de seres encuentran en esta metrópoli portuaria, un lugar de refugio político.

Pero ya sabemos lo que sucede cuando individuos de etnias diferentes se cruzan. El racismo en Burgo no está inserto de facto en el poder político, pero sí entre sus habitantes. Esto genera una situación de violencia constante en las calles que termina dando justificaciones suficientes al Pacto como para reavivar las confrontaciones con la ciudad. ¿México y Estados Unidos? ¿Pateras llegando a Europa desde África? «Carnival Row» es explícita y vertical en sus intenciones, pero no en sus formas. Unas que moldea con un lenguaje elegante y una planificación inicial astuta.

Para atar todo ese pastiche social e ideológico los guionistas crean la relación romántica de Vignette (Cara Delevigne) y Philo (Orlando Bloom). Dos personas provenientes de distintos mundos que mantienen un lazo sentimental imposible en una realidad cargada de odio. La primera es un hada huida de su propio hogar ante las hostilidades del Pacto, que se encargaba de sacar a los suyos de la zona. El segundo es un policía reconvertido en detective de Burgo, que se dedica a investigar asesinatos motivados por la heterofobia. Vignette termina refugiada en la ciudad, y allí se reencuentra con quien fue su amante durante la guerra. Sin embargo, ni la una ni el otro son las mismas personas que se enamoraron en un primer momento.

Potencia sin control

A partir de aquí «Carnival Row» se convierte en un batiburrillo de ideas increíblemente interesantes que no tienen ni orden ni propósito. Demasiados personajes, poco desarrollo, subtramas -que siendo entretenidas y complejas- no tienen apenas conexión con la historia principal, y un ritmo que termina por desconcertar tras dos primeros episodios demasiado expositivos. Esta narrativa coral consigue dibujar con acierto la brutalidad del barrio donde se desarrollan los hechos, pero deja en tierra de nadie a los personajes que deberían servir de nexo con los espectadores. La disonancia es clara.

Hay un gran potencial en la sociedad que dibuja Beacham. En la lucha de grupos étnicos, en el uso cuestionable que la policía hace de su autoridad, en la toxicidad de los lobbies, en el sistema político corrupto, y en el oscurantismo que propugnan los grupos religiosos más conservadores. Incluso en los retratos de la naturaleza humana más banal, en los asesinatos y el odio inserto en el vocabulario de las clases bajas. Pero todo está lanzado sin control en una temporada que, con tan solo 8 episodios, obliga a retratar a este mundo victoriano con celeridad y desmesura. ¿Es todo un desastre? No exactamente.

Tanto la interpretación de Bloom como Delevigne son increíblemente solventes. No se puede decir que el guion les dé demasiado espacio para fermentar matices más allá de los arquetipos obvios -la fuerte pero sensible, y el inteligente emocional-, pero su trabajo consigue asentar sobre el suelo los hechos más apoyados en la fantasía visual. También es de obligado mencionar el trabajo de Jared Harris, quien tras pasar por «Chernobyl», aquí vuelve a navegar entre un lenguaje institucional desde los órganos políticos, o Indira Varma, quien en su papel de aristócrata heredera pone un toque de costumbrismo notable a la serie. Pero volvemos a lo mismo.

Conclusión

A «Carnival Row» se le desbordan las ideas, las posibilidades, el potencial de su premisa. Hacía años que no pasaba por televisión un universo tan rico y atractivo, y es lógico ver cómo Amazon ha querido convertirlo en una de sus puntas de lanza de cara a la guerra del streaming. Sin embargo la fantasía se le ha quedado a medio cocer. Ahora el paso del tiempo -y esperemos que una segunda temporada- se deberán encargar de colocar cada pieza del puzle en su sitio.

Crítica:
Carnival Row

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Orlando Bloom y Cara Delevigne brillan con magia en un pastiche sociopolítico de tintes steampunk demasiado ambicioso. El afán de Amazon por quererlo todo, y el poco espacio que dejan los episodios de la temporada, confeccionan una experiencia interesante pero confusa, que promete seguir dando de que hablar en el futuro.

  • Elegancia a la hora de tocar temas sociales escabrosos
  • Mundo rico y variado
  • Efectos especiales solventes y convincentes
  • Vestuario detallista y variado
  • Orlando Bloom y Cara Delevigne
  • Demasiadas ideas a desarrollar para poco espacio
  • Ritmo irregular y en ocasiones confuso
  • Subtramas con afán de protagonismo
Duración: 60 min/ep

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Redactado por:

Escribo mucho y a veces bien. Lidero un equipo de patatas. Seguidor incondicional de Inio Asano. Otaku pero no mucho.

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