Por Fran Ayuso:
Es un tema del que mucho se ha escrito y no podéis imaginaros el tiempo que he pasado delante de una hoja en blanco tratando de construir un discurso, aportar un granito de arena más, tratando de razonar porqué los videojuegos son o dejan de ser arte. Pero ahí estaba mi problema trataba de razonar algo que debería de escribir primero desde el sentimiento y en segunda instancia desde el raciocinio. El arte es sentimiento al menos tanto como es pensamiento, definir arte es posiblemente la tarea más difícil del mundo, también es una de las más inútiles pues como dice el catedrático en estética y teoría del arte José Jiménez “arte es todo lo que los hombres llaman arte”, y partiendo desde ese punto se generan varias dudas al respecto en lo que incumbe a los videojuegos. Aclarar antes de comenzar que lo que estáis a punto de leer es una opinión expresa de su autor y no necesariamente de la redacción de Areajugones.
No sé definir arte y, como no sé definirlo, no puedo delimitar qué lo es y qué no lo es. Nadie puede hacerlo porque la sensibilidad artística es diferente en cada uno. Para mí sin duda, sí, los videojuegos son un arte. Tan merecedor de esa posición como la fotografía, el cine o la mismísima pintura. ¿Por qué? No lo sé. Lo reconozco sin miramientos, es arte y no sé por qué, porque tampoco sé el motivo que justifica porqué otros métodos artísticos son considerados así. Hablemos de uno de esos métodos más recientes ¿alguno de vosotros duda de que la fotografía es arte? Lo dudo, pero ha sido aceptada como tal tras años y más años de intentar lograrlo desde que, en 1839, Daguerre consiguiese fijar la imagen proyectada por una cámara oscura, desde entonces la fotografía ha sido usada como instrumento documentario, se ha tratado de acercar a la pintura en el ámbito del pictorialismo, se ha explorado así misma para averiguar qué le hace única, potenciarlo y tratar de ser aceptada así como arte; sin embargo no ha sido hasta que esa intención se ha diluido, cuando autores que no eran ni siquiera fotógrafos tomaron su cámara e hicieron fotos a cosas tan mundanas como a 26 gasolineras que Ed Ruscha encontró por las carreteras de Estados Unidos; es ahí cuando la idea de fotografía como arte comienza a globalizarse ¿por qué no antes?
Los videojuegos siguen siendo un medio muy joven, y ya ha pasado muchas de las fases por las que la fotografía pasó en su día. Se ha acercado a otras artes, se ha autoexplorado y también ha experimentado con lo mundano; pero tiene que ir más allá. En primer lugar me gustaría hablar de la cercanía del videojuego a otras artes, la más similar salta a la vista: el cine. El cine es, posiblemente, junto a la literatura el mejor medio para contar una historia; otras formas de manifestaciones artísticas lo pueden hacer pero, bajo mi humilde opinión, ninguna es más apropiada que estas dos. El lenguaje de la literatura es textual mientras que el del cine es visual, es más complejo y en ocasiones recurre al literal cayendo en fallos tan garrafales, o no, como el de contarnos una historia sólo con palabras cuando debería hacerlo con imágenes. Hay una ley no escrita en el lenguaje cinematográfico que dice “muestra, no cuentes” y sobre ella debe regirse una buena dirección de fotografía. Los videojuegos, por otra parte, son el tercer medio en discordia para contar una historia y aquí hay que ir más allá, no nos conformamos con mostrar, tenemos que vivirlo, que jugarlo. Eso es lo que diferencia este medio de cualquier otro, es interactivo y hay que saber aprovecharlo. No estoy en contra de las cinemáticas, porque necesariamente no tienen porque sobrar, sin embargo, sí estoy en contra de los juegos que tan sólo usan estos métodos para contar su historia. Juegos como The Last of Us manejan el lenguaje cinematográfico a la perfección, pero no por ello dejan de ser buenos videojuegos, al contrario. Sin cambiar de ejemplo, The Last of Us es uno de los juegos que mejor maneja el lenguaje del videojuego de los últimos años porque todo también pasa fuera de las cinemáticas, con el entorno, con el actuar de los personajes, con las mecánicas de juego. En un videojuego es vital la kinestética, el cómo se siente un juego, y desde luego la correspondencia entre esta y todos los elementos jugables con el guión.
En segundo lugar llevar a colación el debate de lo bello, el arte no es necesariamente bello, sino que la belleza es una posibilidad del arte. Por extensión, un juego hermoso no es necesariamente una obra de arte; puede serlo como Journey pero otros juegos como rain o Nubla tienen un aspecto que desde luego definiríamos como artístico, pero quedan lejos de llegar a ser considerados una pieza artística por fallos en los apartados realmente relevantes a la hora de, bajo mi punto de vista, considerar a una pieza objeto artístico. Por otro lado un debate similar es el que se genera alrededor de la diversión. Un videojuego no debe de divertir, ni siquiera debe entretener. Se suele criticar mucho al juego que aburre, pero es que no es necesario que te divierta, abandonar esa idea obsoleta que une la diversión al videojuego es hacer madurar el medio, desligarnos un poco más de la palabra “juego” e ir un paso más allá: a la reflexión, a lo racional y sentimental, a lo más profundo del arte.
Cada vez es más fácil desarrollar un videojuego. En la pasada generación hemos vivido el boom de los indie y esto va a seguir en aumento; lo que significa que mentes creativas sin la necesidad de sustentarse en las obligaciones de grandes marcas, porque ellos dan el dinero con el que trabajas, van a seguir aflorando. Vamos a tener más propuesta que reflexionen sobre el medio de una forma tan magistral como The Stanley Parable, vamos a tener más Papers, Please, también ofertas más actuales e igual de llamativas como Her Story o Cibele. Crear un videojuego no es tan sencillo como hacer una fotografía, no todo el mundo puede hacerlo pero sin duda este es el momento de más facilidad. Veremos propuestas que aprovechen tan bien las capacidades del medio como Minecraft, un mundo entero a tu servicio en el que contar tus historias únicamente mediante la jugabilidad, ésta es una de las piezas artísticas más importantes de nuestro medio y no le hace falta más que ser un videojuego.
Pero ¿necesitan los videojuegos ser arte? Desde luego que no, no necesitamos que nos condecoren y nos aplaudan mientras entramos directos al mundo del arte. Nadie nunca va a salir y va a decir “los videojuegos son arte” y tras pronunciar esas cuatro palabras cambiar la mentalidad de toda una generación de historiadores, jugadores, aficionados. Personas.
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