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Análisis Descenders: Una genial vuelta de tuerca al roguelike

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Análisis Descenders: Una genial vuelta de tuerca al roguelike

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Si hay algo en lo que la industria del videojuego es líder indiscutible, es en quemar todo lo que triunfa y se pone de moda en cuestión de meses. ¿Un videojuego lo peta con un formato battle royale? Pues, a los tres días, tendrás decenas de estudios intentando subirse al carro y añadiéndolo en sus videojuegos incluso cuando estos no estaban originalmente diseñados para ello. ¿Ciertas mecánicas de un género como el roguelike se ponen de moda? Pues pásate meses, o años, encontrando estas mismas mecánicas, metidas a calzador en cualquier obra del mismo calibre. Y así sucesivamente.

Y, cuando descubrí por primera vez Descenders, tengo que reconocer que lo primero que pensé fue que este era otro de esos juegos en los que la palabra roguelike estaba metida a calzador, para ser «trendy«, atraer a fans de obras como The Binding of Isaac o Enter the Gungeon y que, al final, pierde más de lo que gana siguiendo estas modas. Como siempre me pasa con todas mis suposiciones iniciales, estaba terriblemente equivocado. Descenders es un juego que mezcla el arcade y el roguelike de forma magistral en un título de mountain bike que logra resultar en una de las mejores sorpresas de lo que va de año.

El roguelike como método de enseñanza

Lo primero que debemos tener claro cuando entramos a Descenders es que es un videojuego arcade en el que nuestro objetivo final siempre es obtener la máxima puntuación posible. Esta se nos otorga bajando a gran velocidad mientras realizamos diversos trucos con nuestra bicicleta de montaña. Cuanto mayor sea el riesgo, mayor será la puntuación que obtengamos. Pero, como en todo arcade, primero tenemos que aprender a dominar las mecánicas de la obra, cosa que no resulta especialmente sencillo porque es un título bastante complicado. Y aquí es donde entra en juego el roguelike.

Antes de lanzarnos a competir por la mejor puntuación, el videojuego nos obliga a completar un modo roguelike en el que debemos avanzar por cuatro zonas diferentes compuestas de decenas de pistas, las cuales culminan con la pista del jefe (una pista especial, más corta que el resto pero con un salto de gran velocidad y precisión que es obligatorio para avanzar a la siguiente zona). Somos nosotros los que decidimos el camino que tomamos hasta la pista del jefe, eligiendo pistas más difíciles (que nos dan mayores puntuaciones) o más fáciles (que nos facilitan llegar con más vidas al jefe).

De esta forma, el modo roguelike nos obliga a ser totalmente conscientes de nuestra bicicleta, de nuestras habilidades y a comenzar a aprender los tipos de obstáculos y peligros que nos acechan en cada zona. Para cuando culminemos el modo roguelike por primera vez, estaremos más que listos para lanzarnos a repetirlo buscando, ahora sí, la mejor puntuación posible. Así, Descenders hace del roguelike su mejor tutorial y su mejor baza para poner sobre la mesa una propuesta arcade cargada de riesgo, adrenalina y emoción.

Entrando en la zona

La zona, así es como se suele denominar esa fase en la que estamos tan inmersos en el videojuego que ni siquiera somos conscientes de qué botones pulsamos y actuamos de forma inconsciente, por instinto puro y duro. Y es uno de los pilares en los que se sustenta Descenders. Cada una de las pistas de las que hablaba en los párrafos anteriores es generada de forma procedural, lo cual significa que, si bien cada zona tiene sus propios obstáculos y temática, no nos encontraremos con dos pistas iguales y, por tanto, no podremos memorizarlas, sino que tendremos que confiar plenamente en nuestros reflejos y habilidad.

Los controles, de primeras, son complicados, y el videojuego no nos pone las cosas fáciles en ningún momento. Pero lo mejor que tiene Descenders es que es capaz de resultar justo. El movimiento de la bicicleta acaba siendo casi como una extensión de nuestros joysticks y la obra consigue hacernos sentir realmente el peso y la inercia del vehículo, el terreno sobre el que corremos e, incluso, la velocidad a la que avanzamos. La sensación de descender una empinada colina a 70 kilómetros por hora mientras nos ponemos cabeza abajo en cada salto es, simplemente, maravillosa.

Sin embargo, es cierto que, en determinadas ocasiones, este diseño procedural de las pistas juega más en contra que a favor de Descenders. Algunos circuitos resultan algo inconsistentes en ritmo y en obstáculos, y se echa de menos el mimo que destilarían si hubieran sido creadas a mano, si cada piedra tuviera un propósito concreto, si cada salto estuviera puesto con un objetivo claro a priori; en general, se echa en falta ese toque que aporta el hacer las cosas a mano, pero es un precio que hay que pagar para disfrutar del elemento roguelike.

Más allá de esto, nos encontramos con algunos modos de juego que ofrecen una diversión extra y entre los que merece mucho la pena destacar el multijugador. Disfrutar de Descenders con amigos es sencillamente maravilloso. La mejor comparación que puedo hacer aquí es con Super Smash Bros. porque, pese a tratarse de una creación bastante hardcore, meter a varios jugadores en una pista hace del título un auténtico juego festivo. La locura se apodera de la experiencia y no gana necesariamente el mejor, sino muchas veces el más pícaro. Ya no se trata de tener la mejor puntuación, sino de molestar todo lo posible a nuestros amigos mientras tratamos mantenernos encima de nuestra bicicleta. Un auténtico puntazo que, sin duda, dará horas y horas de entretenimiento.

Técnicamente sorprendente

Otro de los puntos que llama la atención en Descenders es su apartado técnico. En lo gráfico, no tiene absolutamente nada que envidiar a las producciones de mayor calibre, de juegos oficiales de motocross, ciclismo o trials. Los entornos son bastante detallados y es posible manejar nuestra bicicleta por fuera de pista cuanto deseemos, demostrando que el entorno que vemos no es solo decoración.

Artísticamente el juego es capaz de resultar atractivo y de contar con entornos realmente distintos. Desde los bosques de las primeras zonas hasta las cumbres heladas y los cañones desérticos, el producto cuenta con tonalidades separadas que son capaces de generar en nuestra mente conexiones instantáneas con los peligros y obstáculos de cada una de las zonas. La iluminación también tiene su papel y, en el modo roguelike, si nos demoramos demasiado, se puede ir oscureciendo hasta hacerse de noche y complicar de forma notable las pistas al reducir mucho la visibilidad.

Descenders

El rendimiento de la obra es bueno y apenas hemos sufrido problemas más allá de algún crasheo de forma puntual. Aunque el ordenador en el que hemos disfrutado de la obra cumple los requisitos, es importante remarcar que el framerate es muy estable y, más allá de alguna reacción extraña del sistema de físicas, los bugs han sido prácticamente inexistentes en nuestra experiencia.

Una de las mejores sorpresas del año

Siendo sincero, no esperaba demasiado de Descenders pero, después de haberle dedicado un buen puñado de horas, tengo que tragarme mis palabras y admitir que se trata de una obra completa, divertida y que sabe muy bien a qué está apostando. El roguelike se combina a la perfección con el arcade y la dificultad elevada para poner sobre la mesa un juego que es capaz de atraparnos y tenernos hasta altas horas de la madrugada con «una partida más».

Controles satisfactorios, jugabilidad que nos exige habilidad, apartado técnico muy bueno y una propuesta que ofrece horas prácticamente infinitas son los principales pilares de Descenders para conseguir resultar una de las mejores sorpresas con las que nos hemos topado en lo que va de 2019. Si la idea de bajar montañas a toda velocidad de la forma más arcade posible os atrae lo más mínimo, dadle una oportunidad a Descenders y no os arrepentiréis.

https://www.youtube.com/watch?v=zG-dBYtbPNA

Redactado por:

Videojuerguista desde siempre. Fan incondicional de Fallout y Star Wars y amante del RPG viejuno. Hablo de videojuegos, cine, series o lo que me dejen. Ah, y me gustan los números.

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