
OPUS: Prism Peak te pone en la piel de Eugene, un fotógrafo de 40 años al que la vida le ha dado tantos golpes que ha acabado vendiendo la cámara que le regaló su abuelo. Sus padres se peleaban constantemente, su madre desaparecía durante días, su matrimonio fracasó, la empresa donde trabajó una década cerró y el café que montó con amigos también se fue a pique. Cuando se dirige al funeral de su abuelo, un accidente lo transporta a las Tierras del Crepúsculo, un mundo onírico donde la luz se filtra a través de prismas, los recuerdos flotan como fotografías a punto de desvanecerse y los animales hablan porque son espíritus que han perdido la memoria. Allí conoce a una niña misteriosa que no recuerda ni su nombre y que necesita llegar a la cima de una montaña antes de desaparecer por completo. El juego sale el 16 de abril en Steam, Nintendo Switch y Nintendo Switch 2, desarrollado por SIGONO (los creadores de la aclamada saga OPUS) y publicado por Shueisha Games.
Lo primero que te atrapa es lo precioso que es todo. Los paisajes de las Tierras del Crepúsculo parecen sacados de una película de Makoto Shinkai o Studio Ghibli: montañas envueltas en niebla, bosques que respiran melancolía, estaciones de tren abandonadas donde el tiempo se ha detenido y una paleta de colores que oscila entre la calidez de los recuerdos felices y la frialdad de lo que se ha perdido. La banda sonora de Kevin Penkin (el compositor de Made in Abyss) acompaña cada momento con una sensibilidad que te pone un nudo en la garganta sin necesidad de que pase nada dramático en pantalla. Es un juego que te invita a pararte, mirar y sentir antes de avanzar.
La mecánica principal de OPUS: Prism Peak es la fotografía. Eugene lleva una cámara analógica antigua y con ella puede capturar el mundo que le rodea: mariposas que se alimentan de flores doradas, ciervos que se esconden entre los árboles, espíritus animales que recuperan sus recuerdos cuando los retratas. Fotografiar no es solo pulsar un botón: tienes que encuadrar, ajustar el enfoque, cuidar la exposición y elegir el momento adecuado. Como decía el abuelo de Eugene, "tienes que poner el corazón en la foto, o desaparecerá". Es una mecánica sencilla pero con una carga emocional enorme porque cada foto que haces tiene un significado dentro de la historia.
Los espíritus que encuentras por el camino son animales que han perdido sus recuerdos por culpa de algo llamado la Sombra, una especie de maldición que hace que todo se desvanezca. Cuando los fotografías, sus memorias empiezan a volver poco a poco. Hay un sistema de acertijos vinculado a unos santuarios con forma de bolas de fuego que te piden fotos específicas para desbloquear objetos y mejoras para tu cámara: "enséñame flores doradas junto a una ventana cubierta de enredaderas", "enséñame la máquina expendedora del andén". Son puzles que te obligan a observar el entorno con atención y que encajan perfectamente con la filosofía del juego: mira con cuidado o te perderás lo importante.
La narrativa de OPUS: Prism Peak se construye a través de los recuerdos de Eugene. El juego alterna entre el presente en las Tierras del Crepúsculo y fragmentos de su pasado: de niño aprendiendo a usar la cámara con su abuelo, de adolescente dejando atrás su pueblo natal en un tren con un solo billete, de adulto viendo cómo todo lo que construyó se desmoronaba. La relación con su abuelo es el corazón emocional de todo: un hombre que le enseñó que fotografiar es cuidar, que si no capturas lo que importa desaparecerá, pero que también le dejó con la lección más difícil de todas: que hay cosas que desaparecen por mucho que las intentes retener.
Ren, la niña sin nombre que acompaña a Eugene, aporta un contrapunto perfecto. Donde Eugene es cínico y derrotado, ella es curiosidad pura. Le pone el nombre porque "una mariposa se lo dijo", y su presencia va despertando poco a poco algo en Eugene que creía muerto. La dinámica entre ambos recuerda a esas parejas de personajes donde el adulto roto y el niño inocente se complementan y se salvan mutuamente. Pero hay urgencia: Ren huele a Sombra, lo que significa que está empezando a desvanecerse. Si no encuentran al Vidente en la Ciudad Sin Nombre antes de que sea tarde, desaparecerá. Es una cuenta atrás emocional que le da peso a cada paso del viaje.
OPUS: Prism Peak es de esos juegos que te recuerdan que este medio puede hacerte sentir tanto como una buena película o un buen libro. No necesita combate, ni mecánicas complejas, ni un mundo abierto gigantesco. Le basta con un fotógrafo roto, una niña que se desvanece, una cámara vieja y un mundo precioso lleno de recuerdos que se escapan entre los dedos. Si te gustan las experiencias narrativas con alma y no te importa que el juego te haga soltar alguna lágrima, no lo dejes pasar.
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