The Witness: más allá del videojuego

The Witness

PC PlayStation 4
8.8

Muy bueno

The Witness: más allá del videojuego

Ampliad vuestra vista con nosotros

The Witness: más allá del videojuego
 

Hace ya algo más de dos meses que llegaba a nosotros The Witness, el nuevo juego del estudio del que Jonathan Blow es la cabeza visible y que había pasado unos 7 años en desarrollo, levantando mucho hype entre los fans de la vertiente independiente de esta industria. Este juego que prometía una mezcla de puzles y filosofía se perfilaba como algo muy prometedor, y no es para menos teniendo en cuenta que su anterior título, Braid, gozó de gran éxito y unas críticas muy positivas.

Sin embargo, con un año como es 2016, que viene cargado de lanzamientos tan sonados como esperados (véase el caso de The Division, Dark Souls III o Uncharted 4, por poner algunos ejemplos) no es ninguna sorpresa que The Witness, a pesar de su buena aceptación entre el público, ya haya sido “olvidado”, dejado de lado en favor de un juego nuevo al que dedicar otro puñado de horas y repetir la jugada, cambiándolo por el siguiente. Sin embargo, tal vez al actuar así estemos perdiéndonos algo, y por ello vengo hoy a hablaros acerca de The Witness no solo como un videojuego, un producto de esta industria, sino como algo más, porque creo de verdad que es una de esas obras que deberíamos preservar tanto en nuestra memoria como en la de la plataforma que juguemos.

El juego de puzles

Probablemente todos hayáis visto vídeos, escuchado y leído cosas, e incluso visto reviews del juego que hoy nos ocupa (aquí mismo podéis echar un vistazo a la nuestra). “El juego es complicado y su duración dependerá del tiempo que nos lleve resolver todos sus misterios, pero su precio de venta es inferior que el de la media, por lo que merece sin duda una oportunidad y es un título indispensable para todos los fans de este tipo de juegos” comentaba mi compañero que tuvo el placer (o desgracia) de encargarse del análisis de The Witness; y estoy completamente de acuerdo con él (y por tanto con la mayoría de analistas del mundo).

Lo nuevo del equipo de Jonathan Blow es un muy buen juego de puzles; difícil y con una duración variable pero desde luego muy recomendable. Además de ingeniosos puzles muy bien construidos utilizando todo (literalmente todo) el entorno que nos harán pensar mucho, nos encontramos con un fascinante mundo abierto repleto de misterios y un apartado artístico sobresaliente.

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Pero como supondréis, no estoy aquí para repetir lo que probablemente hayáis oído, leído o tal vez experimentado por vosotros mismos antes, no vengo a hacer una segunda review ni nada por el estilo; vengo a hablar de The Witness de la manera en la que ningún analista del mundo debería hacerlo (por eso esto es un artículo de opinión), en el tono más subjetivo y personal que podáis imaginar.

Una vista más amplia

Utilizando una metáfora muy adecuada a esta industria, intentemos ahora ampliar el FOV (Field of View) para tener una visión más amplia de The Witness, alejándonos de lo que es meramente el videojuego y entrando a tocar con más detalle las sensaciones que provoca y cuál es la finalidad de la obra.

En primer lugar, si habéis probado el juego os habréis dado cuenta de que, independientemente de lo viva que pueda parecer la isla, hay un sentimiento que predomina por encima de todo: la soledad. Ni por asomo esto es una casualidad y es que los responsables del título lo han hecho de forma totalmente intencionada, llegando incluso a eliminar por completo la banda sonora, quedando de esta forma la isla totalmente virgen, sin contaminación ni siquiera acústica.

Si habéis seguido el juego y sus reviews, tendréis en mente esta ausencia musical como un defecto, y no voy a decir que no lo sea si tomamos a The Witness como un videojuego (como debe tomarse en los análisis); pero si hablamos de una experiencia, de algo más profundo, entonces nos damos cuenta de que es uno de los mayores aciertos del juego y de que confiere una inmersión al jugador que lleva a otro nivel todo lo que vemos y oímos.

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Por otro lado, uno de los “errores” más comunes a la hora de jugar a esta obra es la de tomarla como a una más. La jugamos, le dedicamos más o menos horas dependiendo de nuestra habilidad, nos lo pasamos y lo dejamos llevándonos la idea de un buen juego de puzles; y es lógico y justo enfocarlo así, pues es lo que hacemos con la mayoría de títulos del mercado.

Sin embargo, esto vuelve a ser una lastra para la experiencia, ya que, en mi opinión, The Witness está diseñado para ser un título de largo recorrido. Tras haberle dedicado muchas horas, si tuviera que explicarle a alguien que no lo ha tocado cómo jugarlo, sin ninguna duda le recomendaría tratarlo como un juego casual. Cómo vas a ver de esta forma al juego más hardcore del género de los últimos años, pensaréis. Pues simplemente jugando de forma ocasional; frustrándonos (está hecho para ello) pero lo justo, deleitándonos con cada puzle, cada mecánica, cada paisaje; disfrutando a pequeños sorbos de la exquisita bebida que supone este juego para todos nuestros sentidos. Solo así creo que se puede llegar a disfrutar y comprender la verdadera experiencia de calma, soledad y paz que algún día pobló la genial mente de Jonathan Blow.

Jugando de esta forma fragmentada podremos acercarnos más también a entender la historia no contada de The Witness, la cual no está explícita y puede pasar completamente desapercibida si vamos con prisas. Dividida en pequeños audios, siendo la mayoría de ellos citas de las mentes más brillantes que la humanidad ha conocido (como Albert Einstein, Richard Feynman o Paul Dirac entre otros muchos), se nos cuentan cosas muy interesantes que no destriparé aquí, pero que sin duda os harán pensar y darle vueltas a la cabeza.

“De todas las comunidades posibles, no hay ninguna a la que me gustaría dedicarme, excepto la sociedad de los buscadores de la verdad, que siempre ha tenido muy pocos miembros activos a lo largo de la historia” -Albert Einstein

Y este es, para mí, el punto clave de The Witness: su capacidad de salir de la pantalla. Probablemente os pase con algunos de vuestros juegos favoritos, que incluso cuando dejáis de jugar y os vais a la cama seguís dándole vueltas a si esta armadura menos pesada será mejor contra ese boss más rápido o si el objeto del nivel anterior es la solución al puzle de este nivel; pero de lo que hablo ahora es algo más profundo, y es que no solo pensaréis en unir puntos siguiendo normas como se hace en el juego u os volveréis locos buscando secretos hasta en el cielo, sino que The Witness tiene la capacidad de, si lo enfocamos como debemos, hacernos reflexionar.

El equipo de Jonathan Blow ha conseguido hacer una obra no solo divertida, sino muy inteligente; se nos darán discursos de índole filosófica acerca de muchas cosas (especialmente ciencia y religión) y es la propia discordancia entre ellos, entre las mentes más brillantes de nuestra historia, la que nos da pie a pensar por nosotros mismos, sin tratar de imponernos una idea o un conocimiento, sino incitándonos a formar nuestro propio juicio acerca de cosas mucho más trascendentes que un mero videojuego.

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Y sí, soy de los que normalmente defienden a capa y espada la intrascendencia en el sector, de los que priman que un juego sea divertido a que sea “bueno”; pero cuando la situación es tan exagerada como en este caso, en el que mis sensaciones en cada partida han sido y siguen siendo más similares a las que tengo al leer un buen libro que al jugar a videojuegos “ordinarios”, no tengo otra opción que rendirme ante la maestría de una experiencia sobresaliente. Pocos videojuegos hay que se tomen a sí mismos tan en serio como para trascender la propia importancia del material audiovisual y clavarse en nuestras mentes como un parásito, pero uno que no nos perjudica, uno que nos invita a pensar por nosotros mismos, constituyendo algo que es de verdad educativo; porque es más importante aprender a tener un pensamiento propio que conocer al dedillo la conjugación verbal o los teoremas fundamentales del Álgebra.




¿A qué estás esperando?

Tal vez tras este tostón (si es que habéis llegado hasta aquí) penséis que no soy más que un sensiblero que ve más de lo que tiene que ver, y quizás tengáis razón; pero si escribo esto no es para demostrar que los frikis tenemos sentimientos o darle más importancia de la que tiene al mundo de los videojuegos, que en definitiva está para divertirnos. Lo hago porque lo que he sentido y disfrutado con The Witness es algo que difícilmente puedo comparar con lo que me haya marcado cualquier otro videojuego (y eso que he jugado a un buen puñado de ellos) y simplemente busco transmitiros esta sensación, esta emoción y el amor que siento por este juego para que, si no lo habéis hecho, os lo compréis y lo disfrutéis; y si ya lo habéis hecho, para que le deis una nueva oportunidad enfocándolo como algo distinto, algo mucho más maduro (tal vez demasiado para esta industria) e inteligente de lo que normalmente probamos.

Es difícil encontrar un juego que, además de divertirnos, sea capaz de hacernos desconectar de nuestros problemas cotidianos e incluso del propio juego para llevar nuestra mente por caminos mucho más importantes y trascendentales. Por todo ello, en mi biblioteca y en mi mente, The Witness se queda como algo que no olvidar nunca, una de esas obras maestras a las que volver una y mil veces pues seguramente quede algún puzle por hacer, audio por escuchar y sobre todo, alguna lección por aprender.

TheWitness


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