Crítica del primer episodio de la segunda temporada de Westworld

Westworld

Crítica del primer episodio de la segunda temporada de Westworld

Los jueces pasan a ser juzgados en un inicio lleno de giros y sorpresas

Crítica del primer episodio de la segunda temporada de Westworld
 
 

Evan Rachel Wood ha conseguido ser pagada igual que sus compañeros, y eso podría haber sido fruto de la segunda temporada de “Westworld”. Aunque la ficción de Jonathan Nolan y Lisa Joy contó con los elementos necesarios para establecer un universo creíble y sólido, algunas figuras resaltaban más que el resto. William, Maeve, e incluso Bernard hicieron grandes sacrificios para llevar a cabo sus propósitos, pero ahora es el turno de Dolores. La anfitriona más vieja del parque es la llamada a liderar la última misión de Robert Ford, y vaya si lo hace.

Tanto el tono de misterio, como los diálogos prosaicos y mordaces regresan en unos episodios que prometen resolver muchas dudas pero también crear nuevas. El laberinto que tanto perseguía el Hombre de Negro, tenía una entrada, y también una salida. Un escape que ahora todos los anfitriones intentarán encontrar. “Si la primera temporada fue un viaje hacia el interior, esta es un viaje hacia el exterior. Esta es la búsqueda de lo que hay más allá del parque, y de qué más hay en el propio parque“. Con esa pista encaminaba Nolan a los espectadores, y lo que presenta el primer episodio de la segunda temporada, es un buen reflejo de ello.


Esta crítica ha sido hecha únicamente en base al primer episodio de la segunda temporada que se estrenará el 23 de abril en HBO.


Los creadores parecen haber aprendido de los errores, y han dispuesto unos episodios llenos de situaciones más variadas, y menos reiterativas. Bien es cierto que esa base era necesaria en la primera temporada para entender las motivaciones de los anfitriones y su relación con los trabajadores del parque, pero ha llegado el momento del cambio.  Ahora las fichas del tablero se han comenzado a mover, y nadie es quien parece ser. Ha desaparecido esa seguridad de impunidad que restaba tensión en muchas de las muertes -notablemente gratuitas- de los primeros episodios, y la autoridad del Hombre de negro ha desaparecido en favor de un contexto donde todo se siente con más peso.

La apertura de la temporada marca las bases de lo que está por llegar sí, pero también reincide quizás con demasiada insistencia en el pasado. El cliffhanger que dejaron los showrunners de “Westworld” fue tan abierto, que su labor durante el primer episodio, y probablemente los siguientes, está dedicado a cerrar todas esas puertas para poder abrir las siguientes. Y es que las puertas son el elemento principal de la nueva temporada. Todos parecen obsesionados por salir de ahí, unos para encontrar su libertad, y otros para escapar del castigo por jugar a ser dioses. ¿Cómo se resuelve eso? Manteniendo puntos de anclaje y al mismo tiempo incorporando grandes novedades.

Una vez visto el funcionamiento del parque, toca entender su contexto. La presencia de Delos hasta el momento había sido más bien discreta, y casi toda la atención se la llevaban los androides. Eso parece que cambia con una  nueva trama mucho más enfocada en la compañía y sus intentos de controlar la situación. Cosa que aprovecha la serie para introducir a un buen puñado de personajes divididos entre seguridad y altos puestos ejecutivos.  No obstante, si hay un anfitrión que consigue mantener el protagonismo ese es Dolores. Los esfuerzos de los showrunners por construir un ser creíble aquí dan sus frutos, y comenzamos a ver una evolución notable en la primera anfitriona.

Sin embargo, no todo es positivo en el inicio de la segunda temporada de “Westworld”. Sigo percibiendo ciertas fallas algo molestas que se arrastran desde la anterior temporada. Algunos personajes continúan mostrándose demasiado místicos sin propósito alguno, la actuación de Jeffrey Wright llega a entorpecer en varios momentos el ritmo. Sus flashbacks -muy presentes- y los planos sostenidos que se lleva en varias escenas, llegan a generar hastío.  Consecuencia quizás de la estructura de saltos temporales con la que han levantado los creadores la segunda temporada. A pesar de ello las promesas son más que suficientes para mantener el interés de una propuesta que a todas luces se presenta como algo mucho más arriesgado que el inicio de la serie. Huelga decir que todo ello está acompañado, de nuevo, de una  producción al más alto nivel, llegando en algunos momentos a asimilarse con una película.

Tanto la banda sonora -vuelve la fanfarria principal- como el resto de piezas ayudan a crear esa sensación de inmersión que tan bien funcionó en el pasado. Cosa que viene acompañada de nuevo con escenas de acción muy crudas, y un uso de la sangre totalmente desenfrenado. Sin embargo, ahora la violencia se siente mucho más contextualizada. Todo lo que antes se presentaba como decisiones caprichosas o erráticas de los anfitriones, ahora tienen un propósito, hay una misión y objetivo hacia el que ir. Y es ahí donde entra Delos, creando un tira y afloja que genera y generará dinámicas más que interesantes.




Dicho esto, solo queda esperar a ver cómo se desenvuelve el nuevo planteamiento durante el resto de la temporada. “Westworld” demostró el año pasado tener suficiente personalidad y calidad como para autoproclamarse fenómeno, pero ahora tiene por delante una prueba todavía más complicada; corroborar su éxito con una continuación que dé respuestas a un puzle cada vez más complejo y enrevesado. “Los placeres violentos tienen finales violentos“.


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