Crítica del episodio 18 de Tokyo Ghoul: Re: La hora de los Payasos

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Crítica del episodio 18 de Tokyo Ghoul: Re: La hora de los Payasos

Furuta toma las tiendas de la Comisión

Crítica del episodio 18 de Tokyo Ghoul: Re: La hora de los Payasos
 

Si durante la pasada semana en “Tokyo Ghoul: Re” era ni más ni menos que Kaneki quien por el lado de los Ghouls tomaba el rol de Rey Ghoul de un Ojo, dando forma al mismo tiempo a la organización ‘Cabra’, en esta ocasión es la CCG que afronta un claro cambio en sus filas ante una nueva amenaza. De esta forma, observamos cómo Furuta y Mutsuki modificarán radicalmente sus roles hasta la fecha. Algo similar ocurrirá con Urie, aunque en un sentido un tanto más psicológico que no dentro de la realidad de las acciones.

Parece necesario comenzar hablando de los Payasos, una organización de Ghouls que será el detonante de los previamente mencionados cambios. Dichos Payasos, los cuales se ven caracterizados por lucir vestimentas acorde con el nombre que les identifica, lanzan un repentino ataque organizado a la ciudad en lo que verdaderamente toma forma de desafío para con la CCG. Resulta curioso el hecho de que para emprender su acometida utilizan una serie de triquiñuelas que nos dan a pensar en un claro carácter estratégico. Por un lado, observamos cómo en el ejército de payasos se encuentran camuflados una serie de humanos que se han visto forzados a seguir las órdenes de los Ghouls si es que no querían perder la vida -y lo cierto es que las esperanzas de mantenerla no eran demasiado altas incluso siendo obedientes-. Por otro lado, durante la batalla de Suzuya uno de sus enemigos se transforma en Shinohara para causar un impacto emocional en este, al igual que en el combate de Urie este es dolorosamente recordado de la figura de su padre. La principal conclusión a extraer es, por ende, que a pesar de su nombre los Payasos son en realidad una organización mucho más cerebral de lo que parece.

La presencia de esta nueva amenaza obliga a que desde la CCG se tome rápida acción, algo en lo que se tarda poco a raíz del nombramiento de Furuta como nuevo director de la misma. Hace unas semanas advertimos ya del aparente cambio de rol que Furuta apuntaba a sufrir, pues su relevancia se disparó de forma repentina. Ahora, debido a sus lazos con el Clan Washuu, se ve escogido como la principal alternativa para comandar la Comisión de Contramedidas Ghoul. A pesar de ser el rostro del bando humano, ciertamente aún queda por ver si humanidad es algo que podremos encontrar en Furuta. Justo antes de que Suzuya -al cual Furuta quiere convertir en ‘El nuevo Arima’- y su división descubran que tras las máscaras de payasos también se hallan humanos, Furuta realiza un comentario desde la oficina central que da a pensar en el hecho de que él ya era consciente de eso mismo. Pese a ello, Furuta se mantiene en silencio y no impide que los suyos sigan atacando indiscriminadamente a aquellos que deben proteger hasta que son ellos mismos quienes descubren la verdad. Un segundo punto que da para cuestionarse el ‘estado’ de Furuta lo encontramos al final del episodio, con un sangriente despliegue en pleno escenario digno de alguien sin pudor a cobrarse las ‘necesarias’ vidas. Precisamente, ahí observamos indicios del cambio que Mutsuki apunta a mostrar en siguientes ocasiones.

En una rápida secuencia -que ciertamente deja mucho que desear a nivel de introspección- observamos a Mutsuki pasar de verse rescatada de una cueva a reposar en una cama para, en última instancia, mostrarse como uno de los principales nombres que colmarán las filas de los Oggai. Esta nueva división -fundada por el mismo Furuta- representa el relevo del Escuadrón Quinx y, al mismo tiempo, la nueva era de la Comisión de Contramedidas Ghouls, la cual establece su principal objetivo en eliminar a todos los miembros de los Payasos o directamente a cualquier Ghoul que se interponga en su camino. En este punto, observamos a una Mutsuki que parece haber sufrido un proceso de transformación similar al de Kaneki en su momento -bastante revelador el emblanquecimiento que se ha producido en ya el olvidado pelo verde-. Según podemos comprender, Mutsuki ha tenido que soportar una larga secuencia de difíciles situaciones, las cuales van desde un extraño enfrentamiento en la mencionada cueva hasta haber tenido que aceptar el hecho de que su amor por Sasaki es uno claramente no correspondido. De hecho, en este punto Sasaki ya forma parte de un pasado imposible de recuperar, al igual que la ‘vieja’ Mutsuki que Urie conocía.

Resulta igualmente destacable que en esta ocasión observamos a una parte de Urie mucho más frágil de lo que estamos acostumbrados. La personalidad más madura y calmada que vimos en recientes ocasiones daban a pensar en la posibilidad de que ante nosotros se hallara alguien más reservado y que tuviera muy en cuenta el valor de cada decisión, pero cuatro palabras acerca de su padre hacen que pierda totalmente el control sobre su poder. Mención especial a Yonebayashi, la cual poco a poco se destapa como una cada vez más clara referencia de las fuerzas del CCG. A pesar de hallarse ante un Urie totalmente desbocado, logra mantenerle a ralla y únicamente cede terreno ante el lógico de deseo de no causarle daño y recuperar al Urie de siempre, por el cual confiesa sus sentimientos. Así pues, todo parece apuntar a que seguiremos con una exploración de este Urie más psicológico que, pese a contar aún con cierta obsesión por el poder, guarda secretos y recuerdos que pesan enormemente en su hacer.

Tokyo Ghoul: Re se está alienando para enfrentar nuevamente al bando de Ghouls y humanos con sendas estructuras totalmente renovadas. A pesar de que Kaneki cuenta con el deseo de lograr un entendimiento entre ambas razas, Furuta se presta a la destrucción total y, consecuentemente, el deseo de aniquilar a todo Ghoul. Deberemos estar atentos a siguientes episodios, pues tras una breve pausa todo está siendo recolocado en vista de que el derramamiento de sangre vuelva a aparecer tal y como nos han acostumbrado.


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