Análisis Baobabs Mausoleum Ep. 2: 1313 Barnabas Dead End Drive

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A mediados del año pasado, Celery Emblem, Jacob Jazz y Zerouno Games se aliaron para brindarnos Baobabs Mausoleum Ep. 1 Ovnifagos Don’t Eat Flamingos, la primera de una terna de partes que compondrán la aventura. En su momento, asegurábamos que la fracción merecía atención de cara al futuro pero que, más allá de lo realmente loable de su proposición, el inicio de la travesía, por sí solo, se sentía incompleto, dificultando así su plena recomendación.

Hoy en día, sin embargo, ha llegado 1313 Barnabas Dead End Drive y el juicio ha cambiado. Volvemos a Flamingo’s Creek para continuar lo que empezamos y, sin lugar a dudas, nos hallamos ante un juego que evoluciona en completa medida todo lo que hizo que la génesis nos enamorase como obra interactiva y, asimismo, mejora lo que su predecesor no logró como producto. Aún adolece de ciertas patologías que, inevitablemente, manchan la magnífica pieza que aquí nos reúne, no obstante, es igual de inexorable afirmar que, una vez más, la singularidad de la producción ha podido contra todos sus traspiés.

Tras la pista del lunático

Estableciendo de antemano que, por motivos obvios, encontrarán spoilers del episodio previo en el escrito, recordamos que el final del mismo nos dejaba en un cliffhanger centrado en la desaparición de Daphne Trujillo a manos de un ser con cabeza de luna, el cual fue controlado por nosotros mismos en diversas ocasiones durante el viaje. Simultáneamente, nuestro singular e indescriptible protagonista, Watracio Walpurguis, fue hallado por la ley como la última persona con la que la desaparecida víctima fue avistado, razón que determina nuestros fines primordiales a lo largo de todo el capítulo: encontrarla, descubrir el paradero de su captor y limpiar nuestro nombre.

Bajo tan simple premisa, e insistiendo en que, en este título, el camino importa más que el destino, 1313 Barnabas Dead End Drive comienza a expandir el mundo inaudito que contiene dentro de sí Flamingo’s Creek. Con la reaparición de antiguos personajes, la introducción de nuevos ejemplares y la continuación de lineas argumentales secundarias como la ineludible búsqueda del habitante 64, Celery Emblem logra, nuevamente, mantenernos detrás del ordenador sin deseo alguno de retirarnos. Lo memorable de los diálogos, de las situaciones y de las sublimes incoherencias que destilan los pueblerinos son mucho más que suficiente para regresarnos en el tiempo y recrear esa admirable sensación inicial que supuso adentrarnos en este mundo; una emoción que, debido a su magnitud, no es fácil de repetir.

Consumando su potencial

Cuando analizamos Ovnifagos Don’t Eat Flamingos, planteábamos que es “carente de los pilares fundamentales para erigir nuestros deseos de sugerir su adquisición“. Dicha afirmación partía de que, como producto que se compra, no ofrecía lo suficiente desde tal punto de vista para justificar el expendio de dinero en la adjudicación de una de sus copias. Aun así, y obviando la desafortunada realidad, la autenticidad y carácter completamente único del trabajo del estudio ameritaron que, de manera paralela, describiésemos un potencial colosal en los postulados de la obra, aspecto en donde realmente recae lo relevante de la descripción: lo están consumando.

Y es que, efectivamente, Celery Emblem continúa medrando lo visto con anterioridad y han expandido todos los horizontes del juego, sin excepción alguna. En tal sentido, lo mecánico es el ámbito que más transformaciones notorias ha sufrido, pasando entonces de una escisión lineal y limitada, aunque muy variada, a una producción mucho más abierta en la que, incluso, la hora de nuestro ordenador tiene influencia –hay un ciclo de día y noche que nos ofrece dos vistas completamente distintas a la ciudad, tanto en lo jugable como en lo argumental-. En esta ocasión, en lugar de seguir un claro camino hacia un claro objetivo, vivimos una travesía más descentralizada que nos permite vivir con mayor inmersión y énfasis el contexto tan magistral que se ha creado; un poco difuminada, éso sí, y protagonista de particulares momentos tediosos por la lentitud con la que nuestra querida berenjena vampírica se desplaza, pero, más allá de ello, digna de alabanza en la amplia mayoría de los momentos.

Siendo más precisos, 1313 Barnabas Dead End Drive ostenta más y mejor global que Ovnifagos Don’t Eat Flamingos. Un mapa considerablemente más grande, una composición con elementos de rol más profunda, más jefes finales, más rompecabezas ingeniosos y complejos, más individuos excéntricos e inolvidables, más historias, más referencias, más presencia del lunático, más inclusiones jugables de géneros diferentes a la simbiosis de estilos que presenta… En síntesis, al pensar en cada detalle, en cada recoveco y esbozo de singularidad que hizo del comienzo de este periplo un diamante en bruto, en cada suceso que marcaría con fuerza la memoria de quien los disfrutase, estaremos pensando en lo que asimismo gozaremos con su sucesor, aunque éste con una presentación más completa y densa; es decir, aún más merecedora de recomendación.

A las puertas de la grandeza

Si el año pasado sentimos una inefable atracción a Baobabs Mausoleum, incluso con la retahíla de detrimentos de estimable dimensión que poseía, es todavía más complicado describir qué transmite este inédito episodio. Podríamos ser detallistas y estipular, en forma meticulosa, qué tiene 1313 Barnabas Dead End Drive por obsequiarnos pero, sin dubitativa alguna, esta experiencia hay que vivirla, no leerla.

Así, pues, a contraposición de nuestra incapacidad de convidarlos a comprar el origen, ya nos sentimos más tranquilos asegurando que, por lo que representa y por lo que exhibe, sí que nos enfrentamos a un trabajo sumamente recomendable; uno que se encuentra a un episodio de ver su culmen y, por consiguiente, a un episodio de determinar si, al final del día, tras descubrir quién es el habitante 64, después de revelar qué se esconde realmente tras la realidad de Flamingo’s Creek, podremos emitir una crítica que sitúe este compendio entre lo más alto de su herencia.


Positivo

  • La historia continúa manteniéndonos en un vilo asombroso
  • Su autenticidad, una vez más, es maravillosa
  • Mecánicamente evolucionó: es más denso y mejor
  • Su apartado visual sigue siendo sublime
  • Enamora como obra, cumple como producto
  • Su característico humor está intacto

Negativo

  • La continua exposición a su agradable banda sonora se mantiene restándole calidad a la misma
  • El desplazamiento a lo largo del mapa es lento en comparación a su dimensión
8

Muy bueno

Política de puntuación

Ronald Goncalves
Redactor de artículos y análisis de dudosa calidad. Objetivo a tiempo completo, subjetivo a tiempo parcial. Asiduo al medio interactivo por su capacidad de hacernos vivir las historias, no contarlas. Joven venezolano amante de los RPG's que busca cooperar en la evolución de un medio en pañales.