Sorprende que nunca se haya adaptado Grand Theft Auto al cine o a la televisión pese a tratarse de la franquicia de videojuegos más exitosa de todos los tiempos. Una saga con tanto potencial desperdiciado, que al menos sí cuenta con algunas películas como Sin salida que pueden recordarte a la IP de Rockstar.
Sin salida es una película de Netflix que ahora triunfa en la plataforma de streaming, pero en realidad se estrenó en cines en el año 2006. Fue un rotundo fracaso, recaudando poco más de 21,3 millones de dólares en Estados Unidos (vía Box Office Mojo). Sin embargo, la cinta tiene algo que engancha, quizás ese espíritu a lo GTA, o quizás cierta nostalgia al cine de acción que se rodaba en los 2000.
O2, un antiguo presidiario que intenta reformarse, ve como su vida da un giro mortal cuando un despiadado traficante de drogas secuestra a su hijo. Con la ayuda de una buscavidas y de su sospechoso primo, O2 recorre las calles de Los Ángeles en busca de su hijo.
En el reparto de Sin salida únicamente encontramos intérpretes poco conocidos para la mayoría de nosotros. Entre ellos destacan Tyrese Gibson, Meagan Good, Larenz Tate, Darris Love o Shawn Parr. La película está dirigida y escrita por Vondie Curtis-Hall (Firefly, The Shield: Al margen de la ley) y en el guion le acompaña Darin Scott (Deep Blue Sea 2, Gritos de oscuridad).
Tanto en ambientación como en trama, podríamos estar ante una película de Grand Theft Auto ambientada en Los Santos. El protagonista es un ex presidiario que debe buscar a su hijo por las calles de Los Angeles, mientras se ve involucrado en diferentes situaciones extremas. En estas secuencias, hay muy buenas coreografías de acción y un ritmo endiablado, algo que se agradece siempre en una película de acción como Sin salida que contó con un presupuesto bastante limitado.
Otro aspecto que me ha sorprendido para bien de Sin salida son las escenas de conducción. Son secuencias que brillan por encima del resto del metraje, demostrando la pericia que su director, Vondie Curtis-Hall, había ido consiguiendo trabajando en series como Firefly o The Shield: Al margen de la ley.
Ahora bien, más allá de ser una típica (y tópica) película de acción repleta de testosterona, en la que se sexualiza al cuerpo de la mujer hasta el límite, encontramos una cinta que olvida lo importante que es tener un guion elaborado. El libreto no es únicamene simplón, sino que tiene varios agujeros de guion de los que el espectador medio se percatará.

En definitiva, para pasar una tarde tumbado en el sofá este fin de semana, Sin salida es una buena película de Netflix. Eso sí, presiona el botón de 'desconectar' en tu cerebro para no quedarte impactado por algunos momentos que rozan la 'vergüenza ajena'.
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