Crítica del episodio 3×07 de Ataque a los titanes: El Dios del mundo

Ataque a los titanes

Crítica del episodio 3×07 de Ataque a los titanes: El Dios del mundo

La serie llega a su punto de inflexión con un episodio lleno de momentos mágicos

Crítica del episodio 3×07 de Ataque a los titanes: El Dios del mundo
 

Se acabó el misterio, se acabó pelear contra sombras, y se acabó el miedo. Todo el misticismo del que se había ido rodeando el universo de “Ataque a los titanes” llega a su fin con una revelación que da por fin lógica al sufrimiento que la humanidad había sufrido durante años. Los planes de Rod Reiss por continuar una tradición casi centenaria habían creado una fractura real en el sistema de poder movilizando a todos sus peones en un enfrentamiento que decidiría el futuro del mundo. Tras un episodio cargado de información, y quizás saturado, Wit Studios da salida a esa carga con el primer punto de inflexión en esta tercera temporada.

Vuelve la acción, y lo hace por todo lo alto. Si bien el segundo episodio contó con algunas de las escenas más espectaculares de toda la serie, desde entonces el anime se había enredado en un conflicto político y estratégico que anteponía la dialéctica a las espadas. Bien es cierto que los esfuerzos de Isayama por corregir lo que para él era un problema de ritmo en el manga habían logrado ensalzar algo la adaptación, sin embargo se echaba en falta un punto de anclaje. Algo a lo que poder atar una trama cada vez más perdida entre sus distintos hilos. No era una tarea sencilla, pero el material original contaba con la solución más adecuada; un poco de acción para dar el zarpazo.

El episodio de esta semana comienza con un gran combate multitudinario entre el Cuerpo de Levi y los soldados de Kenny. Teniendo en cuenta que había un gran número de personajes en pantalla moviéndose al mismo tiempo, se entiende que la calidad y el detalle de la animación no alcanzara a esas escenas de Levi entre las calles de la ciudad. A cambio el equipo de producción nos regala un enfrentamiento increíblemente técnico y lleno de ritmo que sorprende por sus giros; las bombas de humo trastocan la posición del enemigo, y la cueva helada se convierte en una carnicería. Es en este punto en el que Levi y Mikasa demuestran su sangre Ackerman poniendo su ímpetu sobre la mesa.

El grupo pasa a la acción jugando estratégicamente

La serie hace hincapié en recordar que este es el primer encuentro directo que tiene el Cuerpo contra otros humanos. Hasta ahora a excepción de Levi, solo se habían dedicado a huir, y ese impacto de la sangre hermana sobre sus rostros genera la fuerza necesaria como para que cada herida retumbe con mucho más peso. Para preparar ese escenario Armin había contribuido a analizar el punto débil del enemigo, concluyendo que atacar por la espalda era la mejor idea. Y lo cierto es que el plan da sus frutos, empujando a los soldados de Kenny a retroceder poco a poco, no sin llevarse de por medio a alguien tan importante como Hange.

No es sin embargo hasta que aparece Kenny, cuando el enfrentamiento se iguala. Como era de esperar -aquí el anime no sorprende- quien se hace llamar “el destripador” encara su destino sacando las armas frente a su propio familia. Alumno y maestro por fin cruzan golpes sacando a relucir un gran ingenio por ambas partes. La astucia e inteligencia de Levi se ve reflejada en el estilo menos sutil y más brutal de Kenny. Es la edad lo único que diferencia a estos dos personajes, y Wit logra plasmar perfectamente el espíritu de ambos creando un combate increíblemente entretenido y emocionante. ¿Quién podría salir ganando de algo así? Efectivamente, la sangre joven se impone.

Levi y Kenny pelean por causas que ambos creen justas

Tras unos 5 minutos de acción sin descanso, el episodio entra en su segundo tramo; los soldados de Kenny huyen en retirada, y la acción se traslada al escenario principal donde el episodio sacará a relucir la magia de esta saga. Incidiendo en la idea de justificar al “villano” -aka Rod Reiss– los guionistas insisten una y otra vez en intentar empatizar con él. “El poder que robó debe volver a donde pertenece. A tu interior“. Rod busca su propia justicia, al tiempo que Eren oye las voces de su propio padre pidiéndole que vengue la muerte de su madre. De nuevo nos empujan a tener que decidir entre un bando u otro, pero antes de eso llega la pieza del puzle que faltaba.

Aunque este episodio no cuenta con tal cantidad de información como lo que se vio la semana pasada, lo único que tiene por contar es más importante que incluso el origen del poder de Eren, o la identidad de Grisha. Rod toma la posición de narrador, y al fin explica el por qué de sus actos. Relata cómo un antepasado de la familia Reiss con el poder del Titán Fundación -primera vez que escuchamos este nombre- levantó los tres muros y creó la cueva helada en la que se encuentran. Tras eso borró la memoria de toda la población salvo la de unos pocos afortunados. Su don fue heredándose de generación en generación durante un siglo, hasta llegar a la hija de Rod.

El nacimiento de Frieda

Frieda obtuvo el poder cumpliendo con la tradición, y devorando a su tío. Pero fue en ese momento cuando Grisha lo echó a perder todo, robando la sangre del Titán Fundación para inyectarla en su hijo. Ddesde el punto de vista de Rod, ellos son los buenos, los únicos con la capacidad de acabar con todos los titanes y poner fin a la pesadilla de la humanidad. Por eso pretende robarle el poder a Eren para devolvérselo a Historia y que esta ejerza de salvadora. ¿Convence la explicación? A Kenny, quien estaba presente en el lugar, no demasiado. Las mentiras tienen las patas muy cortas, y resulta evidente que Rod ha estado manipulando a su familia para no tener que transformarse él mismo en titán.

Con Kenny fuera de la ecuación, este decide actuar bajo su propia voluntad liberando a Eren para que combata directamente con Historia. Si uno de los dos debe tener ese poder, que sea el más apto para él. Sin embargo Historia no está tan convencida de lo que está a punto de suceder. Con la aguja entre las manos parece armarse de valor y cargar con la responsabilidad que le entrega su padre. ¿Quién saldrá vivo de ahí? Antes de responder a esa pregunta Wit vuelve a demostrar que “Ataque a los titanes” es un universo orgánico y con cierta construcción. De manera inteligente sacan a Eren del arquetipo de héroe, poniendo por delante sus valores; él siempre quiso acabar con los titanes, y nunca deseó tener ese poder.

¿Cual es la mejor decisión?

 

Rod ya se frota las manos como el mentiroso que se sale con la suya, pero lo imprevisto sucede. “¿Por qué no hemos acabado con el mundo de los titanes en 100 años?” La pregunta de Historia desmonta toda la mentira, y obliga al padre a quitarse la careta. No se trataba de ser o no un salvador, sino de guiar a la humanidad como si fuera un rebaño. Quien tiene el poder del Titán Fundación conoce la creación del mundo, y puede erigirse como Dios. Una criatura omnipotente capaz de instaurar la paz entre los hombres. El primer rey creía que la única forma de conseguir la paz era encerrar a la humanidad entre muros, y ese pensamiento terminó calando durante generaciones.

¿En qué se diferencia lo que pretende Rod con una dictadura? Isayama trae aquí el mismo pensamiento que rigió Europa durante siglos; la figura de un Dios en las monarquías absolutistas permitían instaurar un control moral sobre el pueblo que perpetuaba los estratos sociales y la desigualdad. No es difícil encontrar paralelismos entre esto y la sociedad que vemos en la serie. Sin embargo, Historia también es capaz de juzgar el pensamiento de su propia familia, para terminar tomando una decisión que cambiará el mundo. “Odio a la humanidad. No quiero salvarla“. Ante ese desastre, Rod salta al vacío y decide convertirse él mismo en titán.

Rod toma la única decisión posible

¿Qué sucederá ahora? ¿Conseguirá Eren romper el yugo que ha mantenido a la humanidad en cautiverio durante un siglo? La tercera temporada de “Ataque a los titanes” con sus altibajos, está demostrando haber aprendido del pasado, regalando el que por el momento es uno de los animes de la temporada. Con más de 15 episodios todavía por delante, Wit tiene en sus manos la posibilidad de dejar una huella imborrable. Ahora viene lo más complicado. ¿Mantendrá el ritmo?


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