Si bien es cierto que Milestone se compone de desarrolladores especializadísimos en títulos de conducción realistas, el estudio no ha sido ajeno a espectro arcade en el que otros juegos de carreras que impulsaron el género hacia cotas insospechadas en los años 90. Tanto es así que el nuevo Screamer consiste en un remake de una obra que tiene más de 30 años y, a través de él, prometen reimaginar la experiencia de recreativas por antonomasia desde otros ángulos diferentes.
Tras haber probado Screamer durante un evento exclusivo de preview, hay que decir que lo que más llama la atención es cómo Milestone ha tratado de convertir el juego original en una obra que hace mucho énfasis en su aspecto narrativo. Tanto es así que el estudio ha generado una ambientación y trama a partir de la nada. Algo a elogiar, sobre todo, siendo conscientes de cómo muchos juegos de carreras son completamente ajenos a prestar atención a este tipo de elementos.
En el caso de Screamer, Milestone opta por ofrecer un modo historia caracterizado por ciertos componentes cuyas intenciones son estrictamente narrativas: desde cinemáticas centradas en presentar sucesos clave de la historia hasta los diálogos de texto entre los distintos personajes, los cuales nos darán la oportunidad de conocerlos más en profundidad y, en consecuencia, mejorar la experiencia de juego al hacerla más intensa a nivel emocional.
Sobre todo, porque esto último genera una dinámica especial dentro de las propias carreras que no se suele ver en otro tipo de obras similares. Conocer mejor a los personajes contra los que compites cambia las reglas del juego: ya no verás sus vehículos como entidades contenedoras de una IA, sino como recipientes de personas con deseos, backgrounds e inquietudes particulares. Esto genera un efecto inevitable de apego o desapego con los mismos, afectando a cómo participas en la carrera a un nivel personal. Al fin y al cabo, es muy probable que, aquel que peor te caiga, sea el que más intentes derribar, por poner un ejemplo.
Esta épica se intensifica todavía más gracias al estilo artístico del juego, el cual cuenta con una estética anime pulida al extremo y una ambientación que recuerda a algunos de los mayores exponentes del género. La versión de este reboot propone un Screamer futurista, cuyo universo oscila estéticamente entre obras como Ghost in the Shell, Akira o Cyberpunk Edgerrunners. ¡Ah! Y la banda sonora está constituida por un bombazo drum n bass uno tras otro; siendo una composición idónea para solaparse a una experiencia jugable que ya es adrenalínica de por sí.
Uno de los mayores atractivos de Screamer a nivel mecánico tiene que ver con esa fusión que hace entre ofrecer una experiencia de simulación al uso y ciertos elementos de corte arcade: por un lado, tenemos circuitos con trazos verosímiles y derrapes con físicas realistas, además de vehículos con distintas capacidades. Por otro, tenemos la posibilidad de arremeter con turbo contra los enemigos, resucitar en las mismas carreras... y hacer parrys.
Todo esto forma parte de la jugabilidad momento a momento de las carreras que jugarás en Screamer. En ellas, no solo tendrás que estar atento al trazado de la pista, sino destruir a tus enemigos a través de un comando con el que puedes usar un acelerón para embestirles. De igual manera, ellos también podrán hacerlo contigo, salvo que uses otro botón destinado a recubrir tu coche con un escudo para defenderte en el momento oportuno.
Una dinámica que es especialmente relevante en cuanto a que hay ciertos modos de juego en los que, además de conseguir puntos en función de la posición final en la que quedes, también los obtendrás eliminando a tus rivales. Ese es el punto exacto donde Screamer abandona por completo el género de la simulación: aquí no hay respeto por los contrincantes ni actitud caballeresca que valga, si no te obsesionas con chocarte contra todo el mundo, probablemente no ganes la carrera.
Esto último, sumado a la idea de que los medidores del botón de ataque y defensa se carguen al cambiar de marcha de forma semi-manual en el momento oportuno, convierte las carreras de Screamer en secuencias repletas de adrenalina donde debes tener visión en 360 grados: no solo es crucial prestar atención a la curva que tienes delante de ti, sino al rival que está a punto de embestirte con tal de sacarte por completo de la carrera en muchos momentos de la misma.
Screamer es una declaración de intenciones en cuanto a rescatar los juegos de carreras de recreativas de los 90 y traerlos al presente a través de perspectivas mucho más vigentes. Su mezcla de elementos arcade y estética anime funciona a las mil maravillas.
Ahora ya solo queda pendiente por conocer cómo aguantará el juego en cuanto a su capacidad para sorprender a aquellos que inviertan decenas (si no cientas) horas en sus circuitos. Como mínimo, puedo afirmar que, si los personajes de la peli de Tokyo Drift tuvieran un juego predilecto, este sería uno de los grandes candidatos. Y eso dice más de lo que parece.
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