Lo Que Nos Marcó – El Barco, la diversión de lo mediocre

Catástrofes con guiones poco creíbles

Lo Que Nos Marcó – El Barco, la diversión de lo mediocre
 

Hay series o películas que si nos marcan no es por su calidad, sino precisamente por lo contrario: hay un momento en el que lo mediocre divierte. Hay muchas en el panorama internacional, aunque en España destaca una si hablamos de un pasado más o menos reciente: “El Barco“, ficción producida por Globomedia (que ahora está metida de lleno en “Vis a Vis“, una serie de la más alta calidad) que terminó en 2013 tras tres temporadas y que quizás fuese la ausencia de Mario Casas en las series televisivas hasta que ha decidido participar en el nuevo proyecto de Movistar+.

Nació con la intención de ser la sucesora de “El Internado” y aunque en sus dos primeras temporadas la audiencia respondió (no así la crítica), la serie se tuvo que marchar por la puerta de atrás con un final que nos dejó helados al no ser decir si fue abierto o cerrado: todo vuelve a comenzar, decía uno de los personajes. Una nueva tormenta se desataba tras unas escenas aparentemente felices. ¿Pero qué ocurría después? Es algo que nunca sabremos, al igual que las numerosas cuestiones que se dejaron abiertas y que nunca se cerraron.

Y es que si algo define a “El Barco” es su propia indefinición y la incapacidad de dar respuestas a sus locas tramas. También destacó por ser una de las primeras ficciones de catástrofes (luego llegarían otras como la genial “La Zona“) en el panorama español pero se vio salpicada por una trama juvenil demasiado abundante, algo que opacaba las dosis de misterio que episodio tras episodio nos iban dejando los guionistas.

La trama juvenil, que intentaba contentar a toda la familia, protagonizada principalmente por Mario Casas y Blanca Suárez, carecía de interés narrativo pero fue lo que enganchó a los espectadores adolescentes a esta ficción de Antena 3. Una trama que iba del amor al desamor, las traiciones… Todo salpicado por tramas familiares entre los padres de uno y las madres de otro. Enredos familiares que se convirtieron con el paso de los episodios en el hilo conductor de la trama de la serie, aunque es cierto que en la tercera temporada los guionistas apuntaron el camino correcto para tratar un poco, entre otras cosas, qué era el Proyecto Alejandría que tanto tiempo ocupaba en la mente de los protagonistas.

En cuanto a las catástrofes que veíamos, destacamos principalmente los efectos especiales. No eran espectaculares pero sí vistosos (aunque hoy en día chirríen algo más): superan por mucho a “Los Protegidos” y sus poderes y, aunque no llegaban al nivel de las series internacionales, muchos fueron los que alabaron esa parcela. No así las tramas que rodeaban a las situaciones inexplicables que vivían los protagonistas: si bien el punto de partida es interesante (un fallo en el acelerador de partículas del CERN), lo cierto es que se daban situaciones hilarantes: desde cataratas infinitas (un aspecto muy criticado el de estos dos episodios) hasta pájaros que caen sin explicación, pirañas gigantes…

Pero lo cierto es que todo esto divertía: era un cóctel propio de un guion mediocre que gustaba a los espectadores. Aunque finalmente nos quedamos sin saber muchas cuestiones que rodeaban a la iniciativa que realizó el Proyecto Alejandría, cada episodio entretenía en sus más de 70 minutos de duración. Pero más allá de esto, había otro aspecto cuestionable.

Hay actores como Irene Montalá que cumplían perfectamente su papel, pero otros como Juanjo Artero o el propio Mario Casas, que ahora no tiene nada que ver en cuanto a actuación, que no solo lo hacían mal, sino que encima exageraban sus diálogos, no los hacían creíbles. Esto es algo que reduce la credibilidad de lo expuesto en pantalla, algo que nunca debería suceder en una serie de ciencia ficción cuya premisa ya es complicada de aprehender.

Tampoco ayudaban los diálogos de los guiones, vacíos de contenido y casi sin sentido en muchas ocasiones, con agujeros más grandes que el tornado que tuvo que sortear en una ocasión el propio Velero. Y que decir de los emplazamientos publicitarios que había en la serie: Coca-Cola para todos. El mundo se termina pero siempre quedaba Coca-Cola. Al igual que pasta de dientes, puesto que todos se lavaban los dientes meses después de zarpar en el baño, el la popa, en los camarotes… Situaciones increíbles que pocos toleraban pero que, como decimos, entretenían dentro de la mediocridad.

Esta fue una de las últimas series en ser emitidas antes del giro que ha dado la ficción española y quizás debemos agradecerle que por su mediocridad, divertida eso sí, hemos visto series como “Vis a Vis”, “La Casa de Papel” o “El Ministerio del Tiempo”. Por eso decimos que nos marcó “El Barco”: una serie que muchos millenials recordarán.


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