Crítica: Taxi a Gibraltar – Una comedia que deja de ser comedia cuando no hace gracia

Se estrenó el pasado viernes

Crítica: Taxi a Gibraltar – Una comedia que deja de ser comedia cuando no hace gracia
 

Dani Rovira ha sido uno de los actores más importantes de esta década pero, con el paso de los años, su popularidad podría haber caído en picado. Comenzó con sus geniales monólogos y continuó en el cine con películas taquilleras como «Ocho Apellidos Vascos» y «Ocho Apellidos Catalanes», en los que el andaluz gustó mucho al público. En cambio, exceptuando «Superlópez«, encadena varios fracasos como «El Futuro ya no es lo que era», «Miamor perdido» y «Thi Mai: Rumbo a Vietnam». Ahora regresa con «Taxi a Gibraltar«, una comedia que tenía todo para triunfar pero que falla en lo esencial: en el humor.

Comenzamos primero por lo positivo: la factura técnica cumple de sobra, con varias secuencias de acción muy logradas que permiten eliminar la sensación de «serie en forma de película» que hemos visto incluso en producciones como «Ocho Apellidos Vascos» y su secuela, arriba mencionadas como éxitos. Alejo Flah ha podido trasladar a la pantalla una road movie que requiere de grandes exteriores con una fotografía bastante conseguida.

Su argumento tampoco es malo, aunque intenta recuperar el espíritu de el «Oro de Moscú«: un viaje hacia Gibraltar para hacerse con uno de los mayores tesoros que hay en la Península Ibérica, oculto bajo el peñón situado más al sur de nuestro territorio. Tenemos una trama que juega con los clichés regionales, elemento que permite vertebrar un humor muy conocido ya por los espectadores, pero, ¿funciona? En este caso, no, y esto depende, en su mayor parte, de uno de los principales errores de «Taxi a Gibraltar«: el reparto, que solo salva a un Dani Rovira más adecuado que en otras ocasiones.

Si bien la historia no está nada mal y puede llegar a entretener, los diálogos están tan mal construidos que actores como Joaquín Furriel, Ingrid García-Jonsson y María Hervás que no pueden hacer otra cosa que bajar su nivel interpretativo. De ahí, obtenemos unos personajes nada creíbles que van de situación en situación, de escenario en escenario, sin saber muy bien por qué. Es es lógica narrativa lo que, junto a los diálogos, más hace peligrar a una comedia que no hace gracia. Si ocurre un hecho que debería ser considerado como divertido, si no sabemos por qué ocurre este deja de tener gracia.

Le falta la frescura que en su momento tuvieron películas como «Villaviciosa de Al Lado» o «Perdiendo el Norte«, que lograron al menos contentar a un público que ya se conoce todos los mecanismos con los que los directores y guionistas consiguen atrapar con el humor. Repetir papeles como el típico argentino psicólogo que le gusta ligar está muy visto; el típico andaluz, que vive más despreocupado que el resto de españoles; o unos llanitos, habitantes de Gibraltar, que parecen casi caricaturas de sus homónimos reales.

Por lo tanto, nos queda una película ni siquiera a medio gas, sino que parece que su equipo creativo no se esfuerza en hacer reír, y que confía en un Dani Rovira para salvar la función. Ni él, que más que actuar hace de sí mismo, ni el resto del equipo, pueden hacer nada para lograr que «Taxi a Gibraltar» resulte una comedia entretenida.