Crítica de Mr. Link: El origen perdido – aprendiendo a vivir

Viajar acompañado para encontrarse a uno mismo

Crítica de Mr. Link: El origen perdido – aprendiendo a vivir
 

Aunque la fórmula se ha ido disolviendo con el paso de los años, y especialmente con el paso de diferentes directores, Laika ha sabido mantener cohesionado el espíritu narrativo y visual que tan bien compactó en “Kubo y las dos cuerdas mágicas”. El fulgor de aquella cinta no se ha podido recuperar en trabajo sucesivos, pero el lenguaje sí ha sido capaz de ir evolucionando adaptándose a los distintos propósitos de las producciones, buscando ese sello tan valorado dentro del mundo de la animación. “Mr. Link: El origen perdido” es el último eslabón de la maduración que ha llevado al estudio del road trip naíf amparado en la fantasía más conservadora, al desarrollo dinámico de valores abiertos a interpretación.

Chris Butler, quien ya firmara las correctas “Los mundos de Coraline”, regresa a la dirección para recoger todo el pastiche de ideas y conceptos que Travis Knight forjó en los primeros pasos de Laika, y los transfiere a la historia más redonda de la compañía. Un relato que no busca alcanzar los matices y las reflexiones ajenas al relato de corte infantil, pero que roza la improvisación de forma permanente. La excusa, la búsqueda del eslabón perdido de la evolución humana, permite al director desparramar la aventura en un viaje no ya regional, sino mundial. Y ese es precisamente el fuerte de la cinta.

No hay parajes de neón, ni simbología mitológica derivada de ninguna cultura en particular. “Mr. Link: El origen perdido” es más terrenal. Busca la simpleza en pos de la efectividad, y en el camino delinea un road trip de sabor spielberiano por finales del siglo XIX. Butler no esconde los paralelismos con la saga Indiana Jones, adhiriendo a sus personajes un carisma chispeante que llena de vitalidad todo el metraje. Y lo mismo sucede con el itinerario que siguen los protagonistas; un camino por biomas intencionadamente antagónicos capaces de potenciar el músculo visual del costoso stop-motion. Sin entrar a bucear en la red de sentimientos e intereses que existen entre el aventurero, su compañera, y la criatura, la cinta ya parte de unos cimientos increíblemente dulces.

Pero hablar de “Mr. Link: El origen perdido” no es hacerlo del desierto, los bosques de la Norteamérica inexplorada, o los templos del Himalaya. El perfume de Laika sigue presente más que nunca en un relato que el director quiere vender como un viaje de aventuras clásico, pero que en realidad es una disección diametral del amor propio y la soledad. Sir Lionel Frost es el Sherlock Holmes de la exploración; un héroe desenfadado, torpe, y demasiado absorto por sus sueños, que se dedica a buscar criaturas extrañas por todos los rincones del mundo. A pesar de estar rodeado de un envoltorio de perfección preconcebida, su errática personalidad le permite al estudio jugar con dinamismo. Y ahí entra en acción la pólvora de esa dinamita.

Mr. Link: El origen perdido

Tras fracasar intentando conseguir una prueba de la existencia del Monstruo del Lago Ness -en una secuencia introductoria tan fina como divertida-, Lionel se propone su misión más compleja de todas. Cansado del descrédito con el que le miran desde el Club privado al que quiere pertenecer, se embauca en un viaje para encontrar a la que podría ser la clave para entender la evolución del Homo sapiens. Lo que se encuentra sin embargo, dista de ser el Arca Perdida. En todo relato heroico se necesita un enclave cómico, y aquí ese papel lo representa el Sasquatch, una suerte de Bigfoot compuesto por referentes populares de toda clase, que termina por adueñarse de la película en pocos minutos.

Butler se esfuerza una y otra vez por equilibrar el protagonismo regalándole al héroe casi todas las escenas importantes del metraje, haciéndole estridente, cansino, y hasta entrañable de lo inepto que resulta. Pero en pocas pinceladas esta criatura con nombre propio -se lo pone ella misma- demuestra ser una entidad con mucho más recorrido y posibilidades. Es el Yang de Lionel, un ser abandonado a su suerte en el mundo que busca a los suyos para tener un lugar en el que sentirse querido. ¿Son en realidad ambos tan diferentes? En las formas sí, pero en el fondo los dos comparten ese componente de nihilismo propio de quien busca definirse a través de los demás.

Mr. Link: El origen perdido

Lionel insiste una y otra vez en buscar la aprobación de quien tiene alrededor para justificar una vida atada al escepticismo y las miradas de los demás. Sasquatch siempre ha soñado con tener a alguien en quien poder volcar todo su cariño y empatía. No es casualidad que los dos terminen encajando con una soltura y calidez tan efectiva. Construidos desde cero como un todo de dos piezas, los protagonistas hilvanan diálogos con ingenio, evolucionan personalmente mientras se van conociendo a sí mismos, y terminan encontrando la felicidad en donde menos la buscaban. Laika vuelve a utilizar la trama principal como un macguffing en el que esconde con inteligencia un relato personal de autosuperación y lecciones vitales.

¿Qué papel cumple en esta ocasión la figura femenina? Con la misma autoconsciencia paródica con la que Butler delinea a su pareja estrella, también construye el personaje de Adelina Fortnight; una dama aguerrida y adinerada con la que Lionel comparte un pasado amoroso. “Mr. Link: El origen perdido” recoge aquí tropos del machismo del western con intencionalidad, y los subvierte haciendo de la dama en apuros una heroína autosuficiente y carismática. Bien es cierto que no deja de ser un simple apoyo emocional de los otros dos protagonistas, pero es de agradecer que el director evite la anquilosada trama amorosa a pesar de contar con la carta blanca de la calificación familiar.

Mr. Link: El origen perdido

Poco a poco Laika va demostrando su habilidad a la hora de construir personajes y desarrollar temáticas, sin caer en soluciones fáciles amparadas en la naturaleza del género. Esta cinta es un relato honesto y transparente que no renuncia a presumir de la ingeniería narrativa que esconde bajo esa superficie amable. El lenguaje del estudio va más allá de una línea visual homogénea, o de la preponderancia del stop-motion por encima del VFX. Es una filosofía capaz de adaptarse hasta adquirir una forma economizada en función del guion, y de hacer soñar al espectador a través de historias reales cargadas de moralina. La búsqueda del eslabón perdido es en realidad la búsqueda de uno mismo, pero “Mr. Link: El origen perdido” no duda en disfrutar del camino.

Ismael Moreno
Redactado por: Ismael Moreno
Escribo mucho y a veces bien. Lidero un equipo de patatas. Seguidor incondicional de Inio Asano. Otaku pero no mucho.