Crítica de Ataque a los titanes 3×20: Un pasado manchado de nihilismo

Isayama convierte a Grisha en el conductor de un DeLorean relativista

Crítica de Ataque a los titanes 3×20: Un pasado manchado de nihilismo
 

Aquel día me encontré con la verdad“. Tras seis años vagando por un mar de preguntas sin respuestas, ambigüedades dolorosas, y un drama amparado en lo emocional, Isayama por fin levanta el velo. “Ataque a los titanes” suelta ese macguffing tan poderoso que la había mantenido atada al suspense artificial de lo desconocido, para dibujar los cimientos de su universo. La revelación del secreto del sótano de Grisha no solo introducía un cambio de paradigma en el estilo narrativo de la serie, sino que además abría las puertas al punto de inflexión necesario para salir del bucle de tensión y órdagos en el que se había sumergido la historia durante los últimos episodios.

Se acabaron las insinuaciones. Wit Studio se embebe de esa actitud proactiva que impregna el mangaka sobre las viñetas, para afrontar con determinación el tramo narrativo más importante de toda la obra; abandonando transiciones innecesarias, y dejando atrás el tono reiterativo de la pasada semana. El flashback que servía como cliffhanger y baipás para el arco narrativo, se descubre como un racconto de corta duración por el que el estudio va navegando mientras introduce decenas de nombres nuevos, y construye el tan perseguido lore de la saga. El relato se merece un detenimiento aparte.

Hace 1820 años nuestra antecesora Ymir Fritz pactó con el demonio de la Tierra y obtuvo el poder de los titanes. A la hora de su muerte fragmentó su alma en nueve titanes y formó el imperio de Eldia.” Isayama enseña aquí sus cartas amparándose en el atractivo simbólico que desprende el famoso tropo de la literatura fantástica sustentado en la magia como un pasado perdido en un mundo que venera tiempos mejores. Los paralelismos se construyen solos (La Tierra Media, Poniente, etc), pero el mangaka no se limita a parafrasear referencias.

Mientras “Ataque a los titanes” bucea en su propio pasado para dar sentido a la crueldad con la que disfrutaba recreándose, va aportando su propia personalidad al lore. Y es que no solo se perciben trazos de otras grandes sagas del género en su universo, sino también pinceladas de periodos importantes de la historia; desde los guetos judíos con los eldianos encerrados en la zona de internamiento de Liberio, hasta la propia Biblia con la figura divina de la fundadora y el posterior retrato desdibujado del héroe mártir en Grisha. Todas ellas referencias conscientes que aparecen plasmadas con claridad pero también con intencionalidad, en un equilibrio proporcional perfecto.

Derrocó a la nación de Marley y dominó el continente entero. Entonces comenzó la ‘Época oscura’. El pueblo de Ymir oprimió al resto de pueblos que creía inferiores. Les robaron tierras y bienes. Obligaron a que tuvieran hijos, a los que convertían en gente de los suyos“. Al tiempo que se desvanecen las sombras de la cronología, también van esfumándose algunos de los preceptos que hacían de la serie una entidad imposible de abarcar moralmente. Isayama establece bandos, instaura las semillas de una guerra, y deja de lado el tono maquiavélico para abrazar un estilo más vulgar e impactante. O eso quiere hacernos creer.

Esa purga continuó durante 1700 años. Pero la antigua nación de Marley se infiltró entre las filas de Eldia, y consiguió controlar a siete de los nueve titanes, ganando la guerra de los titanes hace 80 años“. “Ataque a los titanes” vuelve a manchar de nuevo a todas sus facciones del mismo gris con el que había cubierto a los distintos supervivientes del interior de los muros. La relatividad moral aparece para aplacar cualquier atisbo de estructuración que facilite el juicio de valores rápido, nadie es bueno ni malo. El libre albedrío y la naturaleza humana siguen siendo los dos factores con los que juega el mangaka para impedir encauzar la historia por senderos maniqueos. ¿Respuestas? Sí, pero sin perder de vista la fórmula del éxito.

Y entonces el episodio nos empuja directamente hacia el presente, hacia el punto de referencia que ha tomado en el pasado para tejer su nueva rama de conflictos e intereses. “El rey de Eldia construyó tres murallas en la isla de Paradis y huyó de allí con su gente“. Los nombres siguen apareciendo uno tras otro en lo que podría haberse convertido en una saturación de información para el espectador. Sin embargo Wit logra volcar una adaptación del manga dispersa, fluida, de una claridad asombrosa. Y lo hace mientras va cocinando la trama que contextualiza el pasado de Grisha y conforma su leyenda como salvador de los suyos. Es su padre quien narra la historia, quien confiere al relato de un sesgo ideológico que hace imposible abandonar la sensación de inseguridad a la que Isayama tanto le gusta recurrir.

La lobotomía inducida por el miedo que padece el progenitor pone la primera piedra en su camino para abrazar el fanatismo y el idealismo ciego. Grisha ve cómo el régimen que mantiene a su familia repudiada socialmente, asesina a sangre fría a su hermana de tan solo 8 años. Cómo ocultan información y salen impunes. La carga emocional es tan intensa, que cuando con 18 años entra en contacto por primera vez con una célula de resistencia, su destino ya está grabado a fuego. “¿Quién se equivoca, el mundo o yo?La búsqueda de una identidad es recurrente a lo largo del episodio, pero la deriva se construye sola. “Probablemente ambos“.

Isayama no duda en jugar con fuego arrojando a su protagonista al borde del populismo más ciego. No hay convergencia clara, pero es explícito el espíritu que el autor recoge del nacimiento de Hitler como figura heroica en la Alemania derrotada de entreguerras. Grisha aporta esperanza a los suyos, y manipula la información para reforzar sus ideas totalitarias. “Somos la gente de Ymir ¡Los elegidos de los dioses!“. Su ideal de venganza se va tiñendo de odio, mientras el error moral se equilibra haciendo de los dos bandos un mismo eslabón propicio al clásico fratricidio de guerras.

Con esa base narrativa y temática establecida, Wit comienza a tender puentes con el elenco principal de la serie por los que va discurriendo los condicionantes para empatizar. Y es que aunque todos los personajes y las localizaciones son nuevas, el parentesco entre Grisha y Eren facilitan un cierto apego emocional de cara al espectador. Cosa que Isayama además refuerza inteligentemente al incluir en el puzle la figura de Dina Fritz, y especialmente la de Zeke; reconvertido este último en la gran revelación del episodio. En el hermano perdido del propio Eren. ¿No era un enemigo?

A pesar del esfuerzo creativo depositado para poner las primeras piedras del lore, el mangaka no pierde de vista el juego de ideas y significados que está sembrando en la mente del espectador. Cómo se van encajando las piezas de cara a dar sentido al sinsentido que conformaba la serie. ¿Son Eren y compañía los villanos? ¿Lo son los titanes? La equidistancia de la serie termina de saltar por los aires cuando Grisha comete el error de su vida, y queda retratado como un villano. Inducir a su hijo al adoctrinamiento al que le sometió su padre solo ahonda en el nihilismo con el que Isayama confeccionó las bases de “Ataque a los titanes”. Y no se queda ahí.

Zeke traiciona a los suyos para proteger a sus abuelos, y empuja a su padre y a sus camaradas a una muerte segura en el desierto de Paradis. La elección moral parece haber sido tomada, solo hasta el momento en el que aparece contra todo pronóstico el primer villano arquetípico de toda la saga. La revelación de Kruger -el oficial que se compadeció de Grisha tras la muerte de su hermana- como el Búho -infiltrado entre los hombres de Marley– queda sepultado por el aterrizaje pestilente y flemático de Gross; un malo clásico cuyo impacto se ve multiplicado por la vehemencia de sus palabras en un universo reacio a absolutos.

Quiero ver la crueldad de los seres humanos. La paz está bien, pero siento que me falta algo que me haga sentir vivo“. Sus palabras dibujan la mente de un psicópata, pero esconden un manifiesto directo del autor hacia los espectadores. “Afronto la crueldad del mundo e intento entenderla“. Gross, quien pretende ser el más perverso de todos los pseudoenemigos presentados en la serie, resulta ser el único consciente de quién es el enemigo real. El único capaz de comprender el núcleo moral y filosófico de “Ataque a los titanes”. La naturaleza humana aboga al mundo al caos. No hay salvación. Pero ahora el fin no justifica los medios. Vuelta a empezar.

Ismael Moreno
Redactado por: Ismael Moreno
Escribo mucho y a veces bien. Lidero un equipo de patatas. Seguidor incondicional de Inio Asano. Otaku pero no mucho.