Análisis ELEX

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Hace unos cuantos meses que se anunciaba ELEX, el nuevo proyecto en el que se embarcaban los chicos de Piranha Bytes, un estudio veterano con sagas a su espalda como Gothic. ELEX se mostraba desde el principio como un proyecto ambicioso, uno de esos juegos que, a pesar de no contar con un gran apoyo económico detrás, buscaban llegar para hacerse con un hueco en la pelea con los más grandes.

Lo nuevo de Piranha Bytes se presenta como un RPG moderno, uno de esos títulos con un enorme mundo abierto a nuestra disposición, con una jugabilidad cargada de acción y muchas cosas por descubrir a lo largo de la aventura. Pero, ¿ha conseguido el título ser lo que prometía o se ha quedado a medias? Si queréis saber la respuesta acompañadnos porque comenzamos con nuestro análisis de ELEX, el prometedor título de Piranha Bytes.

Un universo que impresiona

Lo primero que llama la atención al entrar al universo de ELEX es la peculiar propuesta con la que el juego intenta engancharnos. Piranha Bytes nos sitúa en un mundo postapocalíptico en el que, tras la caída de un meteorito, la civilización tal y como la conocemos ha sucumbido. Sin embargo, el impacto del astro ha traído consigo un material exótico conocido como ELEX, el cual ha dividido a los supervivientes de la catástrofe, que se han unido en tribus según el uso que desean darle a este extraño material.

De esta forma se nos presentan las diferentes facciones del juego que, al menos en principio, huyen de estereotipos para presentar cada una su propia moral dentro de la guerra que se libra en este universo, y que las enfrenta a todas entre sí, pero también con un enemigo común que, en esta ocasión, sí se presenta como el malo de la peli. Las tribus que pueblan el mundo del videojuego nos muestran varias actitudes frente al ELEX; hay quien rechaza su uso para abogar por una vuelta a la vida de antes del impacto, quien prefiere usarla para el desarrollo de alta tecnología y quien la consume para adquirir habilidades sobrehumanas. Y aquí en el medio estamos nosotros, abandonados por nuestro ejército, con sed de venganza, nada de equipamiento y urgencia por sobrevivir.

Con estas premisas, Piranha Bytes presenta un universo que logra convencer y, al menos de primeras, meternos en la historia que quiere contar. Sin embargo es precisamente esta historia y, en general, la narrativa de ELEX, la que echa por la borda el trabajo realizado en el universo del título. Desde el primer momento nos encontramos con una historia en la que la libertad se nota artificial. Podemos unirnos a las facciones desde el principio, sin que lleguen a notarse reales los personajes o sus motivaciones. Sí, podemos hacer lo que queramos, pero es más una decisión arbitraria que algo trabajado y basado en las experiencias que el juego nos propone. Los personajes y facciones nunca llegan a convencernos de su veracidad y, aunque haya misiones a puñados para completar, nunca llegamos a sentirnos parte de la historia que el videojuego nos cuenta.

Un RPG más

Entrando de lleno en el tema de la jugabilidad, que al final es uno de los pilares de un videojuego de las características a las que ELEX apunta, nos encontramos con tantas luces como sombras. De nuevo, el apartado positivo lo pone el universo y las implicaciones que esto tiene en la obra. El mundo en el que ELEX nos coloca es como un enorme campo de juego abierto, aunque no desde el comienzo, a nosotros para explorar, investigar y, básicamente, hacer lo que nos de la gana. Las premisas jugables toman esta libertad como uno de los pilares y construyen a partir de aquí el resto de apartados. Gracias a este universo ELEX llega dotado de una gran cantidad de objetivos que completar, zonas que investigar, dungeons que completar y materiales que recoger para poder crearnos nuestro propio equipamiento. En este sentido, Piranha Bytes cumple los deberes y ofrece una obra con contenido a raudales en donde los amantes de los mundos abiertos tendrán un producto que exprimir hasta hartarse.

ELEX

Desgraciadamente, esto no se traslada al resto de premisas jugables. El enfoque de ELEX es el de un RPG moderno en el que la acción juega un papel importante, incluyendo una vista en tercera persona y combates en tiempo real en los que sacar a relucir parte de nuestra habilidad. Sin embargo, aunque esta premisa no tenga nada malo de por sí, el hecho de que el combate sea un total desastre es una lacra enorme para toda la experiencia. En el combate con armas cuerpo a cuerpo nunca queda claro cuándo vamos a golpear a un enemigo, ni tampoco cuándo vamos a esquivar sus golpes, pues la IA parece reaccionar de una forma casi aleatoria a nuestros movimientos, haciendo de este tipo de peleas algo muy injusto. Pero el combate con armas de fuego y a distancia no mejora, y es que aunque el apuntado sea mejor, la sensación de disparo no está nada conseguida, y parece que estemos disparando balines en lugar de balas de un calibre suficiente para agujerear un enorme mecha.

A nivel jugable, como podéis ver, nos encontramos con un título que cuenta con varias señas de identidad de Piranha Bytes, pero que no logra recuperar el gancho de las obras más exitosas del estudio, quedándose como una propuesta muy prometedora pero que, excepto para los más fans del género, probablemente no consiga enamorarnos. Además, el ritmo para la campaña no es el mejor, y es que la limitación de nivel que imponen algunas zonas y misiones principales nos obligan a realizar un gran número de objetivos secundarios, haciendo el progreso tremendamente lento.

En resumen, desde el punto de vista de la jugabilidad, ELEX es un juego mediocre que no cuenta con la personalidad que intenta transmitir el mundo en el que se ambienta. Todas las mecánicas son reciclados que recuerdan a otros títulos y que no añaden absolutamente nada a estas fórmulas que ya existen. Esto, junto a un sistema de combate que no convence en absoluto, acaba resultando en una experiencia más frustrante que divertida, lo cual es toda una pena teniendo en cuenta las buenas bases sobre las que se asienta el videojuego.

 

 

Un juego de hace años

Pero es el apartado técnico y visual en el que ELEX más flojea. Como punto positivo en este aspecto podemos decir que el universo (sí, está muy bien hecho y por eso es un punto a favor en todos los apartados), es, a nivel artístico, una creación notable. El diseño del mapa, los enemigos, las edificaciones y todo lo que nos rodea está bastante inspirado y mezcla una estética apocalíptica con toques medievales y futuristas, todo en un mismo producto que consigue aglutinar estos estilos tan dispares de una forma estupenda.

Sin embargo, son los modelados y texturas los que echan por la borda todo el trabajo artístico, haciendo que el juego luzca como una obra de hace 10 años. ELEX es un auténtico desastre a nivel visual, y ya no hablamos en comparación con los grandes de hoy en día como The Witcher, sino de obras de carácter independiente como puede ser Absolver. En nuestro caso, hemos jugado la versión de PC y, con una máquina que cumple los requisitos recomendados y jugando con los ajustes gráficos al máximo, el juego sigue teniendo un aspecto gráfico muy por detrás de lo que se espera de un videojuego en 2017.

Por otro lado, las animaciones son otro de esos puntos en los que Piranha Bytes no ha hecho los deberes, ya que parecen sacadas de los primeros Gothic. Y si los combates no eran nada del otro mundo por mérito propio, el hecho de que las animaciones sean toscas y básicas, no ayuda en absoluto y es, en ocasiones, casi ridículo.

Respecto a la duración, como ya os decíamos, el juego tiene contenido a raudales y un enorme mundo para explorar. Una partida puede durar fácilmente más de 50 horas y, gracias a la libertad de elección, podemos rejugar la obra tranquilamente y ver caminos totalmente diferentes al seguido en un principio.

Conclusiones

En resumen, ELEX es un título que sienta unas bases espectacularmente prometedoras con un universo interesante y un mundo enorme y lleno de cosas que hacer y secretos por descubrir. Sin embargo, todo lo que tienen sus pilares de prometedor lo tiene el producto como conjunto de decepcionante. Las mecánicas jugables son realmente genéricas y, si no sois fans acérrimos del género, es posible que aborrezcáis rápido el juego, en gran medida debido a un sistema de combate con demasiados fallos técnicos como para resultar divertido.

Pero, sin duda, el apartado que más daño le hace a la obra de Piranha Bytes es el técnico. El envoltorio visual de toda la obra es simplemente terrible, luciendo como un videojuego de hace 10 años y haciendo mucho más dura una experiencia que debería habernos enganchado y enamorado desde el primer minuto que pasamos con todos los habitantes de este extraño mundo.

En definitiva, la historia de ELEX es una metáfora de lo que es el videojuego: la llegada de un producto con el potencial de revolucionarlo todo, pero que se disuelve en errores para acabar resultando un puñado de aspectos diseminados que parecen luchar más por no entenderse que por hacerlo. Desde luego, si buscáis un RPG de acción y mundo abierto en el que perderos explorando y recogiendo todo lo que encontráis, ELEX puede daros muchas horas de diversión; pero si este no es vuestro caso, probablemente haya opciones mucho mejores, más completas y más redondas en el mercado. No será ELEX la obra que haga a Piranha Bytes volver al puesto que un día ocuparon en la industria, pero confiamos en que cada error del presente signifique para el estudio estar un paso más cerca de brindarnos una obra como las de antaño.


Positivo

  • El universo del juego tiene mucha personalidad
  • Hay mucho por hacer y descubrir
  • Explorar el mundo abierto resulta divertido
  • Libertad total

Negativo

  • A nivel visual está años por detrás de lo esperado
  • La narrativa no acaba de convencer
  • El sistema de combate tiene fallos graves
  • Las mecánicas jugables se sienten totalmente genéricas
  • En conjunto, no logra convencer
6

Jugable

Política de puntuación

Víctor Rodríguez
Videojuerguista desde siempre. Fan incondicional de Fallout y Star Wars y amante del RPG viejuno. Hablo de videojuegos, cine, series o lo que me dejen. Ah, y me gustan los números.