Esta semana hemos sido testigos de la deriva de Sony en cuanto a PlayStation se refiere tras el cierre de uno de los estudios más queridos por todos nosotros, Bluepoint Games, que ha sido fulminado después de haber sido comprado por la empresa japonesa hace tan solo 5 años. Bluepoint Games era un estudio del que todos esperábamos cosas muy grandes, y su cierre ha sido una muy mala noticia para el sector que ha enfurismado incluso a los más adeptos a la compañía japonesa. Sin tan solo habernos podido recuperar de esta trágica noticia, se viene ahora la marcha de Phil Spencer como jefe de Xbox y la dimisión de Sarah Bond. ¿Estamos ante un punto de inflexión que podría marcar el mundo de los videojuegos tal y como lo conocemos?
Durante la generación de PlayStation 4 y Xbox One, el liderazgo de la compañía japonesa ha sido incuestionable, tanto en ventas de hardware, software y en cuanto a títulos se refiere. PlayStation dominó a la perfección a Xbox gracias a sus grandes producciones narrativas, estudios con personalidad propia y lanzamientos que marcaban tendencia. Aquella etapa nos dejó títulos de autor con ambición técnica y emocional que definieron la generación.
Hoy, sin embargo, el panorama es más ambiguo. Tras la salida de Jim Ryan, la compañía parece estar reconfigurando prioridades en medio de una tormenta interna que incluye cancelaciones, reestructuraciones y dudas sobre el enfoque en juegos como servicio.
La apuesta por los juegos como servicio o GaaS, no es, en sí misma, un error. El problema surge cuando esa estrategia amenaza con desplazar el ADN que hizo grande a la marca. La adquisición de Bungie se presentó como un movimiento maestro para dominar ese mercado. Sin embargo, los problemas financieros del estudio y los ajustes posteriores han sembrado dudas sobre si la integración fue tan sólida como se prometía. El viraje hacia juegos como servicio parece responder a una presión evidente: los costes de producción se han disparado. Un AAA actual puede superar fácilmente los cientos de millones de dólares entre desarrollo y marketing. La solución corporativa es buscar ingresos recurrentes. Pero esto resulta incongruente por parte de PlayStation, pues sus títulos exclusivos siempre se han caracterizado por ser experiencias narrativas cerradas, ambiciosas y de gran producción. Cambiar la filosofía de producción de estudios acostumbrados a crear experiencias cinematográficas por propuestas centradas en la retención y la monetización no es un simple ajuste, es un cambio estructural.
Mientras tanto, estudios históricos como Naughty Dog han visto cómo proyectos multijugador ambiciosos eran cancelados o replanteados. ¿Es esto prudencia financiera o falta de visión clara?
Anoche nos cogió a todos por sorpresa la marcha de Phil Spencer de Xbox como CEO, la dimisión de Sarah Bond y la propuesta de su nueva CEO, una persona que, y lo digo con todo mi cariño y espero equivocarme, no creo que esté preparada para liderar la división de juegos de la compañía americana ya que, a pesar de su gran talento, no tiene experiencia previa en videojuegos.
Spencer asumió el liderazgo de Xbox en uno de sus momentos más delicados, tras el lanzamiento problemático de Xbox One. Su gestión se caracterizó por tres pilares fundamentales: recuperar la confianza del jugador, reforzar el ecosistema mediante adquisiciones y transformar el modelo de negocio con Game Pass. Bajo su dirección, Xbox recuperó la confianza de los jugadores, y a pesar de que presentó su hardware más potente (Xbox One X, y Xbox Series X), las máquinas físicas han dejado de tener tanta importancia para centrarse en ser una puerta de entrada a todo su ecosistema. Ahora todo es una Xbox.
Por otra parte, Xbox ha dejado de tener juegos exclusivos, pues ahora todos los juegos first-party de la compañía llegan también a PlayStation, de hecho sería una muy buena noticia si se tratara de un acuerdo retroactivo en el que los juegos de Sony lleguen a las máquinas de Microsoft, pero esto no es así. ¿Quién necesita ahora comprarse una Xbox?
La presentación de Game Pass, el Netflix de los videojuegos, fue una auténtica bomba. De hecho, aún lo es, pues no paran de llegar juegos mes tras mes al servicio, pero el último aumento de precios ha hecho que muchos jugadores hayan cancelado su suscripción, como es el caso del que escribe estas líneas. En casa somos 5 personas y hay que priorizar, no podemos invertir 30€ al mes en jugar un rato a la Xbox. Sin Game Pass, sin exclusivos para un jugador que merezcan la pena, mi Series X lleva desde antes de Navidad completamente parada.
Otro daño colateral de Game Pass es que los jugadores ya casi no compran juegos físicos para Xbox, por lo que los publishers se lo piensan dos veces antes de invertir un dinero que no puedan recuperar después, hemos visto ya varios títulos con ediciones físicas para PlayStation/Switch, pero que se han quedado sin su edición para Xbox; y no me extraña, Game Pass es un arma de doble filo.
Aunque PlayStation y Xbox parecen vivir realidades distintas, comparten un mismo dilema: cómo adaptarse a un mercado que ya no se rige exclusivamente por la venta de consolas y juegos individuales.
La industria ha cambiado radicalmente:
En este contexto, ambas compañías buscan estabilidad en medio de la transformación. Sin embargo, sus movimientos transmiten incertidumbre.
PlayStation intenta diversificar su modelo sin perder su identidad. Xbox apostó todo a una redefinición estructural bajo Spencer y ahora debe demostrar que el proyecto puede sostenerse sin su arquitecto principal.
Ambas compañías repiten que el jugador está en el centro de sus decisiones. Sin embargo, muchas de las últimas medidas parecen responder más a presiones de mercado que a demandas reales de la comunidad.
El jugador quiere buenos juegos, sí. Pero también quiere transparencia, estabilidad y coherencia. La sensación de improvisación o de giros estratégicos constantes erosiona la confianza.
Si PlayStation continúa cancelando proyectos sin ofrecer una hoja de ruta clara, la percepción pública puede resentirse. Si Xbox cambia radicalmente su modelo tras la salida de Spencer, puede perder el terreno ganado en credibilidad durante los últimos años.
Tanto PlayStation como Xbox están actualmente en un barco que va a la deriva sin rumbo claro, quieren adaptarse a un mundo que cambia rápidamente, pero no saben adaptarse y van dando palos de ciego, sin tener en cuenta que detrás de todo esto estamos nosotros, los jugadores. Al final seremos nosotros los que decidamos invertir en su negocio, o pasar de ellos y centrarnos en cosas diferentes. ¿Tú que opinas? Te leo en los comentarios.
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