Crítica de Blade Runner 2049: la perfección de la distopía

La famosa saga vuelve a brillar 30 años después

Crítica de Blade Runner 2049: la perfección de la distopía
 

Han pasado tres décadas desde que se abrieran las puertas de Tannhauser y los replicantes conquistaran el mundo. Los Ángeles ahora es una ciudad mucho más lúgubre, todo sigue en su lugar, pero la existencia del ser ha entrado en una profunda dicotomía entre el todo y el nada. Con esa premisa se nos presenta la continuación de una de las obras de ciencia ficción más influyentes de la historia del cine. “Blade Runner 2049” viene a revivir lo que ya hiciera Ridley Scott en su momento, en lo que parece ser una tentativa más de Hollywood por explotar económicamente sus licencias. Sin embargo, el trabajo de Denis Villeneuve pronto se descubre como una pieza de coleccionista, de esas que no se es consciente que se tiene entre las manos hasta que la pierdes, una composición profundamente compleja que merece la reflexión que nos invita a hacer, una película con lides de grandeza blockbusteriana pero disonante en cuanto a mensaje.

Denis Villeneuve llegaba a este proyecto atraído por Scott, tras triunfar sin remiendos en “La Llegada”, una cinta que sorprendió por la profundidad de su historia y conclusiones. Aquí el director canadiense vuelve a sustentarse en los mismos principios, pero acomodado por un reparto de lujo. Podríamos estar cerca de decir que en “Blade Runner 2049” tenemos la consolidación de una estrella y la confirmación de otra. Ryan Gosling lleva años en lo más alto de Hollywood, y “La La Land”  terminó de confirmarle como el intérprete que es. Sin embargo aún le faltaba dar un paso y alejarse de los papeles de chico malo que había tenido desde sus comienzos. En esta ocasión vemos a un Gosling sobresaliente, que se sintetiza con precisión en la piel del Agente K, un replicante dedicado a limpiar los restos de un antiguo imperio tecnológico.

En esta ocasión Villeneuve saca el máximo partido a las dotes del actor con una gran cantidad de primeros planos y una tensión constante. A lo largo de la película K irá descubriendo el significado de su vida, y eso lo representará mediante las gesticulaciones de Gosling. Todo esto está ayudado por la cierta inexpresión propia del protagonista, que resulta en una mezcla de pasividad típica de un replicante abocado a lo ordinario de la sociedad, pero que va descubriendo lo que hay más allá. No obstante, en esta profunda evolución no está solo, y es que aunque la vida en Los Ángeles de 2049 es solitaria y está dominada por la tecnología, el ser humano se ha provisto de ciertas herramientas para pseudoevitar la marginación del individuo. Es ahí donde entre Ana de Armas, la actriz cubana que termina de consolidar su carrera con el papel de la asistente virtual Joi, la nueva chica de la saga.

Como ya lo hiciera Sean Young en la “Blade Runner” original con Deckard, Joi es el activador del Agente K, una suerte de conciencia del protagonista que le ayudará a avanzar en el entendimiento de la existencia de su especie. Ryan Gosling y Ana de Armas conforman un dúo sólido y competente que absorbe y cubre la presencia de otros actores que quizás merecían algo más de atención. Hablo de Jared Leto, quien interpretaba a Niander Wallace, el líder de la corporación fabricante de Replicantes, y que resulta ser el villano de la historia. Aunque aquí de nuevo Villeneuve recurre al modelo clásico de estructura narrativa, pero pronto vuelva toda su atención en Gosling.  El reparto además lo completan actores como Dave Batista, Silvya Hoeks o Robin Wright, pero todos ellos tienen el mismo problema que el personaje de Leto; solo sirven como conductores de la historia del Agente K.

Quien por su puesto no se pierde en la interpretación de Gosling es Rick Deckard. Aquí Sony Pictures vuelve a hacer uso de Harrison Ford de la misma manera que lo hiciera Lucasfilm. El propósito de su personaje es cerrar una historia coral, unir a dos generaciones, y por supuesto, atraer a todos los fans de la película original a los cines. De su actuación no hay demasiado que destacar salvo el contraste que genera en pantalla con su sucesor como Blade Runner. Y es que Villeneuve utiliza a Deckard para mostrar el paso del tiempo, cómo todo sigue igual y cómo los eventos generados por un individuo hace 30 años no pueden cambiar el destino del mundo.

Es complicado hablar de “Blade Runner 2049” sin hacerlo de su historia, porque la película es puramente narrativa. No obstante tanto la ambientación como la inmersión en el universo futurista de la saga alcanzan cotas nunca imaginadas. Se podría pensar que el uso abundante de efectos especiales podría generar cierta disonancia, pero cada uno de los escenarios está recreado con un detallismo y cuidado que te descompone y te vuelve a recomponer dentro de la historia. Roger Deakins consigue con su fotografía aportar el tono lúgubre y gris de las historias de los Coenn, y lo remoza con una ambientación repleta de decorado construido y no recreado por CGI. La composición y el uso de las luces en cada escena no solo ayudan a construir cada momento, sino que son una proyección de los sentimientos de los que allí se encuentran. Aunque en la mayoría de las ocasiones predomina la niebla, la lluvia y la oscuridad, Deakins consigue atarte a la butaca desde el primer momento.

Si bien es cierto que en cuanto a aspecto visual estamos ante una de las mejores películas de los últimos años, esta sinestesia no sería posible sin la banda sonora. Un conjunto de piezas incidentales con fuertes toques electrónicos y psicodélicos compuestas por Benjamin Wallfisch y apuntaladas por el mágico Hans Zimmer, son las que terminan de dar forma a la magia de la investigación del Agente K. Entre los dos consiguen una banda sonora que, aunque no cuenta con temas tan memorables como el “Tears in Rain” de Evangelis, cumplen con su función de forma sobresaliente. Lástima que como ya ocurriera en “Interstellar”, el trabajo de Zimmer solo luzca acompañado de imágenes.

“Blade Runner 2049” es lo que siempre quiso Ridley Scott que fuera una adaptación de la obra de Philip K. Dick, pero que no pudo hacer por las limitaciones de su época. Las implicaciones filosóficas y existencialistas que se sembraron en 1982 aquí se desarrollan con maestría, y siguiendo la senda que estableció la saga en sus orígenes. Para aquellos que ya son fans de Deckard, en esta película encontraran un pequeño refugio en el que esconderse de tantas explosiones y espectáculos vacuos de Hollywood. Para las nuevas generaciones supone la entrada perfecta a un universo que lleva años enamorando a millones de personas, y que solo ha logrado consolidarse con el paso de los años. No obstante, existen dos grandes peros en cuanto a la recepción de la película: la promoción y la elipsis entre las dos entregas.

Sony Pictures conseguirá con “Blade Runner 2049” una taquilla de récord, atrayendo a miles de espectadores. Esto es consecuencia de sus métodos de promoción típicos de cualquier otro blockbuster, y cuyos tráilerers no son un reflejo real de lo que transmite la cinta. Eso puede terminar por llamar la atención de aquellos que busquen una historia de prototípica de aventuras y acción en un mundo cyber-punk y futurista, pero nada más lejos de la realidad. Acercarse a “Blade Runner 2049” no requiere haber visto la película original, ni los cortos precuelas que explican el lapso de 30 años, pero suponen un plus en la experiencia que ha creado Villeneuve. La película está construida de tal forma que no es necesario ningún contacto previo con la saga para disfrutrarla, pero hay ciertos personajes y referencias que te sumergen en la historia si se conocen los antecedentes. Esta cinta es un nexo importante con el final de Deckard en “Blade Runner”, y tanto él como otros personajes y lugares de esa producción aparecen aquí.

En conclusión, “Blade Runner 2049” es una de las mejores películas de ciencia ficción de los últimos años. La espectacularidad de los efectos especiales y de la música, se combinan para crear una alquimia que potencia de manera soberbia el mensaje que transmite la historia. Un guion lleno de guiños, referencias y cuestiones metafísicas, que aunque no reparan en la cuestión de la naturaleza del protagonista, sí ahonda en otros temas que van mucho más allá de los caprichos del ser humano y las consecuencias de sus actos. Todos los recuerdos de Roy Batty no se perderán como lágrimas en la lluvia, porque las puertas de Tanhausser se han abierto y la vida se aferra con fuerza a una saga más viva que nunca.


Contenido relacionado