Crítica de Death Note

Crítica de Death Note
 

“Death Note” es considerado uno de los mangas más populares del mundo. La obra de  Tsugumi Oda es un drama psicológico lleno de intriga y suspense que sirvió de ejemplo para crear historias más adultas y mejor construidas. Forma parte de una época perdida de la industria del manganime en la que la calidad y la originalidad eran las herramientas del éxito. En este nuevo live-action producido por Netflix se habían puesto muchas esperanzas, ya que la plataforma de video bajo demanda ha hecho muy buenos trabajos en cuanto a adaptaciones (véase el proyecto junto a Marvel con la serie “The Defenders”). Sobre todo después de la adaptación de “Castlevania” el futuro de “Death Note” era prometedor, pero no ha sido así.

El director Adam  Wingard, conocido por películas de terror como “La Bruja de Blair” o “Tú eres el siguiente”, ha tomado las riendas de esta adaptación estadounidense. Confiado en su experiencia en el género, Wingard quería alejarse de la tendencia de baja calidad de los remakes americanos. Sin embargo, su éxito ha sido parcial, pues se trata de una mera traducción al entorno estadounidense (mundo americano) para parecer más cool y moderno. Por el camino, todas las decisiones para diferenciarse, han sido un cúmulo de errores que han llevado a esta película por la senda equivocada.

Para empezar, la trama ha sido ligeramente cambiada. El origen sigue siendo el mismo: Light Turner, un estudiante brillante, tropieza con un cuaderno sobrenatural que tiene el poder de matar a cualquier persona cuyo nombre escriba en ella. Junto con Mia, una animadora del instituto que se enamora del protagonista, deciden acabar con todos los asesinos, terroristas y criminales impunes para hacer un mundo mejor y libre de violencia. Mientras tanto, un misterioso detective llamado L, pondrá todo su intelecto en la caza y captura del nuevo Dios, llamado Kira (asesino en japonés), que está ajusticiando a todos los criminales. Se trata de una versión simplificada que se limita a tratar los elementos básicos de la historia sin meterse en los grandes dilemas morales que forman los pilares de la serie original.

No es una tarea fácil querer adaptar una historia que se extiende a lo largo de 37 capítulos, el mérito estaría en tomar el punto adecuado y desarrollar la trama sin perder la esencia del original, pero este no es el caso. La película es una versión extremadamente ligera del duelo entre Ligth y L, ha pasado de ser un trhiller policial donde dos hombres extremadamente inteligentes se demuestran hasta donde son capaces de llegar, a un drama juvenil en el que una pareja de adolescentes inmaduros juegan a salvar el mundo. Quizás uno de los principales problemas ha sido poner al espectador del lado de Ligth,  lo que provoca una serie de contradicciones en el personaje que desconecta totalmente de la psique psicópata del protagonista original, el resultado es extraño que pone en el centro de atención la acción dejando de lado las motivaciones y las ideas de los personajes.

El resto de los personajes tampoco hacen mucho por encaminar la historia. La relación con Mia es demasiado artificial, no hace nada realmente llamativo,  se junta con Light porque quiere el cuaderno y el poder que esconde, es un poco psicópata al igual que él. Los roles en la pareja están cambiados, en la serie original Misa (Mia en la versión americana) está perdidamente enamorada de Light y siempre está dispuesta a hacer lo que él le pida. En la película la relación es más pasional y quien lleva las riendas y toma las decisiones relevantes es Mia, Light la sigue sin apenas rechistar, es una relación construida sobre el interés.

Además se echa falta una historia de fondo para Mia. No hay ninguna explicación sobre su motivación y por lo tanto, es un personaje pobre y que no aporta mucho a la trama. Por otro lado tenemos a L, que no solo no es japonés sino que es afroamericano, el resultado no es del todo malo, y consigue ser medianamente aceptable; no en el sentido que copie a L y sus metodologías, sino como personaje que contrarresta a Light. Aunque cuenta con una personalidad algo más trabajada que el resto de personajes sigue siendo un personaje demasiado plano. L que es un tipo calculador, tranquilo, que pasa de todo pero siempre está maquinando, sin embargo, aquí tiene un comportamiento impulsivo, nervioso y acelerado, cosas que él nunca haría, aquí lo hace porque el guion lo manda y resulta hasta paradójico.

Pero el principal problema de “Death Note” es su narrativa, esta se desenvuelve a un ritmo acelerado, en el que toca ideas muy generales pero que se pierde en los detalles, que son de gran importancia en la obra en la que se basa (como el rol de Ryuk, las reglas para usar el cuaderno o el culto que se genera en torno a Kira) y que jamás se atreve a ahondar. No hay una resolución orgánica de los acontecimientos, es un fallo del guion pero también una necesidad del mismo por el tiempo que dura la película. El resultado es artificial, muchos de los momentos supuestamente “importantes” no consiguen explicarse bien y los hechos que los justifican son demasiado pobres. Todo concluye con un final abrupto y totalmente intencionado para una secuela.

En general el elenco de actuaciones es bastante malo. El Ligth interpretado por  Nat Wolff es nefasto, además parece mucho más viejo que el adolescente que se retrata en la pantalla y  sus actuaciones exageradas nunca terminan por convencer y sus intenciones no terminan de resultar creíbles, aún y cuando se quiere mostrar serio o decidido. De igual manera, Lakeith Stanfield interpreta a un L casi perfecto en imagen, aunque un poco exagerado en sus manías. Incluso personajes secundarios como James Turner, el padre de Light, se aseguraron de que sus personajes siguieran llamando nuestra atención aunque la narración fuera inconsistente.

Afortunadamente, Wingard clavó el casting de Willem Dafoe como la voz de Ryuk, manteniéndose fiel a la estética del personaje del manga. Dafoe devora el papel y lo hace tan entretenido que solo mejora la película. Si bien es cierto que el shinigami al que da vida el actor carece un poco del sarcasmo de su versión japonesa, resulta difícil ponerle un pero a su actuación o encontrarle tantas faltas como al resto del elenco. Mantuvo la mayoría de las apariciones de Ryuk en sombras, y el rostro espeluznante de Ryuk le dio una presencia única en la película. Realmente parecía un demonio manga que cobró vida.

A nivel visual  la película es cumplidora, no consigue sorprender en ningún momento pero  no es tan mala o aburrida como el promedio de los live-action japoneses. La forma en la que ésta juega con los cuadros, secuencias y localizaciuones no es sobresaliente y sólo se limita a narrarnos su historia de una manera que sea coherente, no creo que sea algo molesto pero sí que la película se podía haber beneficiado más de un sentido orgánico de las cosas. El uso de la violencia es particular, tiene un tratamiento intenso que denota una estética  gore. No esconde presentar escenas salvajes pero a la par es muy comedida, es una contradicción constante.  Al margen de esto, en el anime original la banda sonora se utilizaba de una forma muy concreta, aquí lo hace de una forma más cool que otra cosa, le da cierto sentido musical a diferentes secuencias, pero lo fuerza hasta parecer casi un videoclip dentro de la narrativa, rompe con el ritmo de la misma y genera una interpretación opuesta a la que desea transmitir.

No es una adaptación uno a uno del manga y en ese sentido es cumplidora, añade más melodrama adolescente y condensa la historia del manga original de una manera que no siempre es satisfactorio de ver. Busca suspense, terror, romance pero no logra nada. Quizás con mejores intérpretes y un guion más estricto, Wingard podría haber hecho una mejor adaptación. Lo que vuelve a demostrar la película es que occidente no sabe comprender la naturaleza y el mensaje de la industria del manganime, y cada vez que tratan de destilarlo y traducirlo hacia sus formatos: falla estrepitosamente. Como adaptación es muy mediocre, como live-action es mejor que los japoneses. La película deja muchos aspectos cruciales en la sombra y añade otros totalmente nuevos e inventados. Era una apuesta arriesgada que podría haber renovado la historia pero haber funcionado bien. Sin embargo, existía la posibilidad de que fuera un fracaso por partida doble, y desgraciadamente esta opción se ha impuesto sobre las esperanzas de los fanáticos de Death Note.

Si sois seguidores de la obra de Tsugumi Oda ignorarla.  Es verdad que quienes no conocen la serie original podrían encontrar la película algo pasable, pero eso no le quita el hecho de que sea una adaptación mediocre. Otra oportunidad desperdiciada.


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