Crítica de los episodios 1 y 2 de Knightfall, la nueva serie de HBO

La nueva serie del canal History no sorprende en su intento de inmersión

Crítica de los episodios 1 y 2 de Knightfall, la nueva serie de HBO
 
 

¿Qué ocurre si a las cruzadas las intentas transformar en “Juego de Tronos” pero solo te quedas con la sangre? Es una pregunta a la que nos responde “Knightfall” la última serie del canal History que llega a España de la mano de HBO el próximo 7 de diciembre. Los caballeros Templarios se pasean por los 10 episodios de esta producción que nos traslada a la París de 1313 en una historia de traiciones, sangre y batallas que pondrán al Santo Grial una vez más en el centro de las dianas.

Ayer por la noche tuvimos el placer de asistir al preestreno de “Knightfall” que organizaba HBO España en el Teatro Luchana de Madrid, y allí pudimos además de conocer al protagonista, Tom Cullen, presenciamos los dos primeros episodios de la serie y disfrutamos de un cóctel amenizado por actores vestidos para la ocasión. Pero dejando de lado las apariencias ¿Merece la pena el próximo gran estreno de la plataforma para el mes de diciembre?

Una historia cien veces contada

“Knightfall” arranca con el famoso asedio de Acre, el último bastión de Tierra Santa duarnte la época de las Cruzadas, que cayó en manos del sultán mameluco Al-Ashraf Khalil en el año 1291. En ese lugar conocemos al protagonista, un cruzado llamado Landry (Tom Cullen), que junto a sus compañeros Gawayn (Pádraic Delaney), y Tancrede (Simon Merrells) están intentando encontrar el Santo Grial antes de que los musulmanes se hagan con el preciado tesoro. Desde esta premisa la serie salta 15 años hacia el futuro, y traslada la acción a la capital francesa, donde se desarrollará el resto de la trama.

Tras conocer las bases de la historia, “Knightfall” comienza a mostrar sus cartas y evidencia una clara falta de imaginación. La historia se funde con traiciones, tramas palaciegas, y una aventura clásica de “busca del tesoro” que recae una y otra vez en los tropos ya clásicos del género tan utilizados. Ni el soberbio rey de Francia (Ed Stoppard), ni su mujer la reina Juana de Navarra (Olivia Ross), ni ninguno de los miembros de su Corte consiguen despegar el olor a trillado de una historia que intenta una y otra vez negar la mayor con actuaciones correctas pero un trasfondo que no ofrece posibilidades interesantes para explorar.

La búsqueda de un “Juego de Tronos” queda palpable en el intento del canal History por recrear las fórmulas de aquella serie, con litros de sangre injustificados que no proporcionan el impacto que debería, escenas de sexo que resultarían vergonzantes para Tyrion, y unos efectos especiales que dejan entrever las costuras de la producción. Tanto el vestuario como las referencias históricas funcionan en la medida que nos aproximemos a “Knightfall” sin demasiadas pretensiones y con el único objetivo de pasarlo bien sin comernos la cabeza. El problema llega cuando ni siquiera estos propósitos se cumplen correctamente.

Se te ve en la cara que planeas algo

Acostumbrados a la multitud de capas que ofrecen las grandes últimas series, “Knightfall” se presenta como un videojuego lineal en el que hasta el tutorial te deja frío. En un contexto en el que las relaciones entre los personajes podrían construir una red compleja de intereses, el maniqueísmo sale a flote al menor esfuerzo de los guionistas por dejar claro quienes son los malos y quienes son los buenos. Es tan vago el intento por establecer algo de profundidad, que cada vez que el consejero de leyes del rey William de Nogaret (Julian Ovenden) aparece en pantalla, solo falta que un letrero nos indique abiertamente lo que pretende hacer.

Si en cuestiones palaciegas la cosa no funciona demasiado bien, ni hablar queda de lo que ocurre fuera de las murallas de la ciudad. ¿Qué puede querer un joven campesino al que el destino le presenta la muerte de su joven e inocente esposa? La venganza también tiene un lugar aquí en el papel de Parsifal (Bobby Schofield) y la sorpresa huye de él al igual que lo hace del resto de personajes. El lenguaje que presenta “Knightfall” invita una y otra vez a compadecerse por lo que les sucede a los protagonistas, pero el medio es tan conocido que lo único aprovechable es el ligero viaje que ofrece una ambientación histórica tan potencialmente interesante como esta.




En la famosa saga de asesinos de Ubisoft ya vimos cómo una historia religiosa y política podía resultar interesante si la narrativa estaba bien construida, y todos nos enamoramos de Ezio y su lucha con las Instituciones Santas. La presencia del Papa Bonifacio VIII (Jim Carter), conocido como El Santo Líder de los Templarios, no resulta tan efectiva como cabría esperar en “Knightfall”, y sus intenciones quedan al descubierto a los 10 minutos de su primera aparición. Y es que la serie deja claro una y otra vez que existen dos bandos; o estás con nosotros o contra nosotros. Y claro, ahí ya nos las conocemos todos.

¿Quieres un reino? Tengo ofertas

Puestas ya las cosas sobre la mesa, lo único que cabría esperar del canal History es cierta fidelidad a la hora de recrear una época. El siglo XIII ya ha sido explorado en decenas de ocasiones en el pasado, y series como “Vikings” ya demostraron de lo que es capaz un departamento de vestuario si cuenta con recursos y una buena documentación. “Knightfall” sin embargo decide tirar por la borda su mejor oportunidad para desmarcarse de un periodo tan tratado, con varios agujeros de guion gordos, y referencias que harían sonrojar hasta al estudiante de instituto más joven.

Aquí resulta que hasta el hijo del vecino tiene un reinado o una tierra a la que considera nación. No es necesario resaltar que en el año 1309 el mapa político que hoy conocemos distaba mucho de ser parecido, y las guerras y conflictos bélicos transformaban las barreras entre reinos constantemente.  En “Knightfall” no sabemos si con la intención de meter un punto de comedia, o por un fallo garrafal, nos encontramos con que Cataluña es un reino. Así se lo hace saber el embajador de dicho territorio al Rey cuando llega a la ciudad para conseguir la mano de su hija, la princesa Isabel (Sabrina Bartlett).

Cabe mencionar que Cataluña, lejos de problemas políticos actuales, era parte del reino de Aragón, y actuaba bajo la tutela del rey Alfonso IV. Este fallo es una muestra clara de las pretensiones de los creadores por contar una historia clásica en un decorado histórico sin demasiada profundidad. Al tropiezo además se le une el hecho de que llaman reino también Flandes, que en esa época era condado, y al Sacro Imperio Romano Germánico,  reino de Alemania. Un bonito traspiés que logró despertar las risas entre los que asistimos al preestreno, pero que erra en el propósito de inmersión y realismo de la serie.

Más y más de lo mismo

En definitiva “Knightfall” es una serie más de las ciento que se atreven a meter el pie en el pasado, y no sorprende ni en sus formas ni en su ejecución. Actualmente hay muchas otras series que ofrecen una trama similar, contada de manera más ingeniosa y una recreación mucho más fiel y apropiada para un género como este. HBO presenta una producción que pasará a engrosar la lista de su catálogo, y que aunque no es un completo desastre, resulta de lo más decepcionante.

Quizás con más tiempo, y habiendo visto ya toda la temporada al completo, “Knightfall” consiga arreglar el complicado edificio que construye durante sus comienzos. Más cabe decir que esto es solo una opinión, y cada uno podrá encontrar algo que le guste de “Knightfall”. El próximo 7 de diciembre sabremos si pasa o no la prueba de fuego.





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