Crítica de The Outsider: Jared Leto se sumerge en la Yakuza más genérica

La película se ha estrenado hoy en Netflix a nivel internacional

Crítica de The Outsider: Jared Leto se sumerge en la Yakuza más genérica
 

Netflix continúa imparable produciendo películas y sorprendiendo a los espectadores con su fascinante catálogo de marzo. “The Outsider” es la nueva cinta que la popular plataforma de streaming estrena durante el día de hoy habiendo sido dirigida por Martin Zandvliet, conocido por su trabajo en filmes como “Land of mine. Bajo la arena” o “Dirch”. Jared Leto es quien protagoniza esta historia que parece existir con el único objetivo de presentar a la audiencia occidental convencional las características más básicas de la Yakuza.

Ambientada en Japón tras la Segunda Guerra Mundial, Leto da vida a Nick Lowell, un soldado estadounidense encarcelado que comparte celda con un miembro de la Yakuza llamado Kiyoshi, a quien encarna Tadanobu Asano. Tras ayudar a su compañero japonés en una difícil situación, este le devuelve el favor liberándolo de la prisión. Una vez libre, Nick se dispone a ganarse su respeto y pagar su deuda mientras descubre el peligroso mundo del crimen organizado en Japón.

A pesar de que “The Outsider” se centra en la visión de Nick como gaijin (término japonés referido a los extranjeros, normalmente de forma irrespetuosa), el producto final queda absorbido por la continua sensación de estar presenciando una versión adaptada para los espectadores estadounidenses no familiarizados con películas de esta temática, véase Takeshi Kitano, Takashi Miike o Kinji Fukasaku. La pretensión de introducir a un actor oscarizado cuyo fin es simplemente atraer a más audiencia juega un flaco favor a la calidad del guion escrito por Andrew Baldwin (“Asalto en París”).

Sin embargo, la presencia en cierto modo inexplicable de Nick en la historia no es el mayor problema de la película, ya que su interpretación vacía de expresión en un esfuerzo por parecer un tipo rudo y estoico no resulta tan chirriante como la gama de clichés ofrecidos al dar por hecho que el espectador no tiene nociones suficientes para entender este mundo criminal. De esta manera, el guion evita sumergirse en el pasado del personaje de Leto, convirtiéndole así en la definición más simple y genérica de un extranjero.

Atendiendo a la premisa, la trama podría parecer realmente interesante, pero Nick es aceptado tan fácilmente como miembro de la Yakuza que la tensión dramática desaparece rápidamente. Por otro lado, el poco desarrollo de sus orígenes hace difícil mantener el interés en lo que pueda depararle el destino. Cuando tratan de remediar esta situación haciendo que se encuentre con una persona de su pasado, la escena se vuelve de lo más evitable y tan solo logra transmitir aún más la percepción de personaje deshumanizado.

El personaje de Leto podría haber sido más creíble si el actor ganador del Oscar hubiera ofrecido una interpretación algo más matizada. Aunque su presencia en pantalla siempre es digna de halagos, el estilo tan minimalista e inexpresivo por el que opta en esta ocasión resulta ser de lo más aburrido. Nick es poco más que un recipiente vacío cuyo único lenguaje es la violencia. En contraste, casi todos los actores secundarios, sobre todo Asano y Kippei Shiina, encarnan sus roles de forma realmente convincente.

Dejando de lado los personajes, el punto más fuerte sin embargo de “The Outsider” es su ambientación. La estética general está verdaderamente cuidada y los personajes parecen los yakuzas reales que vivieron tras la Segunda Guerra Mundial. Esto se debe a un diseño de producción y de vestuario impecables. Asimismo, los escenarios elegidos son perfectos para mostrar una rutina bellamente rodada del crimen organizado japonés de la Osaka de 1954 .No obstante, la exploración del Japón de la posguerra y su transición no tienen el peso que merecen y el director no logra fusionarlo de forma eficiente con la trama de Nick. Una gran oportunidad perdida.

Esta falta de atención al contexto histórico evidencia que los realizadores no tienen ningún interés en presentar la cultura japonesa más allá de los tópicos más impactantes a la vez que trillados de los yakuza; es decir: tatuajes, espadas y cortes de dedos. Hay leves indicios de la occidentalización en curso que sufría el país en aquella época, pero el director prefiere claramente prescindir de ello en aras de la estética, evitando así cualquier tipo de profundidad cultural.

La moralidad dentro de la trama también representa un elemento de lo más confuso. Si bien los realizadores se esfuerzan por condenar la violencia de los yakuza, a su vez parecen alabar su código honor. El conflicto generacional entre Orochi, quien aboga por la colaboración entre diversas familias para garantizar mayores inversiones, y Akihiro, que prioriza la tradición y la familia, resulta algo desconcertante al ver el claro posicionamiento por este segundo.

El único personaje femenino tampoco logra escapar de los clichés más superados del cine actual. Nick se enamora de la hermosa hermana de Kiyoshi (Kutsuna Shiori) y rápidamente se acuestan juntos. A pesar de que ella insiste en no necesitar protección, los enemigos no tardan mucho en amenazarla con violarla y pasar así a convertirla en la típica damisela en apuros esperando a ser rescatada por el valiente protagonista. No hay que ser un lince para saber cómo acaba la cosa.

“The Outsider” había sido acusada antes incluso de su estreno de whitewashing, al esperar ver la típica historia de un salvador blanco como conductor para mostrar la cultura asiática. Además, no existe una aparente base histórica para explicar cómo un estadounidense blanco es aceptado como yakuza en esa época. Ni siquiera el título, que indica claramente que la cinta se centra en un extranjero, llega a ser del todo acertado, ya que los propios yakuza son descritos en ocasiones con ese término al provenir en gran medida de comunidades marginales de la era feudal en Japón o por tener ascendencia coreana. Si ves la película, comprenderás que esta no es una historia más sobre las islas en la que el protagonista es blanco para atraer a más publico, sino que realmente esa es precisamente su única razón para existir.

En un primer momento, Miike apuntaba a ser el encargado de dirigir el filme. Ya nunca sabremos cómo habría sido el resultado, pero seguramente no hubiera transmitido esa sensación de hegemonía y apropiación cultural blanca. Quizás por todas estas características presumiblemente negativas, “The Outsider” puede ser una herramienta eficaz para que los espectadores poco familiarizados con el cine de yakuzas se atrevan a introducirse en este gran género.


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