Crítica de Lost in Space: el Star Trek psicológico que necesitaba Netflix

Se estrenará el próximo 13 de abril

Crítica de Lost in Space: el Star Trek psicológico que necesitaba Netflix
 
 

Historias raciales, dramas, terror… Desde hace unos meses Netflix se ha infundido en un traje galáctico en el que parece estar nadando a placer. Estrenos como “Bright” o la más reciente “Mute” ponen de relevancia el interés manifiesto de la compañía por la fantasía, y no una cualquiera, sino aquella que viaja a realidades distópicas y futuros imposibles. En ese contexto, y tras algunos resultados no demasiado prometedores, llegaba el anuncio de un reboot más que inesperado. “Lost in Space”, la famosa serie creada por Irwin Allen y emitida en televisión entre 1965 y 1968 sería puesta al día con una reinterpretación que ni tendría relación con ella ni con la película de los años 90 dirigida por Stephen Hopkins.

Netflix no está en racha, para que lo vamos a negar. La confianza de los usuarios está en estos momentos más en la cantidad que en la calidad de los estrenos que van llegando al catálogo. Sin embargo, retomar un material ya asentado y con cierto recorrido, abría la ventana para que entrara algo de esperanza. Neil Marshall conocido por manejarse con soltura en el género de terror (“The Descent”, “Doomsday: El día del juicio”), y por hacerse un hueco en lo más alto del panorama televisivo gracias a dos de los episodios mejor valorados de “Juego de Tronos”, toma con decisión el liderazgo de esta serie -durante los dos primeros capítulos- y asienta su nombre para su gran debut el año que viene con el reinicio de “Hellboy”.


La crítica se ha elaborado en base la los dos primeros episodios facilitados por Netflix España.


El material que tenía entre manos era poco menos que peculiar. Una serie que nació en la cuna de la ciencia ficción en televisión, pero que terminó derivando en una sitcom delirante con un humor ácido y poco comprendido. Netflix dejó claro desde un primer momento que esta nueva “Lost in Space” no compartiría mucho más que el nombre con la serie original, a sabiendas de las limitaciones que esto hubiera supuesto, y quizás esa haya sido la mejor decisión. Porque estamos ante una nueva serie de ciencia ficción, que busca encontrar personalidad propia en un género sobreexplotado. ¿Lo consigue?

Al igual que en la serie original, “Lost in Space” narra la historia de la familia Robinson. En un futuro en el que la Tierra está al borde de la desaparición, el gobierno comienza a entrenar a la población como preparación para una misión de colonización en otros planetas. Los Robinson son uno de los apellidos que se lanza a esta empresa suicida, pero en su viaje inaugural sufrirá un accidente que mandará su nave, la Júpiter 2, a un planeta desconocido. Desde ese momento cada miembro de la familia tendrá que aprender a colaborar para sobrevivir al tiempo que se ven inmersos en un conflicto galáctico con otra especie, y una trama política y de poder dentro de la propia humanidad.

Lo primero que hay que aclarar, es que esta serie está enfocada a un público más familiar. A pesar de compartir elemento comunes con otros productos del género, el tono de “Lost in Space” es mucho más amable y luminosa que las habituales historias deshumanizadas a las que estamos acostumbrados. Podría decirse que esta propuesta está en las antípodas de lo que planteaba “The Cloverfield Paradox”, a pesar de plantear cuestiones similares. Los verdaderos protagonistas de la serie no son los miedos ni las criaturas extrañas -aunque las hay- sino cada uno de los miembros de la familia Robinson. Las relaciones entre ellos constituyen el pilar de una historia centrada en la evolución de personajes por encima de eventos paranormales.

Es palpable el esfuerzo de los guionistas por definir con precisión a cada uno de los protagonistas. Mientras que John (Toby Stephens) es el ex marine que regresó para proteger a su desestructurada familia, Maureen (Molly Parker) es la madre orgullosa de sus hijos que ha tenido una vida complicada. Estos, a pesar de ser los padres, sirven como puntos de apoyo secundarios para los verdaderos protagonistas de la historia. Los hijos, empezando por Will (Maxwell Jenkins), y siguiendo por Judy (Taylor Russell), y Penny (Mina Sundwall) ocupan la mayor parte del tiempo en pantalla. Todos y cada uno de ellos portan sus propios problemas, y representan a una familia que evidencia el intento de Netflix por adaptarla a los tiempos actuales. Unos padres en proceso de divorcio, una hija negra adoptada, otra sumida en la adolescencia, y un hijo con problemas de autoestima completan un cuadro que genera dinámicas de lo más interesante.

La serie es consciente de dónde se encuentra su punto fuerte y no se esconde para exprimirlo. Para ello Marshall hace un uso muy inteligente de los flashbacks, escenas que de una u otra forma terminan teniendo casi más protagonismo que la propia acción. Y es que “Lost in Space” mantiene en todo momento un ritmo veloz que no llega nunca al clímax pero tampoco decae. Cosa que es aprovechada por esos saltos temporales que no solo aportan trasfondo a los personajes, sino que dan peso a los sencillos pero efectivos diálogos.




Todo esto no dejaría de ser una serie más, si no fuera por su apartado visual. Aunque se percibe la menor cantidad de recursos que en otras producciones recientes de Netflix, el equipo de producción de este reboot logra una estética que roza el sobresaliente para lo que se propone. Ambientes naturales se mezclan con decorados construidos artesanalmente, y unos efectos especiales introducidos con inteligencia y suavidad. “Lost in Space” no busca la oscuridad ni espectacularidad de las obras galácticas del género, sino que opta por una propuesta más simple y cercana a lo que se pudo ver en “The Martian”. Los decorados y especialmente los trajes -diseñados por FBFX Studios– aportan una sensación de realidad y cercanía que favorece enormemente la actuación del reparto.

En conclusión, Netflix se ha salido de la tangente con una propuesta sorprendente. Los pequeños pero notables cambios respecto a la serie original -el Doctor Smith ahora es doctora- aportan la personalidad suficiente como para que “Lost in Space” despegue de nuevo tomando un camino completamente nuevo. Puede que no sea la serie más espectacular, ni la que posea mayores giros inesperados, pero es capaz de encontrar su sitio en un catálogo saturado de producciones temáticamente similares, y en el camino no se olvida de las familias ni de los espectadores más avanzados. Porque las tramas iniciales que se presentan entre algodones, comienzan a derivar en una compleja red de intereses como poco prometedores. Salga bien o salga mal, Netflix se ha arriesgado con un atrevido salto al inmenso espacio.


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