Crítica – La Casa de las Flores, un culebrón con mucho humor negro

Se ha estrenado hoy en Netflix

Crítica – La Casa de las Flores, un culebrón con mucho humor negro
 

Netflix siempre sorprende con sus propuesta de ficción original: ¿quién iba a pensar que lo nuevo que preparaba la compañía en México era una telenovela pura y dura? Quizás no en duración ni formato, pero sí en tratamiento argumental. “La Casa de las Flores” es una serie que bebe de todo el culebrón que se hace en Latinoamérica y lo adereza con muchas dosis de humor negro y, sobre todo, concienciación de la diversidad que hay en la sociedad para ofrecernos un entretenimiento muy prometedor en sus primeros episodios y que nos ha fascinado pese a algunas críticas, algunas más relacionadas con lo que es moral y lo que no, que podemos achacarle.

Empecemos por ahí: el personaje interpretado por Paco León no ha estado exento de polémica desde que se anunció que interpretaría a un transexual, pero, ¿son necesarias estas críticas? Son varios los personajes de la serie que representan diferentes aspectos de la libertad sexual, materia en la que México, muchos otros países de Latinoamérica e incluso España debe avanzar. Que Paco León interprete a un transexual y no sea un propio transexual quien lo haga, es un paso adelante a medias: se reivindica una representación que realmente no se produce. Aún así, alabamos a la producción de Netflix por introducir un personaje como este.

Fuera de esto, tenemos una serie que trata varias tramas corales (después de todo, el argumento gira en torno a una familia que regenta una floristería) mediante la perspectiva en primera persona de su protagonista, interpretada por Verónica Castro. Tramas que mezclan el amor, las relaciones sexuales y las traiciones con muchas dosis de humor negro (prueba de ello es la escena inicial). ¿Pero funciona este cóctel en los espectadores? Realmente sí: sin llegar a la extenuación de las tramas alargadas de una telenovela tradicional (aquí tenemos trece capítulos de unos 30-40 minutos, respecto a los cientos de capítulos de las series tradicionales denominadas como “culebrones”), los entresijos familiares son el centro de la serie.

Como estamos en televisión “de pago”, las escenas sexuales, por ejemplo, están muy presentes y no se cortan en mostrarlas de forma más o menos explícita sin resultar soeces. Además, muchas de estas secuencias también están introducidas desde el punto de vista del humor, algo que nos ayuda a comprender que estamos más bien ante una serie cómica latinoamericana al estilo “Jane The Virgin” que a una telenovela como pueda ser “Pasión de Gavilanes” o “Rebelde”.

Otro punto de vista muy interesante es el choque de culturas: es una serie mexicana en la que, no en pocas ocasiones, conviven personajes de dicho país con americanos que llegan a un territorio totalmente diferente. También ocurre con la banda sonora, con tema bastante conocidos por los espectadores como pueda ser “Me colé en una Fiesta” de Mecano. ¿Pero el choque de culturas que se produce es muy intenso o circunstancial? Más bien la segunda opción, nada parecido a lo que hemos visto en películas como “Babel”, aunque sí aparecen representados tópicos cómo el racismo “imperante” en la sociedad.

Lo más interesante de “La Casa de las Flores“, a parte de una trama familiar que engancha y que utiliza recursos vistos en otras ficciones como “Empire” (comparte con esta las traiciones entre miembros del seno y los propios secretos que esconden), es su apartado técnico. La imagen y fotografía es nítida y muy conseguida. Se deja atrás una imagen poco cuidada como en otras producciones televisivas mexicanas para llegar, no al sobresaliente, pero sí al notable.

Hay altibajos en los personajes: mientras que los principales protagonistas tienen mayor interés para el espectador, como es de esperar, algunos secundarios están muy desdibujados y no son más que estereotipos que siguen unas determinadas funciones. Por ejemplo, la niña de la familia resulta odiosa en algunos momentos, que es lo fácilmente esperado en una serie del estilo. En cuanto al humor negro, si bien hay pinceladas de inteligencia, no pasa de frases macabras en situaciones aún macabras todavía, y en el uso de la banda sonora en determinados momentos. Las situaciones se van sucediendo una tras otra y se van enloqueciendo, lo que provoca que el cóctel no siempre funcione.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Pero en general, “La Casa de las Flores” funciona: una serie veraniega de trece episodios (cada uno tiene un nombre de una flor, por cierto) que gustará a aquellos que disfruten de las tramas familiares y de sus entresijos. No deja de ser un culebrón de buena factura y con un guion cuidado que tan solo falla en algunos personajes secundarios y en momentos en los que el humor negro no funciona.


Contenido relacionado