Crítica de la segunda temporada de Castlevania: El más soso de los apocalipsis

Anime was a mistake

Crítica de la segunda temporada de Castlevania: El más soso de los apocalipsis
 

Hace más de un año que “Castlevania” abandonaba las consolas que siempre han marcado el rumbo de esta franquicia para dar el salto al formato de serie televisiva gracias a una serie de animación orquestada por la omnipresente Netflix. Si bien esta primera temporada era poco más que una toma de contacto con apenas una hora de vídeo repartido en cuatro episodios que dejaba sensaciones dispares, Netflix ha continuado con la apuesta y ya es posible disfrutar en la conocida plataforma de vídeo de los ocho capítulos que conforman la segunda temporada y que, en esta ocasión, prometen mucho más.

No son pocas las esperanzas de miles de fans de la franquicia que están puestas en la continuación de aquellos primeros cuatro episodios que se limitaban a ponernos en contexto para poder dar comienzo, ya en esta nueva tanda de capítulos, a la aventura. Pero por desgracia, aunque la apuesta de Netflix por esta adaptación es clara e incluso ya se ha confirmado la producción de una tercera temporada, el resultado sigue quedándose muy corto, completamente incapaz de remontar el vuelo.

Esta crítica NO contiene spoilers

La primera temporada de “Castlevania”, con sus cuatro capítulos de algo menos de media hora, se limitaba a poner en contexto al espectador, a presentar el mundo y forjar las motivaciones de los principales protagonistas y de Drácula, el antagonista por excelencia. En este sentido, estos primeros episodios no hacían un trabajo en absoluto malo, pero la serie en su conjunto se quedaba muy corta porque literalmente, no ocurría nada. Ese es uno de los puntos que todos suponíamos que se solucionaría durante esta segunda temporada, en donde el grupo de héroes conformado por el cazador de vampiros Trevor Belmont, la maga Sypha Belnades y el propio hijo de Drácula, Alucard, por fin darían comienzo a su aventura. Pero, sorprendentemente, no es así.

No entraré a destripar la trama en sí, pero lo cierto es que esta continuación carece por completo de ritmo y profundidad. El comienzo es absurdamente lento, con un sinfín de flashbacks que cortan el ritmo de la serie y se limitan, como en la primera temporada, a presentar a algunos personajes; con la diferencia de que estos ni siquiera son imprescindibles para la historia y su presencia está más para justificar una tercera temporada que para jugar un papel relevante en los episodios actuales. Tanto es así que, si la temporada cuenta con ocho capítulos, hay seis que son fácilmente prescindibles y la acción se concentra casi por completo en los dos restantes.

El resultado a nivel de guion no consigue enganchar, y debido a su poca profundidad y su nula capacidad de sorprender, cuesta mucho recomendar incluso a los fans más acérrimos de Castlevania. Más que la esperada continuación de esa precuela que parecía la primera temporada, lo que Netflix presenta son capítulos de relleno, que sin una historia todavía con sustento, buscan ampliar universo. Lo único que logra mantener el nivel es la forma en la que se conforman los personajes y las interacciones entre ellos. Tanto los héroes como los villanos huyen de clichés para resultar únicos y carismáticos por sí mismos. Y no lo vamos a negar, con estos grandes personajes, el hecho de que la historia apenas avance y la acción narrativa escasee se hace aún más doloroso.

Desde el punto de vista técnico tampoco nos encontramos con nada que logre destacar para bien. A pesar de que la ambientación permite escenas bastante gore que resultan llamativas, la calidad en general de la animación deja bastante que desear teniendo en cuenta que es una gran compañía como Netflix la que se encuentra tras el proyecto. Las escenas de combate, que son escasas, muestran claramente las carencias de una animación que no roza la altura de los mejores animes actuales y que deja a “Castlevania” en un lugar que por importancia  no le corresponde en absoluto.

Si hay algo que pueda salvar la situación eso es, como ya ocurría en la primera temporada, la espectacular ambientación. La Transilvania de finales del medievo es, sin duda alguna, el mayor atractivo de la serie. La zona rebosa una atmósfera de oscuridad, terror y misticismo que resulta realmente espectacular a nivel visual y es capaz de compensar en cierta medida los fallos técnicos de la animación. La magia, los personajes, las armas legendarias y, sobre todo, los litros y litros de sangre derramada en cada desmembramiento son capaces de hacer las delicias de los fans más gore.

Netflix no pasa por el mejor de sus momentos, las series fallidas y la segunda temporada de “Castlevania” es un nuevo ejemplo de ello. Una serie con un enorme potencial y elementos estupendos que se queda lastrada por los mismos errores de la primera temporada y es incapaz de levantar el vuelo. Una historia que no sorprende ni engancha, un ritmo esperpéntico y un aspecto técnico muy modesto vuelven a dejar a esta saga en un lugar muy por debajo del que le corresponde a la franquicia. Y esta vez no hay excusas. No hay ninguna toma de contacto ni preparación para lo que está por venir; es simple y llanamente un fracaso tan terrorífico que incluso el propio Drácula se asustaría al verlo.


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