Análisis Odin Sphere: Leifthrasir

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Con el juego que tenemos entre manos no puedo evitar ser nostálgico. Es de esos videojuegos que tuve en la época de PlayStation que marcó mi rumbo como jugador, y que me metió de lleno en el mágico mundo del rol japonés. Vanillaware consiguió introducirme en un mundo complejo de títulos que van desde los más suaves o tradicionales, hasta los menos comerciales. Odin Sphere puede ser que esté entre los dos terrenos: mientras que jugar es fácil, su modo de juego en desplazamiento lateral junto a su apartado artístico lleno de ternura lo aleja de ser un superventas.

La buena noticia es que Odin Sphere: Leifthrasir llega para encandilar a los jugadores que, por edad o por falta de promoción, no llegasen a conocer la entrega original. Se trata de una remasterización muy cuidada, con novedades (aunque no cambien la experiencia de juego de una manera radical) y con lo mismo de siempre: incluida la traducción al español que ya nos trajo Square Enix y que vuelve a retomar NIS América (noticia agradable conociendo que la pequeña distribuidora no suele tener entre sus medidas la traducción al lenguaje de Cervantes).

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Odin Sphere: Leifthrasir te prepara para disfrutar durante más de treinta horas de juego de una historia en la que podremos enamorarnos de sus entornos, encariñarnos de sus personajes y sorprendernos por la forma en que está contada. Os invitamos a leer este análisis para que no dejéis de perderos una de las mejores aventuras de rol creadas en este siglo.

Los cambios de Odin Sphere: Leifthrasir

Un jugador como yo, que me pasé en su época tres veces la entrega original, no puede evitar fijarse en los cambios que ha recibido esta versión mejorada, y por un lado, aunque hay cambios para mejor (como en algunos elementos de la alquimia), no puedo dejar de tener la sensación de ser más fácil pese al selector de dificultad.

Otro punto a tener en cuenta antes de hablar de cambios es que, pese a que muchos usuarios en la red quieren tildar al videojuego de remake, en el fondo no deja de ser una remasterización con algunos cambios jugables que mantienen intacta la base final. Por ello, si consideráis que tocar cualquier elemento de la jugabilidad ya da paso a hablar de remake, mi nomenclatura de remasterización puede “sentar mal”. Si es así, cambiad remasterización por remake. Pero no os engañéis: es una puesta a punto a la época actual, y por ser cómo es, no ha necesitado más que el añadido de filtros gráficos y retoques jugables que nos lo dejan muy parecido a lo que le hizo grande.

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Una de las novedades es el añadido de un modo extra al acabar la primera partida que sube la dificultad a un nivel endiablado, pudiendo jugar con todos los objetos y habilidades disponibles hasta el final de la primera partida, y subiendo la salud de los 200 puntos que tiene. Los enemigos son bastante más complicados y habrá nuevas criaturas. Nada nuevo bajo el sol, en una época en la que este modo de juego se incluye con asiduidad para incentivar a la rejugabilidad.

Otra novedad será una especie de arena en la que podremos jugar a todos los jefes y minijefes del juego con el personaje que prefieras del juego, todos a nivel 50. Es un añadido interesante y que entretiene porque llegar al final no es tarea fácil al prescindir de puntos de control durante el transcurso del modo.

Los cambios realizados en el combate no son muy destacables, y en el fondo, jugaremos como lo hicimos en la época. Sí que podemos apreciar el añadido de nuevos enemigos y, sobre todo, un elemento que nos facilita la alquimia: los materiales ya no son necesarios para ella si no disponemos de ellos, sino que podemos usar pociones mágicas y otros brebajes que tengamos para realizarla. Es un elemento bastante bien implementado ya que en la versión original podíamos tener problemas con el número de materiales que encontrásemos por el camino. En cuanto al lavado gráfico, hablaremos más tarde de él.

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Retomando la historia original de cinco personajes

La historia de Odin Sphere no es para nada rompedora. Pero en su época, debido a la forma en la que está dividida, sí que fue considerada como ejemplo a seguir. Porque si dividimos Odin Sphere: Leifthrasir en dos partes, tendríamos una centrada en la jugabilidad, y otra en la narrativa, y si me permitís decírmelo, ninguna sobresale sobre la otra y se ayudan mutuamente.

Comenzamos diciendo que como jugadores nosotros no somos los personajes que controlamos. No me malinterpretéis, sí que lo somos y vivimos sus historias, pero en realidad somos lectores de una serie de libros que van abriéndose poco a poco a nosotros. Y como lectores nos materializaremos en una pequeña chica que está en una especie de biblioteca con su amigo gatuno. Por tanto, como ya ocurre en otros juegos como Soul Sacrifice, el libro (los libros en este caso) es el protagonista de una historia encerrada que merece la pena contar.

En total hay cinco historias, con sus cinco personajes (Gwendolyn, Cornelius, Mercedes, Oswald y Velvet) y distintos epílogos finales que alargan la historia más allá de los cinco libros principales. No queremos desvelaros mucho más de ese final “alargado”: no nos referimos a añadidos en forma de DLC, sino a una serie de capítulos finales que terminan por explicarnos completamente la historia de este videojuego.

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Como íbamos diciendo, la historia es muy importante: os pasaréis un buen porcentaje del videojuego luchando pero también leyendo y queriendo saber más sobre los protagonistas. Porque una de las características que más me ha gustado (y me gustó en su época) es la psicología interna de cada uno de ellos. Esta psicología se ayuda de unos diálogos muy bien escritos que no caen en lo redundante pero no se alejan de un lenguaje bastante artístico.

Los giros argumentales serán comunes y las emociones las despierta a flor de piel: Odin Sphere: Leifthrasir cuenta una mágica historia a través de diferentes capítulos y actos que por su correcta duración hace que su seguimiento sea muy fácil y su nivel de enganche correcto. No querréis alejaros de la consola hasta acabarlo.

Mejor no tocar lo que ya era bueno

Esa es la premisa de esta remasterización. Han tocado pequeños elementos que hacen más accesible el videojuego (no necesariamente más fácil), pero lo esencial sigue estando. Otro elemento que difiere algo es la barra de vida de los jefes finales, que esta vez está mucho mejor representada gracias a un indicador secundario que va reduciéndose conforme vamos eliminando barras de vida. Pero como veis, nada de los cambios comentados en lo que llevamos de análisis hacen que hablemos de una aventura diferente, con una jugabilidad puesta a punto y alejada del concepto original. Pero porque no lo necesita.

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Aunque en un principio el juego nos pueda parecer algo machacabotones, cuando vamos avanzando y descubriendo que la dificultad aumenta, tendremos que usar las combinaciones de botones que nos permiten hacer diferentes ataques para salir airosos. Ya sea utilizar cuatro habilidades asignables a Círculo (más cada dirección del panel de control), o usar las variables de ataques básicos de las que disponemos. O incluso usar objetos que hacen que los enemigos ardan en un vórtice de fuego, o se queden congelados por una lengua de hielo.

El árbol de habilidades que disponemos es bastante completo, y aunque con el paso de los años ha quedado algo simplificado, el uso de las psiferitas para aumentar de nivel cada habilidad es un acierto. Esas psiferitas son esencias que vamos recogiendo de los enemigos mientras avanzamos y los derrotamos, y son esenciales para poder salir airosos en los combates al tener habilidades de mayor nivel, y por tanto, más poderosas.

La alquimia es otro elemento de la ecuación de jugabilidad a tener en cuenta. Personalmente no soy un aficionado a este elemento que aparece en tantos juegos de rol: me aburre y al final acabo dejándolo de lado y sin usar esta posibilidad. No voy a mentir, aquí me ha ocurrido casi lo mismo. Es una opción que he usado poco pero que he visto mejorada respecto a la entrega original: asignación de niveles, pócimas resultantes más fuertes y sistema, en general, más asequible al dejar de depender de los dichosos materiales.

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Un mundo circular y lateral

La progresión en los escenarios de Odin Sphere: Leifthrasir no ha variado: estamos en un mundo que mezcla tanto escenarios circulares como otros laterales. En los circulares suelen tener lugar las fases de batalla, y en los laterales, están las zonas de descanso u otras zonas en las que hay enfrentamientos algo más sencillos, o nos aguarda algún jefe de fase. Sea como sea, circular o lateral, la progresión siempre es la misma: aparecemos desde la izquierda o derecha, y vamos hacia la derecha o izquierda.

Lo bueno de todo esto es que pese a que pueden parecernos los escenarios parecidos, tenemos un mapa bastante bien logrado que hace que sea imposible perdernos. Además, ese mapa nos señala la dificultad de cada sala, pudiendo saber si estamos puestos a punto para el enfrentamiento que nos espera, o si tenemos que mejorar alguna de nuestras habilidades para tener opciones.

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Otro detalle de las salas laterales, es que hay elementos de plataformas en los que podemos encontrar algún secreto o cofre oculto, o monedas ocultas en diferentes lugares del escenario. Hay que utilizar la habilidad de saltar o planear para acceder a ellos. Por último, yo he sido de los que en mis primeras partidas en el juego original iba buscando todo, por lo que os recomiendo que hagáis eso aunque en la partida actual me haya dejado bastantes secretos por buscar. No perdáis la oportunidad de ir a salas que no parecen principales ya que cualquier combate que os sirva para mejorar la experiencia, o cualquier cofre con elementos esenciales para la aventura, os está esperando.

Un cuadro, una pieza musical y una obra de arte

Vamos a empezar hablando del cuadro. Sin duda alguna, y sin temor a equivocarme, sigue siendo el juego más bonito que he probado nunca. No exigirá potencia a la consola (ni en PlayStation 2 ni ahora en PlayStation 4), no requerirá de texturas de infarto ni de un motor gráfico potente. Pero sí requiere de gusto. En Vanillaware lo saben y han creado un videojuego que entra por los ojos, que se mueve como si fuese un cuadro en movimiento, y como si estuviésemos en un museo de arte buscando la mejor obra del autor, y sin darnos cuenta, la tuviésemos delante de nuestros ojos. Un videojuego no tiene que ser hiperrealista: debe lograr lo que busca, y Odin Sphere: Leifthrasir lo logra con nota. El diseño artístico es genial, y la paleta de colores siempre tiene un sentido.

En cuanto a la pieza musical, estamos ante una banda sonora que casa perfectamente con la historia que cuenta: momentos emotivos, piezas épicas… Las partituras compuestas para la ocasión son ideales y no es de extrañar que el tema principal se os quede en la memoria una vez quitáis el juego de la videoconsola.

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Por esto, por el arte gráfico y por todo el conjunto, considero personalmente que los videojuegos pueden llegar a ser una obra de arte al igual que lo puede ser una película, un cuadro o un libro. En estas ocasiones en las que diferentes artes como la narrativa, la pintura o la música se mezclan y crean un proyecto como éste, tenemos que estar contentos de una industria del videojuego que va evolucionando.

Odin Sphere: Leifthrasir no precisa de conclusiones. Precisa de ser jugado. Por ello, si has leído todo el análisis ya habrás sacado tus propias ideas. Ciertamente, como juego de rol japonés que es y con  un estilo tan peculiar, no es un videojuego para todos los gustos, pero sí que es un proyecto que merece una oportunidad.


Positivo

  • El apartado gráfico y sonoro es de 10
  • Larga duración, más de 40 horas
  • Numerosos secretos en los mapas de cada acto
  • La historia emociona, divierte y engancha
  • Traducido al español (en NIS America esto debe ser descado)

Negativo

  • No es un juego para todo el mundo, pese a que ahora es más accesible
9.5

Increíble

Política de puntuación

David Cruz García
Amante de los videojuegos y del cine. Quizás The Legend of Zelda y Final Fantasy ocupen un lugar más alto en mi corazón que otros videojuegos, pero amo a todos los que me divierten por igual. Cine de ciencia ficción como forma de vida