Análisis Friday the 13th: The Game

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Sean S. Cunningham es el responsable de que muchas personas no pudieran dormir tranquilas en un acalorado viernes de 1980. Jason Voorhees se convirtió automáticamente en un icono del cine que ha dado lugar a películas muy entretenidas, y a otros disparatados lanzamientos que, ni mucho menos, se pueden considerar siquiera aceptables.

Friday the 13th: The Game dejó un buen sabor de boca cuando se lanzó su campaña de Kickstarter; la simple idea de controlar a Jason buscando a sus víctimas, o la idea de ser un adolescente huyendo del mismo, parecía, a priori, un buen plan, a pesar de que ya tomaramos el rol de sobreviviente en 1989 con nuestra NES. Eso sí, se podía comprobar desde los primeros minutos que se empezaban a ver del mismo título, que Friday 13th: The Game no iba a abogar por hacer hincapié en historias y demás. En los desarrolladores del título —Gun Media e Illfonic—han apostado por un estilo de juego que se base en dos simples ideas dependiendo de cuál sea tu rol: o matas, o sobrevives.

Huir o morir

En Friday the 13th: The Game tomaremos el rol de asesino o de sobreviviente dependiendo que así lo decida por parte del azar la suerte. Desde un primer momento observaremos que existe un número de personajes desbloqueables un poco limitado, pero lo justo para poder variar opciones según vayamos subiendo lo nivel, algo que también toca de cerca a Jason, dado que podremos elegir diferentes atuendos de las películas para el carismático asesino. Lo verdaderamente interesante se encuentra en que, tanto para los sobrevivientes como para Jason, podremos desbloquear diferentes habilidades que harán más llevadera nuestra experiencia en ese campo hostil en el que nos vamos a adentrar.

Dichas habilidades serán muy benefactoras para Jason, pero para los sobrevivientes serán prácticamente una panacea para su partida. Partamos de la base de algo que, de por sí, suena bastante lógico: Jason es muchísimo más simple de controlar, es más fácil actuar como él e incluso si se me apura, es menos divertido.

El papel de Jason es el de un asesino que deberá cazar a las siete personas que pueblan el adverso paraje en el que se ha convertido un lugar cualquiera. Al ser un número más amplio de personas, el jugador con el rol de Jason tendrá ciertas ventajas por encima de los demás jugadores, algo que resultaría normal si dichas habilidades no estuvieran tan potenciadas con respecto a lo que pueden hacer los demás jugadores con los sobrevivientes. En dicho rol de asesino desatado, se incluyen posibilidades como la de teletransportarse a cualquier punto del mapa, observar si hay personas moviéndose cerca de nosotros o la habilidad más acrecentada del título: movernos de forma invisible y poder aparecer al lado de nuestras víctimas. Una vez sean cazadas nuestras víctimas, pocas posibilidades tendrán de no terminar ahogados, quemados o con cualquier espantoso y sangriento final.

Hay una cantidad de jugadores considerable que se ha quejado de esta praxis, pero bien es cierto que, si se piensa fríamente, el despiadado asesino siempre ha tenido cierta ventaja con respecto a los protagonistas en sus apariciones en la gran pantalla. A pesar de que con alguna habilidad sí se ha podido errar en su planteamiento, la idea funciona bien y los sobrevivientes deberán actuar con sus propias estrategias con el fin de que puedan sobrevivir durante 20 minutos a tal amenaza.

En el papel de los sobrevivientes, la acción será mucho más variada que la que se nos ofrece en el papel de Jason. Empezaremos totalmente desabastecidos de cualquier tipo de arma, botiquín o demás ventajas, y lo haremos perdidos en un lugar aleatorio del mapa. A partir de ahí, la forma de sobrevivir es totalmente opcional; se nos ofrecerá una lista de objetivos a cumplir para poder escapar en coche, llamar a la policía o simplemente podremos optar por sobrevivir hasta que pase el tiempo de partida marcado —20 minutos—.

Por supuesto la supervivencia no será nada sencilla. Jason estará acechando en cada momento y podremos sentir la tensión a cada segundo que pasa, sabiendo que, si el asesino nos descubre en algún sitio, escapar de él no será tarea fácil. Para perder de vista al asesino podremos tender trampas, utilizar una pistola de bengalas o pegar un tiro con la escopeta para que nuestra némesis se quede en shock por unos instantes y nosotros podamos seguir con nuestros objetivos para escapar del lugar.

Por poner un ejemplo, para escapar en coche deberemos encontrar ciertos objetos esparcidos por el mapa que nos ayudarán a que el vehículo nos saque del fatídico lugar en el que estamos atrapados. Una batería, las llaves y gasolina podría ser nuestra salvación para huir del fatídico asesino y salvar nuestra vida por esta vez. De la misma manera habrá otras opciones como la de escapar en barco encontrando otros objetos, o la de alertar a las autoridades haciendo, entre otras cosas, una reparación al sistema de comunicación del emplazamiento donde estemos.

Friday 13th: The Game no es un juego justo, pero es que tampoco debería por qué serlo, dado que Jason, como asesino “sobrenatural” que es, tiene poderes que van por encima de lo mundano. En el momento que también nos ponemos en su piel, es probable que seamos nosotros los que tengamos que experimentar si verdaderamente es tan sencillo encontrar a los residentes de nuestro juego mortal. Lo importante es que deberemos jugar nuestras bazas y despistar lo máximo posible al bueno de Jason, con eso en mente, podremos tener unas posibilidades por encima de lo normal para sobrevivir.

Actualmente —y con promesa de incluir más mapas—nos encontramos con un videojuego que posee los tres emplazamientos principales de las tres primeras entregas de la saga: el archiconocido Crystal Lake, el campamento de verano Packnack, y Higgins Heaven, que también hace aparición en Friday 13th: The Final Chapter.

Si bien son tres mapas que deberían tener sus particularidades, no varían demasiado entre sí y este es uno de los aspectos negativos a nivel jugable. Además, al ser tan iguales entre sí, tanto los sobrevivientes como Jason es muy normal que utilicen sus mismas jugadas una y otra vez hasta la saciedad para lograr el objetivo, dependiendo del rol que se otorgue.

De por sí, Friday the 13th: The Game es un videojuego repetitivo, con todas sus letras. Siempre los mismos objetivos, siempre la misma finalidad y únicamente varía las situaciones donde nos encontremos en un momento exacto. Si bien es algo que no impide echar unas partidas cargadas de mucha tensión, se debería corregir con los futuros mapas que se nos incluya en los que, por qué no, podrían añadir nuevos objetivos a los que ya tenemos actualmente.

Conclusiones

Friday the 13th: The Game es de esos títulos a los que cuesta mirarlos de una forma objetiva. Es divertido por momentos, a veces saca de quicio, pero con todo, cumple el objetivo de entretener y crear tensión a partes iguales. Algunos fallos gráficos, tirones ocasionales y la reiteración de mecánicas, hacen que el título no luzca tan bien como debería.

Por suerte, no todo está perdido y se podría volver una apuesta interesante de solucionar estos detalles; los bugs, los mapas tan parecidos entre sí y algún que otro problema con el clipping. De momento es un título que, si bien recoge la esencia de la saga Friday 13th en todo su esplendor, no termina de ser completo en su conjunto. Crucemos dedos para que así sea dentro de poco, porque de momento el precio no compensa demasiado a pesar de las cosas positivas que tiene el título.


Positivo

  • El universo de Friday 13th está muy bien retratado
  • El juego, en el rol de sobreviviente, crea mucha tensión
  • Hay un buen número de posibilidades de intentar evadir a Jason

Negativo

  • Algunos poderes de Jason son demasiado abusivos
  • Ciertos bugs gráficos nublan la experiencia
  • 20 minutos parecen demasiado excesivos para sobrevivir a las habilidades del jugador que controle a Jason
  • Se echa en falta variaciones, tal vez incluso otros modos de juego, que den más vida al título
6.5

Jugable

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Conecta el escribir sobre videojuegos con la ingesta de Doritos. Reside en Madrid rodeado de gatos.