Spider-Man

Spider-Man: Homecoming

Crítica de Spider-Man: Homecoming

El héroe regresa a casa a lo grande

Spider-Man
 
 

Maquillaje gótico, mirada obscena, y un Tobey Mcguire descarado fue todo lo que necesitó Sam Raimi para marcar el inicio del fin. El héroe y vecino Spider-Man llegó mucho antes que otros a la gran pantalla, y lo hizo en un momento en el que el género de superhéroes estaba de capa caída. Sin embargo supo marcar un precedente y unas expectativas que terminaron por sobrepasarlo, y que llevaron a Sony Pictures a no saber qué hacer con él durante casi una década. El regreso del personaje a su verdadero hogar el pasado año de la mano de Marvel sorprendió a muchos por su fidelidad a los cómics y la ausencia de un nuevo origen. “Spider-Man: Homecoming” debía ser eso, pero ha terminado siendo algo mucho más interesante y que pone a Peter Parker en el centro del proyecto cinematográfico de la compañía. El héroe hace su regreso a casa pero ¿los fans lo reconocerán?

Con pasado pero sin reiteración

Desde que hizo su primera aparición sobre las páginas en 1962, el Trepamuros siempre ha sido considerado como uno de los superhéroes más humanos de todo el plantel que maneja Marvel en la actualidad. “Spider-Man: Homecoming” supone la exploración de la misma esencia del personaje de una forma más honesta y cuidadosa que en el pasado. La elección de Tom Holland sorprendió a muchos en un primer momento, pero su perfil y actitud encajan a la perfección con la nueva versión del héroe de Nueva York. No obstante aunque esta película era la primera dentro del Universo Cinematográfico, su pasado permitía ahondar en otras historias alejadas del clásico origen y expandir así una licencia que tanto en animación como en dibujo tanto trasfondo ha generado.

De esta forma partimos del hecho que “Spider-Man: Homecoming” transcurre poco tiempo después de los hechos vistos en “Capitán América: Civil War”, y traslada la acción a la propia metrópoli natal del héroe. Ese es el principal condicionante de una historia que se apoya de manera evidente en las anteriores películas de Marvel, pero que intenta despegarse de las tramas narrativas ya establecidas para centrarse en el propio universo de Spider-Man sin olvidar su breve participación en Los Vengadores y lo que eso supone para el futuro del personaje.

Desde un primer momento se advierte que esto no es una película de grandes personajes ni heroicidades, sino simplemente la de un adolescente que está viendo cómo se despliega ante sí un mundo desconocido pero apasionante. “Spider-Man: Homecoming” muestra el crecimiento de Peter sin retroceder hasta sus orígenes, y su preparación para la participación que tendrá el próximo año contra el titán Thanos. A partir de ese punto Jon Watts establece, tal como ya hiciera Gunn en 2015, sus propias normas y las subvierte para llenar el metraje de referencias y gags constantes que enriquecen la experiencia para aquellos más asiduos a los cómics, pero que no supone un elemento indispensable para el disfrute de la historia.

Una historia de héroes humildes

Los personajes tienen aquí todo el protagonismo por encima de las grandes escenas de peleas o explosiones y efectos especiales. Tanto Peter (Tom Holland) como El Buitre (Michael Keaton) y el resto del reparto brillan con sus interpretaciones y exploran los valores de los personajes sin ceñir su presencia a actos concretos o secuencias ad hoc. El trabajo de Marvel aquí es especialmente notable al configurar con precisión y claridad de qué color es cada figura y cómo se complementan entre ellas para provocar diferentes reacciones y emociones. Peter y Ned son la pareja cómica, Peter y Adrian Toomes son la confrontación del idealismo y el utilitarismo, Peter y Liz son la pareja amorosa. En definitiva “Spider-Man: Homecoming” se enroca en torno al protagonista y le da un verdadero recorrido y crecimiento desde el minuto uno de metraje hasta el previsible final.

“Spider-Man: Homecoming” no pretende sorprender, solo logra engrasar todos los elementos que siempre han estado ahí para lograr crear una historia clásica de superhéroes pero que resulta efectiva. Quizás no resulte innovadora y no aporte nada nuevo al proyecto de Marvel ni a las transgresoras propuestas de los últimos años, pero devuelve al personaje el papel que perdió tras la segunda entrega de Raimi, y lo engarza con la telaraña de historias que sobrevuelan su particular universo.

Conjunto notable con ‘peros’

Si algo se le puede reprochar a Jon Watts es de conservadurismo y de un preocupante abuso de los gags. El tono humorístico de la cinta logra incluso tapar la ácida presencia de Tony Stark, a quien se le dio un gran protagonismo durante la promoción previa al estreno, pero quien tiene contadas apariciones en “Spider-Man: Homecoming”. A los momentos cómicos se le intercalan escenas de tensión y emoción que resultan en muchas ocasiones demasiado ligeras para hacer contrapeso y liberar el ambiente de desenfado. Eso puede terminar causando hastío para aquellos que buscaban ver algo similar a lo que venía haciendo Marvel, y desencanto para los fans que no vean reflejado el uso que hacía Lee del carisma del personaje.




No obstante el conjunto resulta notable. La música de Michael Giacchino logra recuperar los acordes clásicos de la banda sonora del personaje, y los combina con tonos incidentales que aportan tensión a los momentos más importantes de la película. El músico además se permite explotar el carácter adolescente de Peter para incluir algunos temas actuales y reforzar así la propia personalidad y presencia del superhéroe. Todo esto además está sobresalientemente acompañado de unos efectos visuales que respetan con fidelidad los escenarios  y diseños clásicos del personaje y no resultan evidentes ni abusivos. La fotografía de Salvatore Totino consigue captar la luz de Brooklyn y fusionarla con una composición muy colorida que acompasa a la perfección el humor de la trama.

“Spider-Man: Homecoming” no es la mejor película de Marvel, ni está por encima de la secuela de Raimi, pero logra asentar unas bases de manera original y fiel a lo que el público espera del personaje. Los villanos no son los más carismáticos, pero funcionan de palanca para hacer progresar la historia de Peter y acercarlo a la aceptación moral de su posición como protector de la ciudad. Puede que esta película no sea la más recordada dentro de unos años, pero sí la más cercana con unos personajes que son más humanos que nunca. El final de la cinta no esconde la confirmación de una secuela para 2019, ni la presencia del Trepamuros el año que viene, pero lo hace desde las raíces que tan personal hacen la historia del protagonista. Spider-Man ha vuelto a casa haciendo suyo aquello de “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.


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