Crítica: Campeones es una lección de vida que nadie debería perderse

La película se estrenó hace pocos días

Crítica: Campeones es una lección de vida que nadie debería perderse
 

“Campeones” está siendo el éxito del año, el fenómeno en cines que nadie quiere perderse. Un fenómeno que, presiento, puede llegar a convertirla en la nueva “Ocho Apellidos Vascos” (aunque quizás esté exagerando, siempre hablando de taquilla) pero que, aclaramos, tiene muchos más valores que aquella comedia de tópicos que arrasó hace unos cuantos años. Y es precisamente aquí donde brilla “Campeones”: no lidia con un tema fácil de tratar pero Javier Fesser, como es habitual en su filmografía, lo trata desde el cariño y el máximo respeto posible.

La película nos narra la vida de Marco, un entrenador de baloncesto que, como es habitual en las películas de este tipo, no está pasando por su mejor momento, por lo que termina entrenando a un equipo compuesto por personas con discapacidad intelectual. Lejos de mostrarnos un drama, Fesser sabe ofrecernos, gracias a un magistral Javier Gutiérrez en el papel de Marco, una comedia con corazón de esas que siempre es agradable ver.

Es divertida, humana y digna. Es por ello que muchos habréis escuchado que es un largometraje destinado sobre todo a los más jóvenes, porque en el retrato que se hace de este equipo tan especial, encontramos sobre todo compañerismo, amistad e incluso amor, amor fraternal.

Por ejemplo, el humanismo que se impone en la película nos recuerda, a ratos, al mismo que se ve en “Camino”, una de las últimas películas de este director: en lugar de tratar a un único personaje como en aquel entonces, aquí Fesser lidia con un grupo entero y sale genial del paso gracias a unos intérpretes que destilan pasión. Una gran elección del reparto que nos demuestra que lo diferente no debe provocarnos miedo. Todos y cada uno de los miembros de este equipo de baloncesto están acertadísimos, por lo que ya no es un gran trabajo del equipo de casting, sino de la dirección de actores.

Fesser tampoco cae en los tópicos de las comedias sobre discapacidad, sino que ahonda en los problemas que cada uno de ellos tienes para dignificarles y humanizarles. El humor, muy presente, está claro, es un humor fino, casi a pinceladas, de ese que nos hace reír pero a la vez, sentir dulzura. Nunca he tenido la sensación a lo largo del largometraje de ver escenas que no estuvieran dirigidas a mostrarnos con total normalidad el día a día de los miembros de este equipo de jugadores. Sus problemas, sus preocupaciones.

Y aunque podemos pensar en cualquier momento que Fesser, como ocurrió con “Camino”, está manipulándonos emocionalmente, lo cierto es que gracias al guion no tenemos esa sensación. Tampoco la tuve con “Camino”, más allá de la elección de algunas canciones determinadas en la banda sonora. Hablar de manipulación emocional es algo grave, algo que he leído durante algunos días en las redes sociales. Fesser no nos manipula, sino que nos muestra. ¿Qué la música puede acentuar algunos momentos? Claro está. Pero la música desde que el cine es cine ha servido para eso: para mostrarnos sentimientos que de otra manera no florecerían.

Sobre el aspecto más técnico de la película, parece cuando hablemos de él que sea lo más negativo, pero hasta ahí la película se muestra natural, como es, sin artificios. No tenemos una gran fotografía (aunque sí una buena elección de colorimetría y colores que se ven en los espacios), ni un gran montaje. Todo es correcto. Parece ser como si el director quisiera centrar todos sus esfuerzos en mostrarnos una cotidianidad ya no solo con unos personajes (incluido Marco, el protagonista) que nos enamoran, sino con una imagen que habla de realidad.

En definitiva, la historia que nos narran no inventa la rueda, pero gracias a unos personajes encantadores y a unos actores en gracia, “Campeones” es una de las mejores comedias que ha dado nuestro cine nacional. Recomiendo a cualquiera que vaya al cine a verla, a emocionarse con otras personas mientras pasa un buen momento. Y sobre todo, recomiendo a las familias que vayan al completo porque sus hijos no solo se reirán, sino que aprenderán a convivir con la diversidad, valores que hoy en día son más que necesarios en la sociedad en la que vivimos.


Contenido relacionado