Crítica del episodio 2×02 de Westworld: En busca del valle más allá

Westworld

Crítica del episodio 2×02 de Westworld: En busca del valle más allá

El parque comienza a revelar sus verdaderos secretos

Crítica del episodio 2×02 de Westworld: En busca del valle más allá
 
 

Volvemos al parque una semana más, pero no al que todo conocemos. La segunda temporada de “Westworld” busca explicar las normas de su universo, el origen y razón de todo lo que sucede con los anfitriones. Y es que la simple fundación de las instalaciones esconde un gran y complejo entramado de intereses, en los que se cruzan la familia Delos, William, y todo aquel que puso dinero para jugar a ser dios. Un misterio que forma el núcleo principal de los nuevos episodios, y que por el momento ya ha sido capaz de generar el suficiente interés como para que queramos conocer mucho más. Quien sin embargo parece conocerlo ya todo es Dolores, la ascendida a jueza que ha dejado más de una reflexión en el capítulo emitido la pasada noche en HBO España.

Aunque ya conocíamos algunos detalles del pasado del parque, y de lo que pretendía Robert Ford, con él, en realidad esto solo era la punta del iceberg. Este segundo episodio titulado “Reunión” nos lleva a los primeros años del proyecto, cuando los primeros accionistas vieron por primera vez a un anfitrión. En esa época Dolores ya había nacido, y compartía con los fundadores las primeras reuniones de presentación. En esas escena además vemos cómo un personaje llamado Ángela, le vende a un joven Logan Delos la propuesta que posteriormente este presentaría a su padre. En esas conversaciones se menciona la iniciativa Argos, algo de lo que todavía no se conoce nada, pero que apunta a ser la respuesta a todos los secretos de la compañía.


Esta crítica contiene spoilers del episodio. Si quieres seguir leyendo te instamos a que lo veas previamente.


Los numerosos flashbacks no solo aportan información crucial para ir completando el puzle, sino que dan contexto a los actos de Dolores. Y es que el personaje interpretado por Evan Rachel Woods ha comenzado a recordar todos esos días posiblemente gracias a la última configuración dada por Ford antes de dejarse morir. Los planes del creador pasaban por convertirla en la líder de una rebelión que terminara por asegurar la libertad de todo los anfitriones. Es gracias a eso por lo que entendemos que Robert no veía a estas máquinas como tales, buscaba que las creaciones saliesen del Jardín del Edén tal y como ya lo hizo el hombre en los albores del mundo. Todos esos valores ahora los porta Dolores, un personaje reconvertido en la antorcha de la esperanza para los habitantes del parque.

Pero ¿realmente ella conoce el verdadero propósito de Westworld? En otra de las escenas vemos cómo Jim Delos entra en el parque para ver con sus propios ojos en lo que ha invertido su hijo. La presencia e importancia de William aquí se hace palpable. Con una persuasión bastante aguda logra convencerá al jefe de la compañía de el futuro por el que acaba de jugárselo todo. Su razonamiento se basa en el potencial del parque para recopilar toda a información de los huéspedes que entren allí. Solo en el paraíso el hombre se comporta como tal. Un lugar alejado de los ojos de Dios proporciona el espacio de recreo ideal para que una figura superior analice y recopile los datos de comportamiento de todas estas personas. ¿Qué otra cosa podría querer un hombre obsesionado con conocer los deseos reales de sus clientes? El marketing de Delos es solo un juego de niños comparado con el parque.

Esa misma idea es la que le repite William a Lawrence en el presente. Están en un punto ciego, en el rincón del mundo donde todo se perdona. Los anfitriones son analizados y se archivan sus pecados. Pero todo tiene un propósito únicamente ocioso, no se busca el perdón. El humano no juega a ser Dios en el parque, porque el sistema de valores se lo ha dejado en casa. Ahora que todo se viene abajo, William no permitirá ser tratado como las máquinas. Conoce la verdad, y aunque Ford le ha colocado más de una trampa por el camino, ahora intentará alcanzar Gloria siguiendo la propias reglas del parque. Ese mismo camino, encontrar esa puerta -esta temporada está llena de referencias a ella- es el mismo objetivo que tienen Dolores, y Maeve. Cada una recorriendo su propio camino.

Las dos han despertado, pero cada una por motivos diferentes. La idea de Ford era que Dolores se convirtiera en la mesías de los suyos para guiarlos hacia la libertad. Con lo que no contaba era con que la vida siempre se abre camino -Crichton siempre con su lema- y que otro anfitrión encontraría la forma de salirse de la senda pautada. Maeve, a diferencia de Dolores, no tiene un objetivo. Es por eso que el encuentro entre ambas no acaba del todo bien. Sin embargo, permite ver algunas sinergias muy interesantes que podrían suponer la clave en el futuro. La reunión marca el episodio, y dibuja un árbol de posibilidades muy amplio por el que discurrir. Las dos anfitrionas buscan la libertad, pero una mediante la venganza, y la otra mediante la justicia.




Algo que parece inevitable, y que marca este episodio, es la guerra que se avecina. Dolores se ha conseguido hacer con la ayuda de los Confederados. Está reuniendo un ejército para hacer frente a las supuestas 600 personas de Delos que acudirán al parque para hacer la contención y proteger su IP. Esta misma estrategia la seguirá Maeve en lo próximos episodios cuando acuda a Shogun World para reunir a sus propias tropas. Pero el vencedor del conflicto no lo decidirán los números, sino algo una poderosa arma. Una herramienta que William cometió el error de presentar a Dolores, y que ahora buscan ambos para darle la vuelta a la balanza. ¿Quién conseguirá llegar antes al Valle más allá?


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