Crítica del episodio 2×05 de Westworld: Gore Kurosawa

Westworld

Crítica del episodio 2×05 de Westworld: Gore Kurosawa

Maeve ha encontrado en Japón lo que perdió en el Lejano Oeste

Crítica del episodio 2×05 de Westworld: Gore Kurosawa
 

La segunda temporada de “Westworld” llegó con la obsesión de encontrar puertas, por dar un escape a todos los jugadores atrapados en el parque, y hasta el momento no ha decepcionado. Mientras algunos como El Hombre de Negro buscan su propia Gloria, Dolores y Maeve persiguen la liberación enfrentando al problema. Algo que desembocará muy probablemente en una gran guerra, pero que podría no desentrañar todos los secretos del parque. Y es que, aunque algunos se están preparando para afrontar sus destinos, otros buscan comprender el por qué de esos finales. La revelación de la pasada semana respecto a la figura real de William, y la llegada de su hija, fue un buen punto de partida para entender el verdadero sentido del juego, pero hasta que eso se solucione, es momento de mover fichas.


Esta crítica contiene spoilers del episodio. Te instamos a verlo antes de continuar leyendo.

No se trataba sólo de sangre, también se trata de ser inmersivo. Queríamos sentir que nuestra historia caía en un mundo totalmente diferente“. Con esas palabras definía el propio Jonathan Nolan las intenciones para el quinto episodio de la serie, titulado “Akane no Mai”. Una arriesgada apuesta, que a pesar de no ser el único parque nuevo visto esta temporada –Emily proviene del The Taj-, sí supone el primer cambio completo de estética. Siguiendo la confusión pretendida con las líneas temporales de las anteriores semanas, en esta ocasión la acción nos devuelve al momento del lago y Bernard. Allí el equipo de seguridad del parque está recogiendo los cuerpos, y buscando algo. Persiguen a Pete Abernathy, quien ha desaparecido, y quien con su información cada vez apunta a ser más la clave de toda la temporada.

El plan del equipo pasa por resetear a todos los anfitriones para recuperar sus servicios al tiempo que intentan recolectar a todos los Stetson ¿Qué son? Probablemente una de las pistas relacionadas con el propio padre de Dolores, y el secreto que podría resolver todos los problemas de Delos cuando la gran guerra entre anfitriones y huéspedes tengan lugar. Un conflicto para el que Maeve se está preparando casi sin pretenderlo. La líder de los rebeldes persigue la libertad, pero no la recibirá hasta que encuentre a su hija. Cosa que ha llevado a todo su grupo hasta el Shogun World, un parque ambientado en el Japón del siglo XIV en el que para su sorpresa encontrará más pistas de las que esperaba.

HBO no ha escatimado en gastos, y especialmente en detalles históricos. Aunque tal y como confirma Lee Sizemore, la recreación del Periodo Edo no es exacta, los elementos incorporados en ese mundo de cada época guardan un gran respeto por las sociedades de esas épocas. El Shogun World ha sido creado como una alternativa más “gore” y violenta que Westworld, para satisfacer a todos aquellos que buscan una experiencia más extrema. Y Maeve no tarda en comprobarlo al percibir que efectivamente allí no tiene poder, y que el fallo que afectaba a su mundo también ha llegado a otros parques. Ha perdido todo su poder, pero gracias a la incompetencia de Sizemore, ahora tiene un as en la manga.

Resulta curioso que una empresa que se presupone tiene miles de millones de dólares, deje en manos de un holgazán la responsabilidad de las narrativas. Eso podría indicar ligeramente las preferencias de Delos, y la poca importancia que le daba a la imagen del proyecto de cara al público. El encargado de escribir las historias plagió la narrativa de Westworld para plasmarla en Shogun World únicamente cambiando los personajes. Esto provoca que Maeve y compañía ya sepan en cierta forma cómo acabarán las cosas -hay ciertas diferencias por las fallas en los anfitriones- y que cada uno encuentre a un personaje gemelo.  De esta forma Héctor se ve reflejado en un ronin llamado Musashi, Armistice se ve identificada con Hanaryo, y la propia Maeve se acerque a Akane. Cosa que le permite empatizar gracias a su capacidad de hablar japonés, no solo por su papel, sino por su figura como madre; en este caso de Sakura, una de las geishas que trabajan a su cargo.

Con la idea de escapar de allí, el grupo se dejará llevar por la propia narrativa, sí, pero con resultados no demasiado esperables. Aunque Sizemore confía en encontrar una entrada a los túneles en un lugar llamado Lago de nieve, los hombres del Shogun no se lo pondrán nada fácil. Primero con el ataque de unos ninjas -en unas escenas increíblemente bien rodadas-, y posteriormente con un ejército liderado por el Capitán Tanaka. Mientras el enemigo sigue aproximándose, Maeve descubre que tiene el poder de dar comandos a los anfitriones sin ni siquiera abrir la boca. Parece introducirse en la mente de sus compañeros con algún tipo de capacidad de la que no conocía su existencia. Es evidente que Ford tenía una misión muy importante para ella, pero eso por el momento le lleva a ganarse el apodo de bruja. “Creo que estoy encontrando una nueva voz“, le asegura a un Sizemore cada vez más sorprendido.

Maeve no es la única que se está moviendo. En Westworld, Dolores continúa intentando reunir a los más aptos que la acompañarán al lugar hacia el que se dirige. En su grupo lleva a los anfitriones más convencidos, y también a Teddy, su amor fabricado que parece cada vez más confundido. La misión final está a punto de empezar gracias a la puesta en marcha de nuevo del tren original de Sweetwater, y es momento de liberar carga. Teddy insta a Dolores a que si lo que realmente quiere es la libertad, ¿por qué no huir y dejarlo todo atrás? Ella corresponde con una metáfora que involucra vacas, y una peste. La epidemia de la lengua azul por la que su padre acabó con los animales afectados para salvar al resto. Teddy hubiera protegido a los más débiles, y eso le convierte en un buen hombre, pero Dolores no necesita más cargas en forma samaritanos.

Como si de una prueba de fuego se tratase, la anfitriona decide esclarecer sus dudas. Decide acostarse con Teddy para poner en claro por fin si su amor se trata de algo surgido de la casualidad, o si en realidad es fruto de la narrativa. Un acto que bien tomado por ella como una despedida, anticipa el destino de su compañero. Dolores entiende que su amor por él es real, y eso la lleva precisamente a deshacerse de todo lo que le resta fuerza. Sacrificando una parte de sí misma decide deshacerse de Teddy reseteándolo completamente aún sabiendo que eso podría acabar con su cordura. Quien quiera encontrar la libertad deberá estar dispuesto a sacrificarlo todo, y Dolores no es la única que tiene la lección aprendida.

Maeve está cada vez más afectada. Su estoicismo inicial se ha visto reducido a cenizas cuando ha encontrado a su alma gemela. Alguien que la entiende y comparte los mismos deseos y objetivos en la vida. Si ella lo está haciendo todo por encontrar a su hija, Akane se está sacrificando para proteger a Sakura. Algo que no terminará saliendo bien cuando el propio Shogun, afectado por sus fallos internos de sistema, decida acabar azarosamente con la vida de la chica. “Algunas cosas son demasiado valiosas para perderlas, incluso para ser libres“, le había asegurado Maeve antes del desastre. Akane se había negado a unirse a ella, a encontrar “el mundo que alberga la verdad”, pero con su “hija” muerta, ya no hay nada que la retenga. Entra en pánico, y con una escena bastante gore -no engañaban los creadores cuando aseguraron inspirarse en Kurosawa- rebana el cuello del Shogun e inicia una carnicería.

Akane prefería no despertar, pero se vio forzada a ello. Teddy nunca tuvo opción de negarse. Los dos son signos del gran movimiento de fichas que están llevando a cabo los protagonistas por alcanzar la verdad, ya sea en forma de Gloria, de un familiar, o de algo que todavía no conocemos. Las reglas que ha impuesto Ford en su propio tablero son crueles, sí, pero las jugadoras están más que preparadas, y con Dolores habiendo cauterizado su herida, y Maeve despertando su poder, la montaña rusa de sorpresas en “Westworld” no ha hecho más que empezar.


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