Crítica de She-Ra y las princesas del poder: Grayskull vuelve a brillar

El icono feminista de los 80 regresa con una versión adaptada a los nuevos tiempos y repleta de contrastes

Crítica de She-Ra y las princesas del poder: Grayskull vuelve a brillar
 

¿Por qué aprovechar solo una tendencia, si puedes valerte de dos al mismo tiempo? Netflix se encontró a principios de año con un cruce de caminos bastante interesante. Mientras el éxito de sus series animadas no dejaba de crecer –ya sea por “Castlevania”, o por el anime-, cada vez se iba haciendo más palpable el buen rendimiento comercial que proporciona la nostalgia. Fue entonces cuando DreamWorks llamó a sus puertas valiéndose del acuerdo que mantienen ambas compañías, para, utilizando como base la nueva escuela de animación norteamericana, recuperar a uno de los grandes iconos feministas de los años 80. She-Ra había salido del cajón sin su homólogo masculino, pero no para volver a alzar la bandera reivindicativa, sino para dejarse endulzar por la masa.

En la década de los 80 el modelo masculino de héroe parecía estar caducando frente a las nuevos valores de igualdad derivados de la llegada de inmigración regularizada a Estados Unidos, y Mattel pensó que era el momento de dar un golpe en la mesa. Con la popularidad de “He-Man y los Masters del Universo” en su punto álgido, la aparición de una guerra fuerte e independiente, atrajo a millones de niñas a las tiendas. She-Ra era una deconstrucción de lo viejo pero al mismo tiempo un puente hacia la nueva sociedad. Todo ese significado que daba sentido y destino al personaje no es más que una sombra del pasado en el remake que la plataforma de streaming ha estrenado esta semana.

Noelle Stevenson, alumna aventajada de la nueva escuela de animación americana, y creadora de los cómics de “Nimona y Leñadoras”, se pone al frente de una serie repleta de color, contrastes, y un mensaje carente de poso pero cargado de intencionalidad. “She-ra y las princesas del poder” encaja en la forma del molde que dejó Filmation abandonado hace ya tres décadas, y no busca sobrepasar los límites de la saga ni del concepto original. Vuelve la misma historia clásica, los mismos personajes, y el mismo universo. Todo huele igual que por entonces, pero según se va desarrollando, los caminos de una y otra propuesta comienzan a divergir. Los nuevos tiempos, y los objetivos de Netflix no son los mismos, y eso nos lleva a un resultado bastante personal que merece la pena detenerse a saborear.

El mundo de Etheria está dividido entre el bien y el mal, entre la Rebelión de la Luna Brillante, y la Horda del Terror. Ambos bandos llevan siglos enfrentados sin encontrar una solución a sus disputas. La serie sigue a Adora, una cadete de la Horda que entrena a diario para encontrar un lugar en el mundo tras ser abandonada por sus padres de pequeña. Ajena a las fuerzas que discurren por encima,  Adora es feliz viviendo aventuras con su amiga Gatia, hasta que un día rompe el cascarón. Tras encontrarse por casualidad con una misteriosa espada en el bosque, algo en su interior se enciende, y siente la llamada. Atraída por voces, Adora toma el arma, y se convierte en She-Ra, la princesa de las leyendas que debe derrotar a la oscuridad para reestablecer el balance de Etheria.

Lo primero que llama la atención en este remake es su marcado tono infantil. Aunque muchas de sus series homólogas –“Steven Universe”, “Gravity Falls”, “Gumball”– comparten esa estética aparentemente inofensiva, todas ellas esconden un fuerte carácter crítico y adulto. “She-Ra y las princesas del poder” por el contrario se queda solo con la primera parte, y en su fondo, donde debería incluir la enjundia más agresiva, solo presenta ideas confusas sobre la igualdad, la amistad, y otros tantos valores manidos de la animación infantil. El talento aquí de Stevenson no se encuentra en el contenido, sino en la forma en la que que todo esto converge. Y es que la serie no destaca especialmente en ningún apartado, pero viene a poner de manifiesto el principio de Gestalt; el todo es mayor que la suma de las partes.

Destello es el reflejo de la diversidad entre las nuevas generaciones.

Cuando ponemos el primer pie en esta Etheria, sentimos una oleada de miedo, pero al mismo tiempo curiosidad. El mundo parece estar lleno de vida, los colores generan un entorno muy inmersivo, y el lore clásico parece seguir estando ahí. Adora, y el resto de personajes responden a los arquetipos ochenteros planos, pero siguen funcionando casi igual de bien a día de hoy. Cierto es que la protagonista ya no es tan revolucionaria ni rompedora como en aquellos años, pero su espíritu y presencia sigue transmitiendo la mismas ideas. Es sin embargo, en el resto del reparto, donde la serie pierde agua. Los buenos son muy buenos, y los malos son muy malos, sí, pero no hay ningún giro, nada que te mantenga en tensión. Tanto Gatia, como Destello, y Arco, tienen desarrollos muy previsibles. Todo sucede como uno espera que suceda, mientras las tramas buscan agarrarse a la seguridad del formato episódico, abandonando cualquier idea de progresión.

Vuelve el mal de Netflix y su ya clásico problema de alargar demasiado las series. “She-Ra y las princesas del poder” comienza con fuerza gracias a su historia principal, pero en cuanto tiene ocasión comienza a divagar con historias autoconclusivas que no tienen la suficiente fuerza como para justificar su presencia. Es fácil extender una historia por encima de los 10 episodios cuando más de la mitad de estos se dedican a reincidir una y otra vez en las mismas ideas, pegando una pequeña patada a la pelota solo cuando interesa. La idea de mostrar a una princesa distinta en cada episodio es original, pero aunque la directora se esfuerza por diferenciarlas –tanto en colores como en personalidad-, la reiteración termina echando a perder lo construido durante la introducción. Cuando el guion completa el círculo y vuelve al origen para enfrentar el desenlace, la intencionalidad se ha perdido por todos los rincones de Etheria.

Las princesas son variadas pero carecen de profundidad y propósito en la historia.

Abandonando lo macro, y yendo a lo micro, la serie comienza a hacerse fuerte. Hasta llegar aquí puede que muchas cosas no te hayan gustado, o que simplemente hayan pasado por delante de tus ojos sin hacer ruido. La magia del reboot comienza a hacer efecto en los pequeños detalles. La historia de Adora es la del héroe clásico, pero dada la vuelta. Ella comienza su viaje en el bando de los malos, y debe desmontar poco a poco el mundo que la propaganda de Hordak ha construido, para comenzar a verlo todo desde una perspectiva más pragmática. Aunque la serie hace hincapié en mostrar a la Rebelión como los buenos, lo cierto es que Adora no forma parte ni de un lado ni del otro de la balanza. Adora es la balanza, y para conseguir equilibrar el mundo debe buscar el gris del mismo. ¿Cuál es la gracia? Stevenson se carga la ambigüedad del universo lanzándote un cubo de maniqueísmo a la cara.

Esta idea la adereza con el toque de diversidad presente en sus compañeros; una princesa que no encaja en el canon de belleza clásico, y un compañero en las antípodas del “macho”. Todos esos valores absolutos de perfección que la sociedad impone, la showrunner los pone sobre los hombros de Adora, para incidir todavía más en su responsabilidad. “She-Ra y las princesas del poder” tiene esa cara nostálgica de la que se vale para crear su universo, pero al mismo tiempo contiene mensajes muy interesantes para las generaciones más jóvenes. Y lo más importante, huye de la disonancia propia de series infantiles creadas por adultos anclados es sus propias cosmovisiones generacionales. Los valores están presentados de forma coherente, y sí, no innovan, pero son efectivos.

Tejesombras es el reflejo de una sociedad que presiona con propaganda y miedo.

Para poner la guinda del pastel DreamWorks sorprende con una animación que sin llegar a ser sobresaliente, demuestra músculo cuando debe hacerlo, y se muestra flexible en los momentos más adecuados. Se percibe cierta diferencia de calidad entre las escenas más importantes, y los episodios de relleno, pero en general demuestra un nivel bastante notable. Algo que no sucede con la estética y los colores, siempre intensos, siempre apropiados, y por supuesto efectivos. El remake llama la atención por la intensidad de su paleta, y por el uso que hace de la luz para generar fuertes contrastes. Esa agresividad en lo estético además se traduce en una banda sonora a la que la holandesa Sunna Wehrmeijer sabe imbuir la intensidad que ya arrojó en la saga de “Los juegos del hambre”.

“She-Ra y las princesas del poder”, es una producción llena de contrastes, que enamorará de igual manera que disgustará. Todos aquellos que venían atraídos por la idea de volver a Ehteria para revivir sus infancias, saldrán o bien escaldados, o bien aturdidos por tantos cambios. Para las nuevas generaciones, y aquellos que no disfrutaron de la serie original, aquí encontrarán una de las propuestas más reales, honestas, y entretenidas que ha parido Netflix en todo el año.  Una serie no excluyente que busca encandilar tanto a chicos como a chicas, y que demuestra lo corrompidos que están algunos modelos sociales. Puedes ser quien quieras siempre que no olvides tus raíces, porque Grayskull lo puede todo.


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