tokyu ghoul

Tokyo Ghoul:re

Crítica del episodio 21 de Tokyo Ghoul: Re: Lazos inquebrantables

Todos unidos por salvar a Kaneki

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Nuevamente volvemos a “Tokyo Ghoul: Re” en lo que supone ya la recta final de uno de los animes más populares surgido en los últimos años. Ciertamente, estos últimos momentos nos están dejando con situaciones de lo más inimaginables, como que Kaneki se haya convertido en la mayor amenaza de Tokio, ya sea uno humano o Ghoul. Su transformación en un ciempiés de poder Ghoul totalmente sin igual ha provocado que los problemas entre especies que tanto habían dirigido la acción de la temporada deban dejarse totalmente a un lado.

Hide es, indudablemente, el nombre clave que queremos tratar en este punto. Después de que la segunda temporada de “Tokyo Ghoul” nos dejara con un Kaneki cargándole cual cuerpo sin vida, ya pudimos observar que en realidad se encontraba plenamente vivo -aunque con algún que otro defecto físico sin explicación-. De este modo, como gran amigo que fuera de Kaneki en su momento, desea como pocos conseguir que el Rey Ghoul de un Ojo vuelva a ser aquel ser amable que cuidaba de todos por igual. Es por tanto que a pesar de haberse visto relacionado inicialmente con la CCG en forma de refuerzo, no duda a la hora de acercarse al resto de Ghouls para reclamar una muy necesaria mano extra ante el tremendo desafío que les depara. Por fortuna para Hide, lo cierto es que los sentimientos de aprecio hacia Kaneki no son algo que sienta de manera exclusiva, algo que por un instante llega a representarse en forma de arma de doble filo.

En plena reunión de fuerzas Ghoul comienza a surgir un sentimiento de venganza totalmente contrario al carácter que Kaneki había representado episodio a episodio. A pesar de que este, incluso en su papel de Rey Ghoul de un Ojo, intentó por activa y por pasiva que los conflictos entre raza humana y Ghoul cesaran de forma definitiva, surge cierto sector de entre los Ghouls que especula con que esta última forma de Kaneki haya sido tomada con el objetivo de arrasar a los humanos. No obstante, esta situación cesa ante la honestidad de Tsukiyama, el Gourmet que quedara totalmente prendado del sabor y olor único que presentaba un Ghoul de las características de Kaneki. En cuatro simples versos, Tsukiyama logra definir el alma cándida de Kaneki, consiguiendo a su vez apaciguar el repentino deseo de sangre que se había instaurado en la mente de algunos Ghouls. Asimismo, prevalece una intención única entre todos los asistentes: salvar a Kaneki de sí mismo y devolverle junto al resto de sus amigos. Sin embargo, hacer esto en solitario es algo que se antoja como una tarea demasiado compleja.

Hide y la ‘armada’ Ghoul emprenden rumbo hacia los cuarteles de la CCG con el objetivo de lograr que estos accedan a unir fuerzas. Vale la pena recordar que hasta la fecha los Inspectores eran aquellos que más sangrientos se habían mostrado, contando solo con el deseo de acabar con la vida de todos y cada uno de los Ghouls que se cruzaran en su camino. Por suerte, Amon logra abrir los ojos de estos. Al recibir la respuesta de que la misión de todo Inspector es la de asesinar a Ghouls, este contrarresta con una alternativa mucho más acorde para con el rol de un Inspector, la cual implica buscar la paz como máxima. Estas palabras empiezan a resonar rápidamente en la mente de los Inspectores y Yonebayashi, luciendo el gran corazón que la caracteriza, es la primera en aceptar el trabajar junto a los Ghouls. Por otro lado, el resto de Inspectores sigue mostrándose parcialmente en contra hasta que ni más ni menos que Suzuya acepta la oferta de unirse por un mismo objetivo. Si bien es cierto que del lado de los Ghouls hallamos un componente sentimental mucho más notable que en el costado de los Inspectores -pues aquí es prácticamente nulo-, la realidad presente es que cada uno por su lado, en solitario, se vería incapaz de hacer nada contra la bestia en la que se ha transformado Kaneki.

En este sentido, resulta necesario hacer émfasis sobre la idea de soledad que poco a poco ha sumergido a Mutsuki en una espiral de autodestrucción. La que una vez fuera un tímido miembro de la Quinx Squad acaba por convertirse en un títere de Furuta al caer presa por los sentimientos de amor, venganza y odio que le provoca la figura de Kaneki o, en su defecto, Haise. La situación de Mutsuki ha llegado hasta tal punto que parece no encontrar otra alternativa que forzar su muerte, motivo por el que busca a Yonebayashi y Urie mientras estos se encuentran en plena misión por tal de localizar la ubicación del cuerpo real de Kaneki -esto será necesario a la hora de sustraerle de la inmensa estructura sobre la cual se ha originado el ciempiés Ghoul-. En su reencuentro, Mutsuki ataca sin pensarlo dos veces a Urie y Yonebayashi con el mencionado deseo de que estos devuelvan sus acometidas y, en última instancia, pongan punto y final a su agónica travesía. Pese a ello, lo único que halla es la sangre de Urie y las lágrimas de Yonebayashi. Ambos miembros se aferran a su pasado unido y juntos le abren su corazón a Mutsuki, quien acaba por aceptarlo tras caer desconsoladamente a los brazos de su querida compañera.

Con el escenario ya perfectamente situado para que Ghouls y humanos consigan acabar con la amenaza del ciempiés -y rescatar así a Kaneki-, será especialmente interesante descubrir si la participación de Furuta ha llegado ya definitivamente a su fin. Recordamos, como hemos señalado, que este ha maquinado todo cuanto hemos visto hasta el momento por tal de conseguir que Kaneki acabara convirtiéndose en la monstruosa criatura que refleja su estado físico. Consecuentemente, y a pesar de que vemos al ya exdirector abandonar la escena sin intención de retorno, resulta complicado imaginar que dejará a su creación de lado tan simplemente.


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