Análisis AER – Memories of Old

PC PlayStation 4 Xbox One
 

Hay títulos que destacan por su vena artística más que jugable. Esos videojuegos que nos venden sensaciones más que una jugabilidad perfecta, y nos ofertan sonrisas que no sabemos de donde provienen. Uno de ellos, y quizás el más recordado por muchos, es Journey, aunque podemos mencionar otros como The Last Guardian o Flower: el juego en estos casos se ponen al servicio de las mentes y nos ofrecen aventuras que despiertan sentimientos que parecían ocultos; algo que se logra no con un combate lleno de acción, sino con una brizna de aire, con un grito de temor o con un vasto desierto sin fin.

AER – Memories of Old pertenece a ese tipo de títulos, aunque también bebe de otros como The Talos Principle, The Witness o el propio The Legend of Zelda: Breath of the Wild, con quien comparte un inicio parecido como comentaremos en el próximo apartado: estamos ante un mundo abierto, más o menos amplio, que recorrer andando o volando gracias a la posibilidad que nos da ser una criatura que se transforma en una “bestia” alada. En este mundo, pese a haber “otros”, tenemos rastros de una humanidad pasada y puzzles que ir batiendo para ir descubriendo qué ocurrió hace ya tiempo. Esos puzles no solo están en los templos a descubrir, sino en el propio entorno de mundo abierto, con inscripciones crípticas que parecen no tener significado y que hay que descubrir con la exploración. Esto es AER – Memories of Old.

La creencia de estar perdidos

Estamos ante un análisis algo peculiar, en el que no hablaremos de la historia por un lado y de la jugabilidad por otro: mezclaremos sensaciones, hablaremos de situaciones y describiremos cómo nos sentimos al jugar. Perdidos, es una palabra que lo puede definir en su mayor parte. Hasta que no descubres el funcionamiento del mundo de AER – Memories of Old, el título es complejo de entender porque las inscripciones que hemos mencionado antes, las islas flotantes con lugares que no sabes para qué sirven o los personajes que nos vamos encontrando, no nos ponen las cosas fáciles. Solo en el primer tramo, lineal, en una cueva que se va destruyendo y con la ayuda de nuestra linterna, descubrimos que estamos ante un juego muy especial.

En cambio, salimos de esa cueva, como cuando salimos de Breath of the Wild, y la inmensidad nos invade. Comenzamos a volar con nuestra criatura tras descubrir dos o tres pequeñas descripciones que no logramos a entender, y vamos de isla a isla intentando comprobar qué es lo que ocurre en este mundo aparentemente solitario.

Pero poco a poco vamos hilvanando insripciones que se van leyendo en santuarios, piedras o simplemente “recuerdos” azules que vamos descubriendo, y nos vemos sumergidos en templos que nos ofrecen puzles tradicionales en los que se nos despoja de nuestra capacidad de volar. Ahí, determinados enemigos nos asaltan pero AER – Memories of Old no es un juego que se centre en combatir, por lo que hay que escapar con sigilo para descubrir así que estos “contrincantes” son puzles en sí mismos. Esos enemigos, que aparecen como sombras, nos van contando también determinados pasajes de la historia intrincada que completa AER, una historia que se va desvelando poco a poco con inscripciones.

Pensar y actuar

Por lo tanto, no estamos ante puzles que se realicen de una forma concreta, sino que estos acertijos juegan con el entorno: una vez estemos dentro de una cueva o un templo, habrá que explorar cada rincón de cada sala para dar con el mecanismo que nos permite avanzar. Pensar es esencial, sobre todo en las primera horas, para no dar por perdido un juego que va desvelando sus cartas poco a poco.

El núcleo de AER – Memories of Old no es extenso, pero hay numerosos momentos en los que nos podemos perder queriendo o sin querer, por lo que las 10 o 15 horas están garantizadas dependiendo de tu capacidad de avance. El mundo tampoco es muy extenso pese a que la distancia de dibujado es amplia: el mapa nos ayuda a avanzar hacia el lugar correcto con islas de todas las formas y tamaños posibles, aunque el vuelo nos facilita mucho cubrir las distancias que hay entre ellas.

El control del vuelo tampoco es complicado, sobre todo jugando con mando. Puedes decidir cómo controlar al personaje de forma muy simple desde el menú de juego, aunque lo cierto es que está muy bien implementado con la disposición de botones que viene por defecto. La transición de “bestia alada” a “humano” también es muy sutil y exacta, algo esencial para caer en el lugar de la isla que queríamos desde que estábamos volando y vimos ese punto de interés que estábamos buscando.

Será bonito, pero demasiado minimalista

El apartado artístico de AER – Memories of Old es muy bonito: colores pastel abundan en el exterior e interior de los templos e islas que visitamos, con un mundo que parece vivo gracias a peces que saltan en el agua, pájaros que vemos volar en el cielo o partículas que aparecen en diferentes momentos dentro de AER – Memories of Old. En cambio, todo es muy minimalista: el mundo parece vivo, pero a la vez, parece falto de mayor cantidad de elementos. El tratamiento del color es perfecto, y genera un apartado gráfico que, aunque hemos visto en otros juegos, entra por los ojos fácilmente.

En cambio, técnicamente no pasa del aprobado, con unas texturas simples, y una tasa de imágenes que en un ordenador de clase media se resiente en demasiadas ocasiones pese a que lo que aparece en pantalla no es demasiado ambicioso. Este error ocurre más en el mundo abierto que en las cuevas cerradas, imaginamos que por la cantidad de elementos que debe renderizar AER – Memories of Old a larga distancia.

Eso sí, donde AER – Memories of Old se luce es en el apartado sonoro, con una banda sonora minimalista pero suficiente para el jugador: sabe dónde colocar una partitura y sabe dónde hay que evitarla. Los videojuegos deberían comprender que la música no debe ser omnipresente, sino que hay momentos y momentos. Un buen silencio significa más que una mala elección musical.

Una experiencia llena de libertad enfocada en el minimalismo

No nos hemos querido centrar en desgranar una jugabilidad que se centra en los dos apartados aquí mencionados: una exploración gracias al vuelo y unos puzles que aprovechan el entorno y la historia del juego al máximo. Por ello, la libertad a la hora de abordar el juego es enorme, y muchas de las horas que hemos gastado en AER – Memories of Old han sido explorando en vano hacia donde dirigirnos. Muchos serán los usuarios que vean esto como un contratiempo, ya que en contadas ocasiones hemos querido cerrar el juego por estar demasiado perdidos, pero el mundo minimalista creado (con sus limitaciones) nos invitaba a explorarlo.

La historia que se va desgranando poco a poco y el secreto de la humanidad que encierra es suficiente para mantenernos atados a una producción que lleva años y años siendo creada. Hay que darle una oportunidad si eres fan de Journey y juegos del estilo que ofrecen experiencias, pero si lo que buscas es una jugabilidad pulida y con aristas, AER – Memories of Old sabe que no es eso.


Positivo

  • Experimentar la libertad crea una sensación única
  • Algunos puzles están muy bien implementados gracias a la exploración
  • Apartado sonoro y artístico minimalista muy acertado
  • El control del vuelo es cómodo e intuitivo
  • Buena duración

Negativo

  • La forma de descubrir los objetivos puede desquiciar
  • Es un juego de experiencias: o lo amas, o lo odias
  • El apartado técnico tiene algunos problemas de rendimiento en ordenadores medios
7.5

Bueno

Política de puntuación

David Cruz García
Amante de los videojuegos y del cine. Quizás The Legend of Zelda y Final Fantasy ocupen un lugar más alto en mi corazón que otros videojuegos, pero amo a todos los que me divierten por igual. Cine de ciencia ficción como forma de vida