Análisis de Taiko no Tatsujin: Drum ‘n’ fun!

Nintendo Switch
 

Taiko no Tatsujin es una sorpresa; no solo por verlo en Europa, algo que ya es digno de elogio por motivos que explicaremos a continuación, sino porque se trata de un gran título musical que, eso sí, recomendamos encarecidamente jugar con su tambor original. Es cierto que es perfectamente jugable con botones (no tanto, como explicaremos, con controles por movimiento) pero estamos ante un videojuego pensado para jugar con baquetas y tambor reales.

¿Y por qué es digno de elogio que Taiko no Tatsujin llegue a Europa, y, sobre todo, traducido? Decenas de canciones (sobrepasa las 70) con licencias de todo tipo, algunas de ellas nunca oídas fuera de Japón. En otros tiempos, como ocurría con algunos proyectos basados en animes, no habría llegado. Es más, hay entregas de Taiko no Tatsujin que no han se han lanzado en Occidente. Es por ello que debemos agradecer su lanzamiento y más en estas condiciones (tanto en Nintendo Switch, con formato físico y siendo esta la versión analizada, como en PlayStation 4; ambas experiencias complementarias).

No vamos a hablar de la lista de canciones (algo que simplemente mencionaremos con una imagen del listado oficial), sino de su progresión, de su dificultad y de sus sensaciones al jugar. Hemos podido acceder al tambor para probar el título (de forma externa) pero también hemos obtenido buenas sensaciones al mando. Por lo tanto, Taiko no Tatsujin es un imprescindible musical de Nintendo Switch y os invitamos a descubrir qué os ofrece.

¿Tambor, mando o movimiento?

El videojuego es muy simple en esencia: hay dos notas que ir pulsando en el momento justo (si no se pulsa “bien”, entonces se nos informará con un “vale” o un “Mal”) e ir aumento la puntuación mientras encadenamos combos. Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol del género musical; hay propuestas más complejas en las que inciden más notas y botones; aquí solo dos. Una es de color rojo, y otra azul.

En el mando, esto se corresponde con la letra A y B; ir encadenando notas en el mando es sencillo hasta completar el segundo nivel de dificultad; en algunas canciones incluso el tercero. Pero es a partir del cuarto, y último, donde observamos que no es el método de control más adecuado para Taiko Tatsujin. La velocidad requerida para pulsar las notas es enorme por lo que habrá que practicar mucho con el mando, quizás demasiado, para obtener buena puntuación en el último nivel de dificultad.

El tambor adquiere por lo tanto el protagonismo: responde perfectamente a los movimientos e incluso en la dificultad más alta se puede seguir con destreza. Es por ello que creemos que el título debería haber llegado de una forma más económica (con tambor son 100 euros, y solo hay una edición muy limitada) trayendo consigo el tambor de forma obligatoria. Funciona, por cierto, igual: una mitad del tambor es para una nota; otra mitad para la otra nota. E incluye dos maquetas. La calidad de construcción, por cierto, no es excelente, pero cumple su función.

Por su parte, el control por movimiento es impreciso y debería ser mejorado de cara a una futura entrega en Nintendo Switch; no queda claro cómo debemos mover el Joy-Con (azul y rojo) en cada momento, algo que nos desconcierta y resulta fallido.

En definitiva, el método ideal de juego sería el tambor; justo por debajo los mandos tradicionales, con una experiencia parecida y que solo requiere más habilidad para los niveles más altos de dificultad; y a una cierta distancia, el control por movimiento. Es aquí donde vemos más descontrol y, por lo tanto, no es recomendable.

Contenido por un tubo y apartado artístico/sonoro soberbio

Más de 70 canciones, como ya hemos mencionado, y que podéis ver en el listado situado justo debajo: canciones de todo tipo. Temas clásicos, provenientes de cantantes pop de Japón o de Vocaloid, extraídos de videojuegos (a destacar el tema principal de Super Mario Odyssey) o de animes (como Doraemon o Shin Chan) … Hay una variedad infinita, pero, hay que destacar, que es todo muy del gusto nipón. Una obra extraña en nuestro país que es para aquellos jugadores más japoneses. Pero la selección es magnífica.

No solo está la modalidad tradicional; hay otro modo de juego festivo con muchos minijuegos como la pesca o la caza de sushi. Estos minijuegos, como algunas canciones, se desbloquean cuanto más juegas, algo que genera una sensación de progresión muy solvente. Los minijuegos mencionados gustan mucho y tienen una dificultad muy medida. Bien podrían pertenecer a una entrega de Super Mario Party porque tienen un muy buen diseño basado en el ritmo.

En cuanto al apartado artístico, decir que tanto los personajes como los ambientes y los menús son geniales; coloridos, bellos y muy cariturescos. No, no explotan las capacidades técnicas de Nintendo Switch, pero sin duda alguna cumplen su cometido en el género. El sonido también es soberbio, como hemos apuntado en varias ocasiones, tanto en la selección de temas como en los efectos sonoros. Por lo tanto, es una obra muy cuidada en todos sus aspectos.

Sentido del humor y calidad musical y jugable

Un apartado gráfico lleno de sentido del humor pone la excelencia a un título en el que la calidad musical es indudable. Sí, es un repertorio del gusto japonés y es algo que puede echar para atrás, pero ya sea con mando tradicional o con tambor, Taiko no Tatjusin es una obra recomendadísima para los amantes del género. Además, llega traducido al español y su progresión, con el desbloqueo de nuevas canciones y minijuegos, es muy entretenido para mantenerte pegado a la pantalla durante horas.


Positivo

  • Selección musical de calidad
  • Mecánica jugable sencilla y adictiva
  • Mando bien implementado y tambor que mejora aún más la experiencia
  • La progresión parece constante, ofreciendo horas de juego
  • Bonito apartado artístico

Negativo

  • Los controles por movimiento no funcionan
9

Increíble

Política de puntuación

David Cruz García
Amante de los videojuegos y del cine. Quizás The Legend of Zelda y Final Fantasy ocupen un lugar más alto en mi corazón que otros videojuegos, pero amo a todos los que me divierten por igual. Cine de ciencia ficción como forma de vida