Impresiones jugables de Pokémon: Let’s Go, la bomba nostálgica de Nintendo

Pokémon: Let’s Go Pikachu/Eevee

Nintendo Switch
8.7

Muy bueno

Impresiones jugables de Pokémon: Let’s Go, la bomba nostálgica de Nintendo

El nuevo juego de la saga abandona la profundidad mecánica en favor de una nostalgia muy efectiva

Impresiones jugables de Pokémon: Let’s Go, la bomba nostálgica de Nintendo
 

En ciertas ocasiones las decisiones empresariales están por encima de los deseos de los consumidores. Nintendo tras descubrir la pólvora con el exitoso título de Niantic, debía seguir el curso natural de las cosas, tomando por primera vez en la historia de la franquicia un camino alternativo. Pokémon: Let’s Go, Pikachu! y Pokémon: Let’s Go, Evee! nacen bajo la sombra de un fenómeno que a día de hoy ya ha reportado más de dos mil millones de dólares en beneficios, y que continúa gestando la que deberá ser la futura comunidad de la franquicia. Este acercamiento más casual lejos de ser excluyente, acepta no solo a los viejos jugadores, sino también a los nuevos, quienes por primera vez en más de dos décadas pueden pisar Kanto en un entorno familiar.

Aunque durante las últimas semanas la campaña de promoción se ha intensificado con distintos gameplays, entrevistas, y detalles interesantes, seguía faltando la pieza más importante para saber si es una compra justificada, o es mejor esperar al plato fuerte de la saga para el próximo año. Este fin de semana se ha celebrado en la capital española la edición 2018 de la Madrid Games Week, y allí Nintendo no ha dejado pasar la oportunidad de presentar oficialmente el nuevo juego de la franquicia al público español. Lo ha hecho con una demo bastante limitada que no desvelaba novedades destacables sobre todo lo ya conocido, pero sí permitía explorar el apartado más polémico hasta la fecha: la jugabilidad.

El salto gráfico ha sido bien recibido, la decisión de tomar como elección un remake de Pokémon Amarillo también, e incluso la interactividad con Pokémon GO se ha visto con buenos ojos. Sin embargo, el acercamiento desvergonzado hacia las mecánicas de este último con la ausencia de combates con Pokémon salvajes, y con la desaparición de los objetos equipables, han eliminado cualquier atisbo de componente competitivo en el título. Si hay una palabra que ha rondado todos estos meses en la comunidad, esa ha sido “escepticismo”. La nostalgia y la realidad se han estado balanceando en un equilibrio complicado, que solo será resuelto cuando llegue el próximo 16 de noviembre. ¿Qué terminará pesando más? Nosotros tenemos ya una posible respuesta.

Son todavía muchas las dudas que existen sobre el funcionamiento exacto de Pokémon: Let’s Go, pero ya hay una que al menos hemos podido despejar. La demo disponible con la que Nintendo ha querido pasar la prueba de fuego ante el público y la prensa nos soltaba directamente en el Bosque Verde sin ningún tipo de contexto, y nos alentaba a movernos por la zona para combatir contra entrenadores y capturar Pokémon. Nada de esto era representativo del juego final en tanto que contábamos ya con un equipo aleatorio formado, y en tanto que las criaturas salvajes eran completamente aleatorias y no fieles a lo que recordamos del famoso bosque. Lo interesante aquí eran las sensaciones ante una Poké Ball a la que nos acercamos con reticencia, pero que para nuestra sorpresa consigue transformar por completo la jugabilidad.

Entendemos que aunque este accesorio no sea obligatorio a la hora de recorrer de nuevo Kanto, Nintendo haya querido poner énfasis sobre él. Y es que tanto su diseño como su funcionamiento responden al ya conocido cuidado que tiene la compañía nipona con todos sus dispositivos. ¿Cómo funciona? Colocamos la Poké Ball Plus en horizontal con el botón de apertura mirando hacia arriba, y lo usamos como si fuera un Joy-Con. Este último botón sirve como joystick, y cuenta con una movilidad similar a la del mando original de Nintendo Switch, mientras que el botón R es sustituido por un botón no visible en la parte delantera de la Poké Ball Plus. Se agarra de la misma forma que el Joy-Con, y la única novedad que presenta ya hablando del juego en sí mismo, es la posibilidad de realizar el gesto de lanzamiento imitando la mecánica de Pokémon GO.

La interfaz que nos encontramos en los encuentros es muy similar a la de Pokémon GO.

Dejando de lado la teoría, la sensaciones con el dispositivo en la mano son muy satisfactorias. El juego se mueve con una fluidez asombrosa tanto en los desplazamientos por el exterior, como en los propios encuentros. Si bien el apartado artístico ya ha sido diseccionado hasta la saciedad en los distintos vídeos, en persona impresiona de forma sorprendente. La paleta de colores intensos, y los modelados redondeados con tendencia al estilo cartoon recrean un universo cálido del que cuesta despegarse. Esto además trasciende la superficie, e impregna hasta el más mínimo detalle de las criaturas y los entrenadores. La hierba y los árboles se mueven al son del viento, los rivales ya no parecen estar situados en raíles sin visión periférica, y la música lo envuelve todo recurriendo a la nostalgia del título original. Pokémon: Let’s Go es una experiencia amable que no busca el desafío, sino la diversión más directa. Algo que ya hemos visto en el juego de móviles, y que llega a la consola de sobremesa buscando repetir fenómeno.

Ahora bien, nosotros no pasamos más de 10 minutos jugando, y no sabemos cómo puede repercutir en la experiencia tener que estar continuamente haciendo el gesto de captura cada vez que aparezca un Pokémon salvaje. La eliminación de los encuentros aleatorios en favor de un mayor realismo con la posibilidad de elegir el enfrentamiento quizás sea el salvavidas para una saga que ya ha pasado en muchas ocasiones por el trago de soportar mecánicas monótonas y agotadoras a largo plazo. La interactividad con el escenario es mayor que nunca; esquivamos criaturas que vemos físicamente al tiempo que decidimos si combatir o no contra los entrenadores. Esto puede resultar un detalle sin importancia, pero ciertamente es una de las novedades más importantes y determinantes de todo el juego.

Combatir o no ahora dependerá de nosotros mismos.

Nintendo se ha esforzado a la hora de incluir detalles de todo tipo para aportar profundidad a un juego que de base solo persigue el entretenimiento superfluo. Que el led de la Poké Ball Plus se ilumine con parpadeos cada vez que estamos atrapando un Pokémon, y que el color de esta luz cambie según el tipo de criatura una vez registrada en la Pokédex, son las cosas que la compañía nipona ha sabido manejar para ganarse a los usuarios más veteranos. ¿Es suficiente? ¿no lo es? Todavía es pronto para saberlo, pero a lo largo de las últimas semanas Nintendo no ha dejado de revelar detalles sobre el post-game y otros aspectos del juego para enriquecer una imagen que a día de hoy sigue echando para atrás a muchos entrenadores experimentados de la franquicia.

Pokémon: Let’s Go es un juego que gana en las distancias cortas. Desde su anuncio el pasado mayo nada de lo que ha salido a la luz nos había terminado de convencer, pero una vez ponemos las manos sobre él, todo cambia. El éxito o el fracaso se han de medir en función de los objetivos, y este nuevo juego de la saga tiene muy claro qué es lo que quiere. Si la comunidad de jugadores más casuals le dan una oportunidad, no hay duda de que la franquicia seguirá expandiéndose no solo hacia adelante, sino en todas las direcciones.


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