Crítica de A ciegas: El miedo a lo desconocido

No queda claro si son los monstruos a los que no hay que mirar, o si es la propia película

Crítica de A ciegas: El miedo a lo desconocido
 

A la que tomaban como una novata sin experiencia, ya se atreve con películas de corte académico plagadas de estrellas de primer nivel. Netflix termina el 2018 con un catálogo de películas de mayor o menor calidad, pero enfocadas directamente a romper el techo de cristal que hasta ahora le impedía entrar en Hollywood. Para ello, claro, se ha hecho o bien con materiales populares, o bien con cineastas de prestigio. En la mayoría de casos los buenos resultados han venido de la segunda vía, con la reciente “Roma” todavía coleando en el ambiente. Sin embargo, ejemplificando la irregularidad que ha mantenido durante todo el año, los de Reed Hastings no han podido evitar hundirse de nuevo con “A ciegas”.

Promocionada con tan solo un tráiler el pasado noviembre, la adaptación de la novela original “Bird Box”, escrita por Josh Maleman en 2014, aterrizaba este fin de semana en el catálogo de forma algo anticlimática. Una Sandra Bullock reconvertida de su reciente pasado como atracadora en “Ocean’s Eleven”, lidera una historia dramática con tintes de ciencia ficción que se queda a medio camino de todo lo que intenta. Ni Netflix consiguió darle la visibilidad que se merecía en una semana cargada de grandes estrenos cinematográficos, ni Susanne Bier consigue imprimir toda la intensidad y emoción que esconden las páginas del libro en la producción.

La directora de “En un mundo” se vuelve a refugiar en su habilidad para crear historias intimistas apoyadas en los lazos familiares y las emociones de los personajes, pero no termina de corresponder a las altas expectativas que arrastraba una novela tan conocida. Se la comparaba con “Un lugar tranquilo” por su premisa, pero ni va en la misma dirección tras partir de la casilla de salida, ni termina de cerrar su historia de forma tan satisfactoria como sí lo hacía John Krasinski en su debut. “A ciegas” navega entre el drama y el terror pero se queda en la superficie de un universo que podría haber dado mucho más de sí.

Una misteriosa raza alienígena ha llegado a la Tierra para acabar con la humanidad tal y como se la conoce. Con apariencia invisible, estas criaturas provocan la locura en todos aquellos que las miran directamente, invitando en el mejor de los casos, al suicidio. La población se está inmolando ante un enemigo contra el que no se puede combatir, y Malorie (Sandra Bullock), una mujer embarazada, se ve forzada a sobrevivir en ese mundo tras vivir de cerca el drama que está acabando con el ser humano.

Por causas del destino, Malorie termina refugiándose en la casa de Douglas (John Malkovich), un hombre áspero y reacio a las relaciones humanas, que se ha dedicado en las últimas horas a recoger en su hogar a todos aquellos supervivientes de la masacre. En esa casa Lucy (Rosa Salazar), Olympia (Danielle Macdonald), Charlie (Lil Rel Howery), Tom (Trevante Rhodes), y Cheryl (Jacky Weaver), formarán una familia, e intentarán aguantar todo lo posible a un destino que parece ya inevitable. Sin embargo, las amenazas del exterior poco a poco comenzarán a hacer mella en sus inquilinos, desatando una tormenta de caos imposible de detener.

A ciegas
Los pájaros son la pieza clave para la detectar la presencia de las criaturas en el exterior

“Bird Box” –título del libro que en español se mantuvo, pero que Netflix ha decidido traducir sin motivo aparente- es un thriller de terror psicológico que busca transmitir el miedo a través de lo desconocido. Aunque lo de los alienígenas llama la atención a la hora de vender la película, lo cierto es que Malerman nunca termina de definir a esas criaturas. Siempre las esconde. Partiendo de su invisibilidad, nunca aparecen directamente en pantalla, son mostradas de forma velada a través del sonido. Bier mantiene este elemento pilar en pos de alargar la tensión hasta el mismo final de la trama, invitando al espectador a disfrutar no de la meta, sino del camino. El problema es que las promesas que hace la directora a lo largo del viaje ni son interesantes, ni están bien llevadas.

El resultado que ofrece a “A ciegas” es sangrante. Pese a que sus primeros minutos sin increíblemente asfixiantes –muertes descarnadas por doquier-, y el planteamiento inicial de la casa invita a interesarse por los personajes, poco a poco la película va tirando por tierra todo su potencial para quedarse con un suspense continuo sin dirección. Bier confunde la tensión mantenida, con una experiencia terrorífica, y se olvida de incluir los detonantes que harían de todas esas escenas momentos con peso y significado dentro de la trama. Algo que resulta todavía más doloroso si se tiene en cuenta que es nada más y nada menos que Eric Heisserer (“Arrival”), quien firma el guion.

A ciegas
Las escenas más dramáticas se apoyan no en el terror de los monstruos, sino en las emociones de los personajes.

Lo que no pierde Bier es su capacidad para exprimir las emociones y los dilemas internos de los personajes. La película recurre constantemente a primeros planos, y silencios incómodos, para hacer friccionar esa carga emotiva que emana de los distintos habitantes de la casa. Sin embargo, por la disposición de la historia, la única que tiene capacidad para brillar –o al menos salir airosa del entuerto- es Bullock. La actriz no da la mejor interpretación de su carrera, pero se funde a la perfección con los miedos de Malorie. Con sus problemas para socializar, y principalmente con su miedo a ser madre. Es en definitiva un personaje creíble que tiene el cuerpo suficiente como para cargar toda la historia casi por sí mismo.

El problema de “A ciegas” no es tanto su protagonista, como sí lo desaprovechado que queda el contexto. Con un elenco de personajes entre los que hay estrellas de la talla de Malkovich o Salazar, resulta incomprensible que Heisserer no haya encontrado ninguna solución para equilibrar más el peso del reparto. Y es que ninguno de los inquilinos supervivientes, ni si quiera el interpretado por Rhodes –con algo más de tiempo en pantalla-, logran pasar de lo anecdótico. La película ni se molesta en presentarlos debidamente a pesar de tener la oportunidad de hacerlo, y a la mínima oportunidad se los quita de en medio en una secuencia del todo atropellada.

A ciegas
La escena del río es la más intensa de toda la película, pero no se le da la importancia que debiera.

Cuando la trama empieza a acelerarse y llegan las primeras muertes, los personajes nos importan tan poco, que el impacto derivado de ellas es inexistente. Esto no solo viene dado por la falta de desarrollo de personajes, sino también por un planteamiento narrativo más que cuestionable. “Bird Box” plantea su historia dando saltos hacia adelante y atrás a través de tres momentos temporales distintos. Bier decide dejarlo en tan solo dos, pero ni con eso logra evitar sabotearse a sí misma constantemente. La película abre con uno de los momentos finales, para retroceder hacia el pasado y reandar el camino hasta ese mismo punto. Es un planteamiento que hemos visto miles de veces, pero que aquí solo va en detrimento del suspense deseado.

“El camino”, “La Niebla”, “Un lugar tranquilo”, esta película necesita ser definida mediante comparaciones con otras cintas del género, porque en sí misma no tiene valor alguno. Es cierto que esos ejemplos, que tanto se han puesto sobre la mesa durante los últimos días, son injustos, pero vienen a plasmar el poco interés que Bier logra imprimir a la adaptación. Esta podría haber sido una de las películas del año para Netflix, pero se termina quedando en un envoltorio bonito, que esconde un caramelo insípido. Con más de dos horas de duración, “A ciegas” se siente como un experimento fallido que invita a cerrar los ojos.