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Crítica de Ataque a los titanes 3×15: Un destino arbitrario

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CRÍTICA

Crítica de Ataque a los titanes 3×15: Un destino arbitrario

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  • Fecha de estreno: 7 de abril de 2013
  • Duración: 24 min / ep
  • Pais: Japón
  • Género: Acción, postapocalíptico, drama, ciencia ficción, suspenso, misterio, tragedia
  • Productora: Wit Studio
  • Distribuidora: Selecta Vision (España)
  • Director: Tetsurō Araki
  • Guionista: Yasuko Kobayashi, Hiroshi Seko y Noboru Takagi

Más que la crueldad, más que el drama, e incluso más que los giros de guion, el principal fuerte de «Ataque de los titanes» se encuentra en su universo. Sí, hay un enemigo que quiere acabar con la humanidad, pero ¿quién es? ¿por qué está en contra de los suyos? El sótano de Grisha parece poder responder a algunas de esas preguntas, pero Isayama no podía esperar a ver resuelto el enfrentamiento, para poner las cartas encima de la mesa. Con Reiner caído en combate, y las posiciones cada vez más cerradas, era el momento de utilizar el único recurso narrativo posible para dar algo de contexto a todo lo que estaba sucediendo.

El velo se levanta por primera vez, y aunque lo hace de forma tímida –Wit sigue gestionando recursos- deja más destellos de información que en toda la temporada pasada. La acción se traslada al pasado, concretamente al momento en el que comenzó todo. Cuando Marco, uno de los miembros del Cuerpo de Exploradores, descubre el secreto de Reiner y Berthold. La escena es caprichosa, pero Tetsurou Araki logra establecer un puente emocional increíblemente efectivo entre el espectador y ese bando enemigo hasta ahora inaccesible.

Ataque a los titanes

¿Quiénes son estos traidores? Si bien hasta ahora los titanes enemigos habían sido presentados como psicópatas carentes de sentimientos, el punto de inflexión que marca el episodio 13 en cuanto a la construcción psicológica de estos personajes, es más que evidente. Annie se derrumba ante Marco, y Berthold queda completamente paralizado ante la carnicería que está contemplando. Sin embargo Reiner parece mantenerse estoico, decidido y comprometido con la misión. La jerarquía y dinámica interna del grupo queda reflejada en un breve intercambio de palabras, pero ni siquiera el Titán Acorazado es capaz de refugiarse completamente en su alexitimia.

A lo largo de sus tres temporadas, «Ataque a los titanes» ha demostrado ser más compleja de lo que aparentaba, ir un paso más allá de la exposición. En este caso lo que parece una señal de simpatía hacia el espectador es solo una treta más. Wit aporta información hasta ahora inédita del enemigo, pero sesga con intencionalidad. Lo hace al mostrar una sola cara del dado, invitando llegar a unas conclusiones algo obtusas. Sí, el grupo está decidido a sacrificarse por alcanzar su meta, sin embargo no se sabe ni cuál es, ni el porqué de la misma. Y el teatrillo no acaba ahí.

Ataque a los titanes

El cebo más explícito de todo el episodio lo condensa la aparición del Guerrero Jefe Zeke. La información se vierte avasallando, haciendo imposible dilucidar nada. Por primera vez se presenta a un superior, se conoce el apelativo que utilizan internamente entre ellos, y se expone el fin último de su bando; recuperar la coordenada para poner fin a esta historia maldita. Más y más información sin las instrucciones necesarias para decodificarla. Pero Isayama no regala nada, y esta exposición -como no podía ser de otra manera-, también cumple una función narrativa muy clara.

La acción nos devuelve al presente, y con toda esa carga emocional en la mochila, Wit pone al frente del episodio a Berthold. Pero este ya no es simplemente un traidor capaz de convertirse en el Titán Colosal. Es una persona con ideales, compasión por sus compañeros, y capacidad de amar. Cosas que solo conoce el espectador, y que el estudio utiliza con habilidad para desdibujar ese equilibrio maniqueo entre el bien y el mal con el que había estado operando. Los malos ya no son tan malos, y los buenos puede que no estén actuando tan acorde a la lógica como cabría esperar.

Ataque a los titanes

El flashback se demuestra como una táctica más que efectiva de cara a proponer un nuevo punto de vista del enfrentamiento. Ni interrumpe el ritmo de la acción –como viene siendo habitual en este tipo de situaciones-, ni peca de intrascendente para alargar artificialmente el episodio. El nuevo escenario al que da pie deja un espacio ideal para que Armin saque a relucir todas sus virtudes, con una deriva hacia la negociación completamente inesperada. “No teníamos el lujo de poder negociar”. El estupor entre todos los que han visto caer a Reiner es evidente. Queda empatía, y el chico rubio la decide canalizar hacia la diplomacia. O bueno, un intento de parlamento.

Armin, crecido por la responsabilidad que Erwin ha depositado en él, se cree capaz de derrotar  conversación a Berthold. Pero este no llega al escenario totalmente expuesto. La lucha interna que había librado para intentar corresponder a su compañero por fin había llegado a su fin. Ese carácter endeble y dependiente se ha transformado ahora en determinación. Quizás por la casi muerte de Reiner, o por la deriva que están tomando las circunstancias, pero el Titán Colosal consigue henchirse de orgullo para crecer tan alto como su transformación. El intercambio de palabras entre uno y otro no tarda en convertirse en una negociación de suma cero.

Ataque a los titanes

Ninguno de los dos llega con la pretensión de ceder nada, dando por hecho que el contrario está en desventaja. El problema es que ni siquiera esa balanza está equilibrada. Berthold no duda en exponer sus exigencias; conseguir a Eren, y acabar con todos aquellos que viven dentro de los muros. No hay un “por qué” en sus peticiones, pero sí un tinte de desesperación. “No tenéis culpa de nada, pero tenéis que morir”. Ni él ni Armin tienen otra salida más que combatir hasta la muerte. Isayama descarga el consecuencialismo en un universo todavía por dibujar, tintando la serie de impotencia una vez más. Y no se queda ahí.

El caramelo convertido en veneno se torna oscuridad, cuando Berthold cumple sus amenazas y se transforma liberando una explosión en medio de Shinganshina. La bola de fuego lo absorbe todo, y en menos de diez segundos la mitad de la ciudad desaparece, con todos sus edificios, y sí, todos aquellos situados en la zona. La -posible- muerte de Hange cae como un peso muerto devolviéndonos a la realidad de «Ataque a los titanes»; de esa serie capaz de ser cruel incluso en los momentos de mayor desesperación. Todos han muerto, los que se encuentran entre el muro y el Titán Bestia podrían terminar haciéndolo, y Armin continúa sin opciones. Pero su única salida ahora es mucho más infame.

Ataque a los titanes

Wit vuelve a sorprender una semana más dando un paso atrevido hacia la resolución del misterio, pero al mismo tiempo se apega al melodrama tan efectivo del anime. Y lo hace sin renunciar a nada. Ni al componente narrativo, ni a la acción, menos gutural que en anteriores semanas, pero con mucha más trascendencia. Sin malos ni buenos, y un misterio que sigue lejos de resolverse, ahora la duda está en quién morirá, y quién estará dispuesto a hacerlo.


Ataque a los Titanes (Shingeki no Kyojin)

Capítulo 3x15

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Escribo mucho y a veces bien. Lidero un equipo de patatas. Seguidor incondicional de Inio Asano. Otaku pero no mucho.

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