Crítica de The Promised Neverland 1×02: Pesadilla indiscreta

La dirección de Kanbe vuelve a dictar el triunfo de la adaptación

 

¿Tiene sentido adaptar algo si no es para mejorarlo? La industria del anime tiene la cuestionable costumbre de recoger materiales de una calidad excepcional, para trasladarlos de forma literal a cine o la televisión. Los fans suelen alegrarse, claro, no hay riesgo. Pero el sentido del propio proyecto se pierde. “The Promised Neverland” se estrenó la semana pasada optando por la opción segura. CloverWorks se apegaba a la obra de Posuka Demizu y  Kaiu Shirai replicando en forma y contenido lo plasmado en las viñetas. Era una decisión consciente en pos de asegurar una base narrativa sólida. Y los seguidores recibieron la decisión con una sonrisa. Pero ese camino no era realmente el elegido por el estudio para trasladar esta historia.

Mamoru Kanbe se enfrenta a su segunda prueba de fuego entrando en territorio comanche. Con la personalidad y motivaciones del trío protagonistas ya establecidas, y el pastel descubierto, tocaba dar inicio al juego psicológico que tan famoso ha convertido al manga. “The Promised Neverland” parte de un inicio poderoso, y desde ahí se adentra en un valle de transición episódico en el que la trama avanza lentamente subordinada al desarrollo psicológico de los personajes. El director se adentra en ese largo camino sin perder el norte, permitiéndose más de una libertad creativa. Y el resultado no podría ser más positivo.

The Promised Neverland
Un arranque espectacular dictamina el resultado de todo el episodio.

El equipo sigue respaldando ciertos toques oníricos –como la metáfora del reloj- y en esta ocasión optan por un inicio de episodio koniano. La mente de Emma es un laberinto de miedos y esperanzas que sirve para que Kanbe juegue a materializar sus pesadillas. La consecuencia es una secuencia de apenas 30 segundos que recoge todo el terror que baña el universo de la obra, y que recuerda poderosamente a la idiosincrasia de Demizu. Y su efecto va más allá del impacto inicial. Asienta el tono de todo el episodio, evitando tener que pasar por una introducción, o si quiera repasar lo ya sucedido. El primer tanto de Kanbe.

Desde ese punto la composición cromática y la fotografía del anime cambia por completo respecto a lo que se presentó en el piloto. Grace Field House ya no es el orfanato idílico que creían, y el equipo lo refleja apagando con agresividad la luz general de las escenas, cubriendo el cielo intencionadamente de nubes, y persiguiendo siempre la noche como lenguaje común. En esa bruma de suspense el director coloca a Emma y Norman de forma introspectiva. Mientras trazan planes, analizan la situación, y piensan en el futuro, el escenario los rodea proporcionándoles una intimidad peligrosa.

The Promised Neverland
Emma y Norman siempre aparecen lejanos, derrotados ante la naturaleza y la situación a la que se enfrentan.

Los ojos de Isabella siempre están presentes, en ese recinto nunca ha habido espacio para la evasión, y es ahora cuando los niños lo perciben. El episodio mantiene un ritmo lento que engrandece la tensión y hace de cada plano una mirada infinita a lo desconocido; lo que hay más allá del muro, lo que se esconde en los pasillos oscuros de la casa, e incluso los movimientos de los árboles en el bosque. Todo es susceptible de sospecha, y el anime lo sabe transmitir de forma poderosa. Sí, los fondos de Studio Pablo siguen siendo muy cuestionables -en este episodio incluso más-, pero una vez más, la dirección de Kanbe logra compensar la balanza.

CloverWorks saca el máximo rendimiento a los recursos que tiene. Pese a que el episodio se resume a una sucesión continuada de conversaciones, sin transición, sin acción, sin fases narrativas, el estudio lee con precisión la situación. Tanto los diseños de los personajes, como la actuación de los seiyuu es una vez más impecable, pero la verdadera estrella de la semana es la música. Takahiro Obata no solo coloca cada tema adecuado en el momento preciso, sino que logra convertir el suspense del manga en un terror incómodo. Los acordes estridentes tejen todo el episodio de un aura tenebrosa muy efectiva. Un escenario en el que Kanbe no encuentra dificultades para elevar exponencialmente cada emoción.

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El punto de inflexión del episodio es aterrador gracias al tempo y el uso de la música.

La adaptación tiene el potencial para convertirse en uno de los animes del año, pero llega del manga como un diamante en bruto al que hay que sacarle brillo. De momento CloverWorks está consiguiendo cumplir con su misión, mejorando aquello que debe mejorar, y trasladando lo imprescindible. Es, lo que se dice, una adaptación justificada. A lo largo de las próximas semanas deberá seguir demostrándolo. La llegada de la hermana Krone, la perseverancia de Emma, y la creciente sospecha de Isabella serán sus ases a jugar. “The Promised Neverland” no es “Death Note” pero puede llegar a serlo.


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