La enfermedad mental a través de Hellblade: Senua’s Sacrifice

Hellblade: Senua’s Sacrifice

PC PlayStation 4 Xbox One

La enfermedad mental a través de Hellblade: Senua’s Sacrifice

La lucha ardua de Senua contra su enfermedad

La enfermedad mental a través de Hellblade: Senua’s Sacrifice
 
 

El primer paso al empezar Hellblade: Senua’s Sacrifice es el de observar como nuestro personaje, Senua, rema sobre una barca a medida que diferentes reflexiones relacionadas con la historia se van sucediendo. No es un viaje fugaz el que hace nuestra protagonista antes de que nosotros, como jugadores, nos pongamos manos a la obra con su particular historia y su afán por conseguir convencer a los dioses que liberen el alma en pena de una persona muy ligada a ella. A pesar de que ese objetivo ya fuera tomado de una forma parecida por otros títulos como Shadow of the Colossus, en Hellblade: Senua’s Sacrifice lo importante no es el hecho de cómo se va acentuando la historia a medida que avanzamos, sino el qué logra transmitir a través de dos puntos clave para entender el videojuego: el apartado sonoro y la parte más introspectiva o narrativa de la obra.

Volviendo al inicio del título, al jugador le da exactamente igual estar presenciando a Senua remar rumbo a la zona donde se desarrollará el videojuego, porque en ese trayecto es cuando nos damos cuenta de que el sonido en Hellblade: Senua’s Sacrifice es una de las mayores sorpresas que hemos recibido en muchos años en el universo del videojuego.

La razón es simple de entender si se tiene en cuenta que estamos ante una obra que habla de la enfermedad mental, y es que, uno de los aspectos que más entusiasman en la nueva obra de Ninja Theory, es el de ponerte los cascos a un volumen más que decente y escuchar con todo detalle las voces que Senua escucha en su cabeza, con todo lo que eso conlleva en un primer momento: cierto miedo, terror, escalofríos, a las voces que nuestra protagonista siente dentro de ella. El espectacular resultado con el audio binaural consigue algo complicado de lograr; escuchar cómo esas voces dan consejos, ridiculizan a Senua, la instan a tener cuidado en sus enfrentamientos y, en definitiva, vuelven su vida un completo infierno, es cuanto menos un aspecto que a nivel personal, rara vez he podido experimentar de la mano de un videojuego.

Todo esto, asimismo de conseguir un excelente resultado en lo inmersivo, también nos ayuda a comprender perfectamente por lo que pasa una persona que sufre estos trastornos mentales que no se quedan solo en la idea de escuchar voces en su cabeza y explora otros terrenos como las alucinaciones, las alteraciones de la propia realidad tal y como lo perciben las demás personas, o los delirios en su definición más enfocada a la psiquiatría.

A Senua la vamos destripando psicológicamente a medida que avanzamos en el videojuego, y, aunque desde un principio tenemos una ligera sospecha de lo que ocurre con ella, a medida que avanzamos en el progreso narrativo del título, vamos viendo ciertas facetas de ella que en un principio no estaban expuestas e indudablemente nos ayuda a conocerla mejor. Es un personaje que está en constante lucha con su enfermedad, con aquello que la atemoriza constantemente y que inclusive puede llegar a matarla definitivamente si en su lucha— tanto con sus propios demonios como con los que nosotros tenemos que lidiar a golpe de espadazo— acabamos por perecer para siempre. Y para siempre es literalmente lo que significa; la lucha de Senua puede llegar a su fin si, tal y como nos advierten al comienzo del título, morimos un número determinado de veces. Esta suerte de permadeath, que ya explicamos en esta casa, actúa de forma sublime como mecánica dentro del videojuego, pero también es una excelente forma de intentar explicar la lucha de una persona por salir de su pena y, tras un número de intentos no específico, acaba por darlo todo por perdido y la batalla que mantenía consigo misma, con su enfermedad, termina pesando más que las ganas de volverlo a intentar una vez más. Es un aspecto con el que el público y algún que otro crítico no ha terminado de conectar, pero es tan simple de entender una vez conoces de qué va el juego realmente, que se convierte en una mecánica de lo más acertada y desgarradora para un título así.

Hellblade: Senua’s Sacrifice es un título que, más allá de una jugabilidad un tanto plana y hasta en algunos momentos soporífera, logra una grandiosa cantidad de aspectos positivos que merece la pena descubrir por uno mismo. Adentrarte en su propuesta de la mano de un personaje carismático como es Senua, perderte por unos escenarios que guardan diversidad entre sí y sentir una inmersión única gracias a su apartado sonoro, consiguen que en Hellblade: Senua’s Sacrifice sea de los pocos juegos en los que uno se olvida un poco de la jugabilidad y se adentra en un terreno completamente diferente, más introspectivo y llenando al jugador de dilemas, dudas y sobre todo de acertadas reflexiones que se suceden sin descanso durante su corta pero intensísima aventura.

Hay que reconocerle a Ninja Theory su valentía de lanzar un título que no todo el mundo va a comprender, pero que más allá de montar un videojuego dotado de grandes dosis de fantasía, habla de lo humano y de una enfermedad que, bajo ningún concepto, es simple de entender. Ninja Theory pone en Hellblade: Senua’s Sacrifice la excusa de montar un videojuego con luchas de espadas y algún que otro rompecabezas, para remover conciencias sobre una enfermedad que no nos paramos a comprender lo complicada y ardua qué es. Por esa valentía, por lo bien contado e implementado que está, es una de las sorpresas más grandes que nos hemos podido llevar a lo largo de 2017.





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