Crítica de Fullmetal Alchemist: Nina no se merecía esto

Netflix presenta uno de sus peores live-action hasta la fecha con un material que merecía mejor trato

Crítica de Fullmetal Alchemist: Nina no se merecía esto
 

Si a una pizza le quitas el queso, el jamón y el tomate, te queda un trozo de pan. Eso es en esencia lo que ha hecho Warner Bros. y Netflix con su último live-action. Tras el fracaso estrepitoso de “Death Note”, la compañía se proponía a distribuir la adaptación uno de los animes más famosos de la historia, y esta vez parecían haber aprendido de los errores, contando con un reparto compuesto enteramente por japoneses, y lo que parecía un mayor respeto hacia la historia que adaptaba. Los tráileres mostraban un parecido físico de los personajes y del universo donde se ambienta con el material original, que alimentaba la llama de la esperanza. Parecía que por fin nos encontrábamos ante el primer live-action de calidad, pero lo que en realidad se nos presenta, es el ejercicio más vago e insultante de los últimos años. “Fullmetal Alchemist” queda convertido en una amalgama de partes sin sentido que solo buscan el deleite visual, y ni eso consiguen.

Fumihiko Sori era quien firma esta película tras haber dirigido otros trabajos menores y tener una participación memorable en los efectos especiales del “Titanic” de James Cameron. En esta ocasión se presta para la creación de un monstruo que se presenta con un envoltorio reconocible, pero que esconde en su interior algo extraño y anodino. Netflix se lanza de lleno a la explotación del manga creado por Hiromu Arakawa con el propósito de intentar comprimir en poco más de dos horas, la historia que el anime desarrolla en más de 60. Un esfuerzo titánico por mantener la esencia por encima del conjunto, en una producción que se antojaba casi imposible desde su nacimiento. Pero no es solo la forma lo que falla en esta película.

El planteamiento inicial no depara demasiadas novedades o sorpresas. Los hermanos Alphonse (Atom Mizuishi) y Edward Elric (Ryôsuke Yamada) pierden a su madre por una enfermedad cuando solo son unos niños, y a través de la alquimia intentan devolverla a la vida. En el proceso algo saldrá mal, y la transmutación terminará por cobrarse el cuerpo del hermano menor, y la pierna y el brazo de Edward. Este último traspasará el alma de Alphonse a una reconocible armadura, y emprenderá un viaje para intentar recuperar el cuerpo de su hermano, al mismo tiempo que se ve inmerso en una trama de conspiraciones por el poder dentro del ejército, que le enfrentará a su propio destino.

Lo que primero llama la atención en el trabajo que ha llevado a cabo Sori es el respeto visual de todo lo que aparece en pantalla. Tanto los decorados como las vestimentas de los personajes, sus peinados, e incluso personalidades son calcadas a las del anime. El problema es que todo ello está materializado con una factura más que cuestionable. En ningún momento se logra la inmersión que se pretende, y la sensación de estar viendo cosplayers entre montones de cartón piedra es constante a lo largo de toda la película. Bien es cierto que “Fullmetal Alchemist” es su historia y personajes, más que su universo, pero es que ese es principalmente el agujero negro de la adaptación.

No se cuestiona la decisión de seleccionar a un reparto enteramente de japoneses para una obra eminentemente japonesa. Ese debería haber sido el mayor acierto de la película, y sin embargo es su mayor problema. Ni el actor escogido para interpretar a Edward, Roy Mustang ( Dean Fujioka) o Maes Hughes (Ryûta Satô) demuestran el nivel necesario para una producción de este nivel. Todos parecen estar actuando en una película de serie b, y en ciertos momentos llegan a producir vergüenza ajena. Caso aparte es el de Winry Rockbell, personaje famoso por sus salidas de tono y constante alegría, que aquí es encarnado por Tsubasa Honda de manera desagradable. La sobreintrepretación de la actriz es poco menos que molesta, y no queda ni rastro del espíritu y presencia de la afable compañera de camino de los hermanos.

Pero es que si los ‘buenos’ no funcionan, los ‘malos’ lo hacen peor. Los Homúnculos, criaturas que se llevaban todo el protagonismo en el anime original, aquí quedan reducidos a personajes sin ningún tipo de profundidad que lo único que saben es hacer gestos forzados cada vez que aparecen en escena.  El director ha optado por tomar prestada la Familia Addams, para crear un grupo de villanos con estética gótica y cero integración en el conjunto de la película. Envidia (Kanata Hongo) parece encarnar la una líder con aires a Morticia Addams, mientras que Lujuria (Yasuko Matsuyuki) y Gula (Shinji Uchiyama) sirven para algo menos que decorados. Solo nombro a estos tres personajes porque son los únicos que aparecen en la adaptación, evidenciando una falta de respeto hacia una historia que aquí se muestra totalmente reinterpretada al gusto del director.

Si en el “Fullmetal Alchemist” las diferentes tramas daban espacio para ir conociendo a los personajes y sus sentimientos, aquí está todo metido en una batidora, y cercenado por sitios azarosos. Si bien es cierto que no podían dejar fuera el macabro suceso del alquimista Shou Tucker, su hija Nina, y el perro, el resto queda reducido a la nada. De hecho, esta trama se estira durante más de media película, y termina fundiéndose con la historia de los Homúnculos, que a su vez esta explicada de manera sucinta y caótica. No encontraremos ni rastro de Scar, ni viajaremos a Ishval, y tampoco veremos a Hohenheim, el pilar central y pieza fundamental del significado de la obra original. Sí, el villano y a la vez mártir del anime no hace acto de presencia, y es sustituido por una historia más directa que se resume en “coge esto, viaja allí, pelea, y vuelve”.

En cuanto al final no revelaré nada crucial para arruinar la experiencia, pero solo mencionar que poco tiene que ver con lo ya conocido,  que lejos de cerrar toda la historia de manera redonda, deja todas las tramas a medio cocer, y no termina de dar un sentido a la misión principal. La Puerta de la Verdad tiene el honor de aparecer en contadas ocasiones y su única función es deleitar visualmente a los fans más puristas con unos efectos especiales nada sobresalientes pero sí efectistas.

“Fullmetal Alchemist” sigue la sombra del live-action de “Death Note” muy de cerca, y en lugar de corregir lo que ahí fallaba, solo repara en nuevos errores. El único sentido que puede tener este visionado es recordar con nostalgia la aventura que a tantos enamoró hace ya algunos años. El anime de los hermanos Elric es uno de los mejor valorados de toda la historia, y Netflix lo ha retratado en una película que ni siquiera merece el honor de estar en la plataforma. Para todos aquellos que no hayan visto ni leído nada del material original, encontrarán aquí una película de serie b con dos momentos entretenidos, y más de hora y media de diálogos forzados. Para todos los demás esto es un agujero difícil del que escapar. Nina no se merecía esto, y nosotros tampoco.


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