Desde los inicios de la industria, las adversidades siempre han sido parte fundamental del videojuego. Los retos, desafíos, misiones, objetivos y hasta las metas autoimpuestas son motores esenciales para que muchísimas producciones, desde un punto de vista lúdico, se logren desenvolver. Partiendo desde tal punto, los hack ‘n’ slash, con exponentes como Darksiders, Bayonetta, God of War, entre otros, han interpretado dicho aforisma, en muchas ocasiones, a través de las dimensiones: enemigos de proporciones colosales. Ciertamente, las sensaciones que concede el abatir contrincantes que nos quintuplican el tamaño siempre han sido gratas y, cuando haces de ello tu principal mecánica, encontramos Extinction, el nuevo juego de Iron Galaxy Studios que, si bien aún le resta una estimable cantidad de tropos por pulir, sí que presenta una llamativa proposición.
Omitiendo parcialmente su apartado argumental en pos de hacer exégesis de lo primordial, aunque destacando que encarnaremos a Avil, el último de los Centinelas y el encargado de defender el reino de cualquier contingencia, y que nuestro objetivo principal será el de hacer frente a los Ravenii, unos ogros de proporciones bíblicas que amenazan con destruir todo a su paso, nos centramos en el apartado jugable pues es, ante todo, lo que más prima dentro de la propuesta del estudio y, en segunda instancia, es únicamente necesario tildar de interesante vehículo para lo mecánico a la historia que se presenta para explicar que, en síntesis, cumple el rol que se le ha encomendado: concedernos un motivo para matar titánes.
Una vez establecida la efectiva funcionalidad de lo narrativo, definir que en su composición lúdica recae la piedra angular de la obra es imperativo de cara a describir las piezas que lo ensamblan, y es que, desde el primer momento, es imposible no notar cuánto énfasis se ha puesto, especialmente, en los combates contra los gigantes y en la kinestesia: el movimiento como forma de arte interactivo. Sin embargo, además de ser la dupla de aspectos mejor lograda de la producción, existen más adiciones que ayudan a materializar el apartado imperante de la creación; una a la que, si bien le falta pluralizar más sus posibilidades y enfoques, logra divertir y enganchar con suma facilidad.
En Extinction, derribar cíclopes y sus símiles es el deporte rey para nuestro protagonista. Tan sólo haciendo uso de sus vastos conocimientos sobre la raza antagonista, al igual que de sus milenarias habilidades y de su devastadora espada, el Centinela podrá llevar a cabo fluidos cortes que dividirán a los enemigos en fracciones, dejando, incluso, reminiscencias a lo que logró el magnífico Metal Gear Rising: Revengeance, sólo que a una escala más apoteósica. Sin embargo, para equiparar el para nada nimio poderío de nuestros rivales, primero nos veremos en la obligación de enfrentar tareas secundarias en pos de cargar la runa que distingue la espada que nos acompaña, pues ésta conferirá un poder a la hoja que será indispensable para propiciar el golpe final a cada Ravenii.
Es decir, tendremos que cumplir con menesteres como salvar ciudadanos de amenazas menores y combatir con adversarios más exiguos para, paulatinamente, rellenar la barra destacada, no obstante, la principal fuente de energía serán los propios colosos, quienes presentan una serie de armaduras –las cuales varían en estética y en forma de enfrentarlas para destruirlas- cuyo quiebre supondrá una gran carga del medidor, al igual que el desmembramiento de los mismos –se regeneran con el tiempo, aun así-. Es una lástima sin embargo, y he aquí uno de los detrimentos más molestos de la calidad de la obra, que cada desenlace se resuelva mediante el mismo modus operandi, ya que la presencia de equipamientos distintos no modifican la fórmula: recargar la barra arrancando y quebrantando para culminar con el golpe de gracia en la testa.
Aun así, pese a tal polución, Extinction exhibe una fórmula entretenida, y los combates de entremedio funcionan para amenizar la constante exposición a la resaltada ecuación, especialmente por su pertenencia al género hack ‘n’ slash, cuya plena herencia ya de por sí supone satisfactoria diversión sin mucho esfuerzo. Simultáneamente, Iron Galaxy añade el siempre agradable sistema de progresión que, además de premiarnos por un óptimo desarrollo de las misiones, cumpliendo las misiones secundarias y demás, nos permite mejorar los poderes de Avil e, incluso, dotarlo de nuevas capacidades, haciendo que los enfrentamientos evolucionen en complejidad y vistosidad a la par que nuestro héroe.
En muchas ocasiones, el movimiento dentro de los videojuegos es dado por sentado; es fácil pasar desapercibido la importancia que tiene el desplazamiento dentro de las obras. No obstante, juegos como The Legend of Zelda: Breath of the Wild, la saga Far Cry y el desafortunadamente olvidado Prototype conceden una relevancia magna al arte de trasladarse, hecho que el juego que aquí nos reúne emula con un nivel únicamente equiparable con la sencillez y fluidez con la que la figura estelar de esta aventura puede ir de un lugar a otro con suma facilidad y dinamismo.
Siendo más precisos, dispondremos de un gancho que nos permitirá movilizarnos por medio de las múltiples salientes que tanto árboles como edificaciones albergan en los topes de su estructura, llegando así a recorrer largas distancias en fracción de segundos. De igual manera, una vez situados en el aire, contaremos con la habilidad de planear y, asimismo, al momento de aterrizar en cualquier superficie, con tan sólo oprimir el botón de salto, reiniciaremos el veloz viaje mediante un gran impulso que nos dará la oportunidad de enlazar los movimientos. Aunado a ello, lo planteado también será de utilidad en contra de los Ravenii pues, recordemos, son abominaciones de dimensiones exóticas que podremos escalar como si de Shadow of the Colossus se tratase pero que, asimismo, podremos rodear como si fuésemos Spider-Man, haciendo que el movimiento, unido al combate, represente la faceta más espectacular y solaz de toda la maquinación.
Extinction divierte, de eso no hay duda. Iron Galaxy Studios tiene entre manos una muy loable idea, cuyo potencial la podría situar entre lo más memorable de su casta contemporánea. No obstante, al estudio aún le resta continuar labrando un camino más impoluto en el que la monotonía y la falta de variedad sean erradicados en pos de su magnífico planteamiento, su sublime y excepcional sentido de la kinestesia y su sobresaliente apartado artístico, basamentos que, de por sí, ya le permiten adjudicarse la descripción de entretenida y plausible experiencia.
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