Sin hablar de un público mayoritario, y habitando el género del videojuego en esta ocasión, todos nos hemos topado con algunas personas que han comentado para qué sirve un videojuego. Resulta obvio que este tipo de público potencial pueda existir, pues esas personas están encadenadas a un pasado donde los videojuegos no tenían cabida o a lo mejor ni existían. Incluso puede existir aquel público que sí conozca sobre los videojuegos, pero crea que no aportan absolutamente nada a la sociedad. Este no es artículo para hablar de la quinta esencia del videojuego, de los infinitos valores que nos puede aportar un mundo al que, en mayor o menor medida, queremos o apreciamos. Este artículo está dedicado al jugador, a aquella persona que creció jugando a videojuegos y que se enfrentó contra todas esas críticas. Ahora bien, si parte de ese público creció con alguna que otra crítica por ponerse a los mandos de un videojuego, si una persona cualquiera debatió con algún familiar o amigo sobre el respeto que debe tener alguien que juega a videojuegos, ¿por qué existe aún la falta de respeto entre jugadores? ¿Por qué aún seguimos atados a un estilo arcaico de criticar a una persona porque juega un género, un videojuego o defiende a capa y espada un título que a nosotros no nos gusta?
Los videojuegos, como parte de una diversión que es, sirven de la misma manera que puede utilizar el público más generalista el cine o la música. Como signo de entretenimiento que son los videojuegos, el cine o la música, el debate siempre acaba saliendo a la luz. Un ejemplo perfecto es aquel al que en el mundo del videojuego le gustan los títulos con una esencia más enfocada al público llamado casual. Una persona debate con otra acerca de un juego de ámbito futbolístico, y como si fuera un pecado para 
más, en los tiempos que corren no hace falta ni estar cara a cara con una persona para ofrecer debates, o incluso insultos porque a una persona le gusta X juego. Las redes sociales son buen ejemplo del debate sano o de, directamente, el insulto fácil. Todos hemos observado en algún momento que otro como un usuario cualquiera recrimina a otro que le pueda gustar un título cualquiera, incluso lo insulte con ciertos calificativos que no implican nada las normas de convivencia y respeto que deberíamos tener entre los jugadores. El debate está justificado, pero el insulto fácil siempre está fuera de lugar cuando hablamos de los gustos de otras personas. Con debates sociales, siempre infundidos desde un respeto por los gustos de la otra persona, podemos, inclusive, cambiar de gustos porque la otra persona nos ha convencido de las facultades positivas que tiene ese juego. Y esto, por supuesto, también se puede aplicar de forma totalmente contraria.
El público que suele jugar a videojuegos con un ritmo habitual, y siempre hablando desde un punto de vista en el que no pretendo ser generalista, pide con habitual ritmo el respeto a aquellos que nos gusta este modo de entretenimiento. No está fuera de lugar; los videojuegos siguen enganchados por algunos sectores a estigmas que se reducen a violencia, sangre y atontamiento general. Yo pido también el respeto para el mundo de los videojuegos, tú seguro que también, querido lector. Ahora bien, ¿por qué muchos individuos de los que piden respeto, no otorgan el respeto a los gustos de los demás como es por ejemplo en el ámbito futbolístico? ¿Es que acaso son menos personas que nosotros aquellos que siguen un deporte que aquellos que jugamos a videojuegos? Y no tiendo a la exageración cuando
por supuesto también de la forma contraria. Con cierta frecuencia no llegamos a pensar lo que significa un juego como FIFA a una persona, o lo que significa para otra echar unas partidas online a League of Legends, pero es que lo que nosotros no vemos en un título, como opinión propia que tenemos, lo puede ver esa persona que tanto ama a un videojuego cualquiera. Un servidor, en su propio caso, no simpatiza con los juegos online, pero entiende que tenga un público y un mercado que cada día vaya a más. A lo mejor esos mismos jugadores no entienden que mi enfermedad por la saga Souls llegue a altos grados, pero entre nosotros quiero creer que existe algo en común: el respeto por el gusto de cada uno, el respeto por algo a lo que amamos profundamente, el respeto por el videojuego. Todo se resume en gustos, en aquella frase que decían en Platoon, el popular film de Oliver Stone: “los gustos son como los culos, todo el mundo tiene uno”. Lo que a mí me parece infumable a ti te puede parecer maravilloso, y viceversa. Y no ocurre absolutamente nada por eso, menudo aburrimiento sería no poder debatir desde el respeto sin recurrir al insulto fácil.
Por eso este artículo va dedicado a ti, al que dice “¿cómo te puede gustar este videojuego si es malísimo?” y se queda sin argumentar la respuesta. Va dedicado a aquella persona que lo dice con cualquier cosa en su vida diaria. El respeto, y más por los gustos enfocados al ocio, se tiene que tener más en cuenta. Debate si quieres, tírate minutos u horas argumentando tu punto de vista, pero hazlo sin faltar el respeto. No sirve de nada pedir respeto por un ámbito de entretenimiento y luego insultar los gustos de los demás. Es ruin, mezquino y falto de humanidad.
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